Científicos españoles hallan un 'ecosistema extraterrestre' a 8.000 metros de profundidad bajo el océano Pacífico

La vida no necesita luz. Tampoco necesita metano. Lo que un grupo de científicos españoles acaba de publicar en Nature Communications cambia radicalmente lo que la ciencia pensaba saber sobre los ecosistemas capaces de existir en la Tierra. A más de 8.000 metros bajo el océano Pacífico, en uno de los rincones más inhóspitos del planeta, hay microorganismos vivos que llevan millones de años alimentándose de gases de azufre en la oscuridad total.

El ecosistema localizado en la fosa de Atacama —frente a las costas de Chile, donde la presión supera las 800 atmósferas y nunca llega un fotón de luz solar— no encaja en ninguna categoría conocida hasta ahora. No hay metano, no hay luz, no hay carbono orgánico como motor principal. Solo azufre. Y aun así, la vida prospera.

El ecosistema que desafía al azufre como límite biológico

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La expedición que hizo posible el descubrimiento se llamó Living Fossils of the Atacama Trench y formó parte del programa 2024 del Schmidt Ocean Institute. La lideró el investigador Armando Azúa-Bustos, del Centro de Astrobiología (CAB), organismo mixto del CSIC y el INTA, con un equipo multidisciplinar de biólogos, geólogos y microbiólogos españoles. Su objetivo inicial era localizar nuevas emanaciones de fluidos en el fondo marino, las llamadas cold seeps: zonas donde gases y líquidos emergen desde el subsuelo oceánico.

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Lo que encontraron superó cualquier previsión. Los sedimentos inusualmente oscuros que aparecieron en las muestras albergaban un ecosistema completamente distinto a cualquier otro documentado: moluscos simbióticos que se alimentan de bacterias, biopelículas de microorganismos oxidadores de azufre en la superficie y, en el subsuelo, colonias activas de bacterias reductoras de sulfato. Todo ello a una profundidad donde la vida, en teoría, no debería poder sostenerse.

El papel del azufre en este ecosistema único

El elemento que lo explica todo es el azufre y su peculiar ciclo biogeoquímico. El azufre es conocido desde la Antigüedad, pero que pueda sostener por sí solo una cadena de vida compleja en el fondo del mar es algo que la comunidad científica no había documentado de esta forma. La fosa de Atacama se ubica en una zona de subducción donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana, generando fracturas que liberan fluidos ricos en compuestos sulfurosos.

Esos gases ascienden lentamente y alimentan a los microorganismos. Miguel Arribas Tiemblo, autor principal del estudio e investigador del CAB, explica que la superficie de la emanación está dominada por organismos que oxidan azufre mientras el subsuelo alberga bacterias reductoras de sulfato, una combinación que mantiene un ciclo muy activo sin necesidad de carbono ni de luz.

Nuevos hallazgos en las profundidades de Atacama

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Lo que hace a este ecosistema especialmente relevante es su singularidad química. En la mayoría de los sistemas similares conocidos, el metano actúa como base energética para las comunidades microbianas. Aquí prácticamente no existe. El azufre lo sustituye como motor del ecosistema completo, algo que los propios autores del estudio describen como inédito a esta profundidad en la fosa de Atacama.

Los análisis mineralógicos refuerzan esta imagen. Los investigadores identificaron diversas formas cristalinas de pirita en los sedimentos, incluyendo cristales de gran tamaño, lo que indica que los procesos biogeoquímicos llevan operando en este ecosistema durante periodos de tiempo geológicamente significativos. No se trata de una anomalía reciente, sino de un sistema antiguo y estable que hasta ahora había permanecido invisible.

Qué implica este hallazgo para la ciencia

Una nueva definición de los límites de la vida

El descubrimiento amplía de forma concreta el concepto de habitabilidad. Si un ecosistema complejo puede funcionar sin luz, sin metano y a 800 atmósferas de presión, los científicos deben revisar los criterios con los que evalúan si un entorno planetario puede albergar vida. La fosa de Atacama se convierte así en un laboratorio natural para estudiar formas de vida que antes solo se consideraban teóricas.

La conexión con la búsqueda de vida extraterrestre

El CAB es el mismo centro que trabaja para la NASA en la búsqueda de vida fuera de la Tierra, y la conexión no es casual. Lunas como Europa —satélite de Júpiter— o Encélado —de Saturno— tienen océanos bajo capas de hielo, sin luz solar directa y con actividad geológica que podría liberar compuestos de azufre. Lo que se ha encontrado en la fosa de Atacama es, en esencia, el tipo de ecosistema que los astrobiólogos llevan décadas buscando fuera del sistema solar.

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Qué factores hacen tan extraordinario este ecosistema

Este ecosistema profundo reúne características que, individualmente, ya serían notables. En conjunto, resultan excepcionales:

  • Ausencia total de luz solar a más de 8.000 metros de profundidad, sin fotosíntesis posible.
  • Sin metano como fuente de energía, lo que lo diferencia de casi todos los ecosistemas similares conocidos.
  • Presiones de 800 atmósferas que aplastarían cualquier organismo no adaptado específicamente a ese entorno.
  • Ciclo del azufre activo y autosuficiente, con microorganismos oxidadores y reductores que se complementan en capas.

El futuro de la investigación en las profundidades oceánicas

La publicación del estudio en Nature Communications ha abierto una línea de investigación que promete seguir dando resultados en los próximos años. El equipo del CAB ya trabaja en el análisis genético profundo de las comunidades microbianas para determinar cuánto tiempo llevan aisladas y si han desarrollado mecanismos moleculares únicos. El ecosistema de la fosa de Atacama podría revelar adaptaciones biológicas desconocidas que la ciencia ni siquiera ha podido plantear como hipótesis hasta ahora.

Para España, el hallazgo supone también un reconocimiento internacional de la capacidad investigadora del CSIC en astrobiología y oceanografía extrema. En un momento en que la exploración del océano profundo está recibiendo más financiación que nunca, los científicos españoles han demostrado que el siguiente gran descubrimiento sobre los límites de la vida no tiene por qué estar en el espacio: puede estar a 8.000 metros bajo el Pacífico.