El mayor estudio mundial sobre obesidad, publicado en Nature, confirma que España empieza a perder peso

El estudio más ambicioso jamás realizado sobre la obesidad, con datos de 200 países desde 1980, confirma que España rompe la tendencia global. Los adultos podrían estar bajando de peso por primera vez en cuatro décadas.

La obesidad ya no avanza en España al ritmo que lo hacía hace veinte años, y eso es una noticia que muy pocos países del mundo pueden compartir hoy. Así lo confirma el análisis más completo jamás realizado sobre esta enfermedad, publicado en la revista Nature, que ha estudiado datos de 232 millones de personas en 200 países entre 1980 y 2024.

El trabajo, liderado por el Imperial College de Londres a través de la red NCD Risk Factor Collaboration, con cerca de 2.000 científicos implicados, deja un mensaje claro: la idea de una única "epidemia global" de obesidad ya no se sostiene. Hay países que frenan, y España está entre ellos.

Lo que dice el estudio sobre la obesidad en España

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Según los datos analizados, el aumento de la obesidad en España se ha estabilizado tanto en hombres como en mujeres y en todos los grupos de edad. Es un giro significativo si se compara con la escalada que vivió el país entre finales del siglo XX y la primera década de los 2000.

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Lo más llamativo llega en la población adulta: los investigadores apuntan que la prevalencia podría estar empezando a descender, algo que solo ocurre en un puñado de naciones de renta alta. Francia es el otro ejemplo que los autores citan expresamente junto a España.

Un fenómeno que no es uniforme ni sencillo de explicar

La ciencia lleva tiempo tratando de entender los mecanismos que llevan al cuerpo a acumular grasa, desde la genética hasta la forma en que el cerebro anticipa la comida. La Obesidad se define médicamente como una acumulación excesiva de tejido adiposo que pone en riesgo la salud, y suele medirse mediante el índice de masa corporal (IMC).

Los propios autores del estudio son cautos: no se puede atribuir el freno a una sola causa. Hablan de una posible combinación entre dieta mediterránea, cultura nutricional, hábitos de vida activos y mayor conciencia sanitaria, aunque insisten en que los datos disponibles no permiten hablar de causalidad directa.

Los niños y niñas, la asignatura pendiente

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Aquí está el matiz que conviene no perder de vista: aunque el ascenso se ha frenado, las tasas de obesidad infantil en España siguen siendo más altas que en países de nuestro entorno. El estudio sitúa la prevalencia en torno al 10% en niñas y al 14% en niños, cifras que superan a otras naciones europeas que también han logrado estabilizarse.

Esto significa que la buena noticia en adultos convive con un problema que sigue exigiendo atención específica. Los investigadores de la Universidad de Granada, coautores del trabajo, recuerdan que los niveles siguen siendo elevados, pese a la mejora en la tendencia.

Qué factores explican el freno español

Los expertos consultados por el Science Media Centre destacan varios elementos que podrían estar detrás de este cambio de rumbo en la población adulta:

  • Persistencia parcial de la dieta mediterránea, aunque erosionada respecto a décadas anteriores
  • Mayor conciencia sanitaria sobre los riesgos asociados al exceso de peso
  • Cambios generacionales en hábitos alimentarios y de actividad física
  • Políticas públicas sostenidas, como los impuestos al azúcar en algunas comunidades

Ninguno de estos factores actúa en solitario, y los propios científicos remarcan que la mejora no llega igual a todos los grupos sociales. Las personas con menor nivel de renta y educación siguen registrando las tasas más altas, lo que obliga a mantener políticas específicas dirigidas a esa población.

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Una desigualdad global que crece mientras España mejora

Mientras el escenario español da motivos para el optimismo, el estudio dibuja un mundo profundamente desigual. La obesidad sigue disparándose en países de ingresos bajos y medios, especialmente en América Latina, África y Asia, donde algunas naciones ya alcanzan prevalencias de entre el 30% y el 40% en adultos.

Esta divergencia cuestiona el término "globesity" que se popularizó hace años. Ya no hablamos de una sola crisis mundial, sino de trayectorias completamente distintas según el nivel de desarrollo, las políticas alimentarias y el acceso a sistemas de salud de cada país.

Qué cabe esperar a partir de ahora

El mensaje de fondo del estudio es optimista pero realista: frenar no es lo mismo que resolver. España ha demostrado que es posible invertir una tendencia que parecía imparable, pero los propios investigadores advierten contra la complacencia, ya que los niveles generales de obesidad siguen siendo altos.

La recomendación de los expertos apunta en una dirección clara: mantener y reforzar las políticas de salud pública que ya han empezado a dar resultado, con especial atención a la infancia y a los colectivos más vulnerables. Si algo demuestra este estudio es que los cambios de tendencia son posibles, aunque lentos y desiguales, cuando se sostienen en el tiempo.