Mientras el asfalto madrileño acumula calor y las temperaturas superan con frecuencia los 38 grados, más de 700.000 vecinos de cinco distritos del centro y el este de la ciudad —Centro, Retiro, Salamanca, Chamberí y Chamartín— no tienen a su disposición una sola piscina municipal de verano. Un año más, y abierta ya la temporada de baño, estos distritos siguen sin disponer de una sola de estas instalaciones.
Esto afecta a un número de habitantes que representa el 20,4 % de la población de la capital, un volumen equiparable al de ciudades como Zaragoza o Sevilla.
Pero el problema va más allá de unos pocos barrios sin agua. Madrid, con 3,5 millones de habitantes, ocupa el penúltimo lugar en España en la oferta de piscinas municipales de verano por habitante, solo por delante de Sevilla, que apenas dispone de cuatro instalaciones públicas.
En el verano de 2026, la ciudad cuenta con 25 piscinas municipales al aire libre. Son las mismas que en años anteriores, con pequeños matices, y no dan abasto. Según un informe de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) y la Plataforma por la Remunicipalización, Madrid presenta una de las ratios más bajas de España: solo existe una piscina por cada 145.000 habitantes. Con apenas 24 o 25 recintos previstos, los colectivos aseguran que solo el 1 % de los madrileños puede acceder a una plaza en un día de funcionamiento, lo que genera una "lucha dramática" por conseguir entradas digitales.

El contraste con otras ciudades es demoledor. Zaragoza cuenta con 22 piscinas municipales de verano distribuidas por sus distritos y barrios rurales, lo que la convierte, con mucha diferencia, en la gran ciudad española con mayor número de instalaciones por habitante. Madrid tiene 25, Barcelona 14, Valencia 8, Sevilla 4, Málaga 5 y Bilbao 3. En todas ellas, el ratio supera ampliamente la cifra de una piscina municipal por cada 100.000 habitantes, mientras que en Zaragoza es de una por cada 32.000.
Para que la comparación sea más visual, una ciudad aragonesa de 700.000 habitantes ofrece prácticamente la misma cantidad de piscinas que la capital de España, que multiplica por cinco esa población. Si Madrid tuviese la misma proporción que Zaragoza, necesitaría más de 100 instalaciones. Incluso con los estándares de Barcelona, donde la ratio es de aproximadamente una piscina por cada 120.000 habitantes, Madrid debería doblar su oferta actual.
La situación es, en palabras de los propios vecinos, "ridícula". La única solución para revertirlo es construir más, y de hecho el coste de cada piscina se sitúa entre 8 y 12 millones de euros, una inversión menor que la de otros muchos proyectos, lo que permitiría construir dos nuevas al año.
El secarral de la piscina municipal de Hortaleza
Además del problema de oferta, hay un caso que simboliza la gestión de las piscinas municipales en Madrid. Hablamos del del Centro Deportivo Municipal Luis Aragonés, en el barrio de Villa Rosa, en el distrito de Hortaleza. Las piscinas del Centro Deportivo Municipal Luis Aragonés han reabierto al público tras dos veranos cerradas por obras y una inversión de 4,4 millones de euros, pero lo han hecho en condiciones que han generado fuertes críticas por parte del vecindario. Gran parte del recinto estaba precintado, el césped no había arraigado, y elementos como rampas y bordes nuevos presentaban problemas de seguridad.
Lo que más indignó a los vecinos no fue solo la reapertura tardía —un mes después que el resto de piscinas de la ciudad— sino el estado en el que se encontraban las zonas verdes que rodeaban los vasos. "Nos parece inadmisible que, después de tanto tiempo cerradas por obras, las piscinas del Luis Aragonés hayan reabierto incluso con zanjas abiertas en las zonas del césped, que está sequísimo en toda su extensión a pesar de las lluvias de esta primavera, algo incomprensible", denunciaba la Coordinadora de Entidades de Hortaleza.
Una reforma de más de cuatro millones de euros que dejó, durante un verano entero, un secarral de tierra sin vegetación en lugar de las zonas verdes prometidas. En el caso de las piscinas del polideportivo Luis Aragonés, el Ayuntamiento decidió el año anterior emprender las obras justo en verano, por lo que estuvieron cerradas durante la temporada de baño de 2024. Pero dos años antes, en 2022, ya ocurrió lo mismo cuando el Consistorio decidió ponerse a reparar los daños que la borrasca Filomena había causado en los vestuarios de las instalaciones, 18 meses después de producirse los desperfectos. Es decir, el mismo distrito encadenó varios veranos consecutivos con sus piscinas fuera de servicio o en condiciones cuestionables, mientras la población —más de 200.000 habitantes, con solo dos instalaciones al aire libre disponibles— se apañaba como podía.
Antes de la pandemia, allí se daban un chapuzón más de 100.000 personas cada verano. Una cifra que no se alcanzaría con el recinto con el aforo reducido y las incidencias acumuladas.
Madrid no construye: treinta años sin apenas piscinas nuevas
Pero el problema general es de planificación a largo plazo. Si la fecha de apertura de la piscina de Retiro no se demora demasiado, será la tercera instalación de verano que el Consistorio construye en tres décadas. Las dos anteriores, de baja capacidad, son la del Paseo de la Dirección (Tetuán) y la de la calle Mistral (Barajas), que fueron inauguradas en agosto de 2024.
Tres décadas. Treinta años en los que Madrid ha crecido, se ha calentado y ha visto cómo sus veranos se vuelven cada vez más extremos, sin que el número de piscinas municipales se haya movido de manera significativa. La plataforma y la FRAVM advierten que los veranos en Madrid son cada vez más extremos: en 2025 hubo 33 días en alerta roja por calor. Ante este escenario, las piscinas municipales suponen un refugio climático clave, más aún teniendo en cuenta que el 30 % de sus habitantes no sale de la capital en todo el verano.

Y es que no hace falta decir que el calor extremo ha dejado de ser una anomalía para convertirse en la norma del verano madrileño. Las piscinas no son un lujo... son infraestructura de salud pública. Y en ese terreno, Madrid lleva décadas acumulando un déficit que ningún gobierno municipal —de ningún signo— ha querido afrontar con la determinación que el problema exige.
La FRAVM reclama la construcción de, al menos, cinco piscinas municipales nuevas en los dos próximos años, dando prioridad a los distritos que no tienen ninguna instalación en la actualidad, y pide dar prioridad al entorno natural de las piscinas: césped natural, árboles y sombras, frente a elementos artificiales.




