Elisa Mouliaá rompe su silencio en los juzgados tras la orden de detención: "No quise calumniar a Errejón"

La actriz se presentó voluntariamente esta mañana tras tres incomparecencias y una orden de detención. Alega que solo lanzó dos tuits en un momento de confusión y que nunca quiso calumniar al exportavoz de Sumar.

Elisa Mouliaá llegó a las 10:30 de la mañana con la lección aprendida y sin ganas de más líos. Después de tres citas ignoradas y una orden de detención dictada la semana pasada, se presentó 'voluntariamente', aunque eso le obligó a cancelar un contrato profesional fuera del país. En apenas unos minutos ante el juez Arturo Zamarriego, soltó la frase clave: 'No quise calumniar a Íñigo Errejón'.

La actriz, visiblemente afectada pero con las ideas muy claras, reconoció que pudo haberse confundido cuando publicó dos tuits en los que aseguraba que Errejón había amañado la declaración de dos testigos en la causa por presunta agresión sexual que ella misma inició contra el político. 'Vi un vídeo de un testigo diciendo que había estado hablando con Errejón y que le había preguntado cuál era el plan', explicó. Y luego asumió el error: 'En ese momento pensaba que fue así, pero me pude haber equivocado'.

El magistrado había tirado de paciencia tras tres plantones: las dos primeras citaciones las esquivó alegando una baja médica; la tercera, un viaje de trabajo. El juez no se tragó el calendario y ordenó su detención. Mouliaá ha calificado el trato de 'absolutamente desproporcionado' y ha insistido en que nunca ha querido obstruir la justicia. 'Esta querella es por poner dos tuits, por contar lo que yo creía en ese momento', se defendió.

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El límite entre la opinión en redes y la calumnia judicial es tan fino como la pantalla de un móvil.

De una denuncia por agresión sexual a una guerra judicial de ida y vuelta

Para entender el lío hay que retroceder hasta la denuncia que Mouliaá presentó contra Errejón por una presunta agresión sexual. Él dimitió de su cargo en Sumar antes de que ella hablara públicamente del caso, acorralado ya por otras denuncias previas. Pero el culebrón dio un giro cuando la actriz lanzó esos dos tuits que ahora la sientan en el banquillo: acusaba al exlíder de haber amañado a testigos, de manipular la causa que ella misma había iniciado.

Ella sostiene que solo intentaba proteger a otras mujeres y que todo lo que ha hecho ha sido 'por deber moral'. Pero la justicia no distingue entre intenciones puras y las palabras vertidas en redes sociales cuando cruzan la línea de la calumnia. El resultado es un proceso que parece más propio de un guion de serie que de una sobremesa de los miércoles.

¿Persecución o justicia? El dilema crónico de las celebrities en el banquillo

Mouliaá ha dejado caer la palabra 'persecución' y ha vinculado su calvario con el hecho de haber denunciado 'a una persona con poder'. La mayoría de los testigos dice que ella siempre ha sido coherente, pero el sistema tiene sus mecanismos: si un juez cita tres veces y no vas, ordena tu detención. Es casi matemático, sin importar si eres actriz, político o fontanero.

El caso recuerda a otros fuegos cruzados entre famosos y justicia —como la batalla mediática de Amber Heard y Johnny Depp— donde las redes amplifican cada gesto y cada tuit se convierte en prueba. La diferencia aquí es que la acusada no es una estrella internacional, sino una actriz española que se ha plantado en un juzgado de barrio con la verdad por delante, al menos según su versión. Lo que pase a partir de ahora, si el juez archiva o sigue adelante, determinará si esas dos frases en X fueron un exabrupto o el principio de otro capítulo judicial.

El chisme en 3 claves (TL;DR)

  • 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Elisa Mouliaá, actriz, e Íñigo Errejón, exportavoz de Sumar.
  • 🔥 ¿Cuál es el drama? Ella está investigada por calumnias tras acusarlo de amañar testigos en su propia causa por agresión sexual, y hoy ha declarado ante el juez por primera vez tras una orden de detención.
  • 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Porque el choque entre una celebrity y un político caído, con detención incluida, es el cóctel perfecto para que las redes no suelten el tema en días.