Hay una pregunta que todo foodie se hace tarde o temprano: ¿qué platos merecen realmente un viaje? No hablo de una escapada de fin de semana ni del local de moda, sino de esas recetas que cruzan fronteras, resisten siglos y se convierten en pura identidad. La crítica Ligaya Mishan, de The New York Times, ha querido responder a esa pregunta reuniendo en una sola lista los trece platos que, según su criterio, hay que probar al menos una vez en la vida. Y entre tanto manjar internacional, una receta de Barcelona se cuela por la puerta grande.
Quién está detrás de esta selección y por qué importa
Ligaya Mishan no es una recién llegada. Lleva años escribiendo sobre gastronomía en la cabecera neoyorquina y su mirada se aleja del lujo vacío para buscar historias, técnicas y ese punto de conexión con el territorio que convierte un bocado en un recuerdo imborrable. Su lista, publicada recientemente, es un mapa que atraviesa Asia, América, Europa y Oceanía; una guía pensada para entender el mundo a través de la comida, sin concesiones al postureo. Aquí no mandan los platos más caros ni los más virales, sino los que condensan siglos de evolución en cada textura.
Los 13 platos que tienes que apuntar (y uno es de Barcelona)
La selección recorre desde la alta cocina noruega hasta un puesto callejero en Ciudad de México. Hay fermentaciones milenarias, reinterpretaciones históricas y productos humildes transformados en arte. Todos tienen un porqué y, sobre todo, un dónde probarlos en su máxima expresión.
Pizza fritta 'Sensazione di Costiera' de Franco Pepe (Italia)
Un homenaje a la Costiera Amalfitana en forma de masa ligera y frita. Lleva anchoas, tomate, limón y perejil. Mediterráneo puro en las manos de uno de los grandes maestros pizzeros.
Porridge con panna acida y corazón de reno ahumado de Maaemo (Noruega)
Representa la cocina ártica con ingredientes locales y técnicas ancestrales. Es Oslo en estado puro y el frío convertido en sabor.
Tahdig de Noon O Kabab (Estados Unidos)
El arroz dorado y crujiente de la cocina persa brilla en Chicago. Es ese bocado codiciado que todos pelean por raspar del fondo de la cazuela.
Mbongo tchobi de Chishuru (Inglaterra)
Un estofado camerunés que usa corteza quemada en su salsa oscura. Una transformación radical de ingredientes que sorprende por su profundidad.
Taco campechano de Taquería Los Cocuyos (México)
Icono de la cocina popular urbana. Une distintas carnes cocidas lentamente en un solo bocado, el que te hace cerrar los ojos en plena calle de Ciudad de México.
Pescado con cebollino de Old Jesse (China)
Desde Shanghái llega este plato que da todo el protagonismo a los cebollinos y al equilibrio de sabores sencillos. Menos es más, y en la cocina china lo saben bien.
Chwee kueh de Ghim Moh Chwee Kueh (Singapur)
Una tarta de arroz al vapor con condimentos fermentados, símbolo de la comida callejera local. Pequeño, humilde y adictivo.
Mawa cake de Kayani Bakery (India)
Un pastel denso y caramelizado que nace de reducir leche durante horas. Es la joya de la repostería parsi de Pune y un abrazo en forma de dulce.
Limonada salada de Dinh Café (Vietnam)
Una bebida fermentada de limón que baila entre la acidez, el dulzor y la salinidad. Refresca y desconcierta a partes iguales.
Ginisang ampalaya de Tito Rad's Grill (Estados Unidos)
La cocina filipina se asoma en Queens con este plato que combina melón amargo, huevo y tomate. Un contraste que engancha a quien se atreve.
Uni gunkan-maki de Ginza Kyubey (Japón)
Sushi de erizo de mar con arroz y alga, síntesis absoluta del sabor marino nipón. Un bocado que sabe a océano en calma.
Puré de breadfruit con chutney de frutto della passione de Fête (Hawái)
La fruta del pan se reinterpreta con especias y un chutney tropical. Hawái en estado puro, lejos del tópico playero.
Tortilla española con piñones y garum de Dos Pebrots (Barcelona)
Y llegamos al plato español. No es una tortilla cualquiera: la del restaurante barcelonés Dos Pebrots incorpora piñones y garum, una salsa de pescado fermentado que ya usaban los romanos. El resultado es una receta que tiende un puente directo entre la tradición mediterránea y la vanguardia. El garum aporta matices salinos y una profundidad que transforma el plato más familiar en una experiencia nueva. Los piñones suman textura y ese punto de carácter local que redondea la jugada. Para chuparse los dedos.
Esta tortilla es la demostración de que la cocina española sigue reinventándose sin perder sus raíces. Un plato que cualquier persona reconoce de un vistazo se convierte, en manos de este restaurante en en el barrio del Raval, en una parada obligatoria para foodies de medio mundo.
Viajar a través de la comida es la forma más honesta de entender un lugar, y esta lista es el pasaporte perfecto para empezar el recorrido.
Por qué una lista así despierta el apetito viajero
Lo interesante de la selección de Mishan no es solo qué platos aparecen, sino el criterio con el que están escogidos. No encontrarás un ranking numérico ni concesiones al público masivo. Son trece historias comestibles que funcionan como llave de entrada a culturas enteras. La pizza fritta de Franco Pepe, por ejemplo, no es solo masa y aceite: es la Costa Amalfitana en un plato. El tahdig persa de Chicago cuenta más sobre la diáspora iraní que muchos libros de texto. Y el taco campechano de Los Cocuyos es México sin filtros, el que se come de pie y con el jugo resbalando por las manos.
La tortilla de Barcelona, además, demuestra que un plato tan nuestro como este puede seguir dando sorpresas cuando se mira con curiosidad. Dos Pebrots ha rescatado el garum del olvido histórico para demostrar que la fermentación no es una moda pasajera, sino una técnica milenaria que todavía tiene mucho que contar en nuestras cocinas.
🍽️ La ficha foodie
- 🏠 Local / Establecimiento: Dos Pebrots
- 📍 Ubicación: Barcelona, barrio del Raval.
- 🍴 Tipo de comida / Especialidad: Cocina mediterránea con técnicas históricas, tortilla con piñones y garum.
- 💰 Precio medio: Consulta la carta en el propio local para ver el precio actualizado.



