Santo Tomás Moro, santoral del 22 de junio

Un canciller del rey de Inglaterra que eligió el cadalso antes que traicionar su conciencia. Hoy, 22 de junio, la Iglesia celebra a Santo Tomás Moro, patrono de políticos y gobernantes, cuya historia sigue resultando incómodamente actual.

El hombre que escribió sobre una sociedad perfecta fue decapitado por un rey que no quería serlo. Santo Tomás Moro murió el 6 de julio de 1535 con una frase en los labios que resume toda su vida: "Muero siendo un buen servidor del rey, pero de Dios primero". Su fiesta en el santoral católico se celebra cada 22 de junio, y la historia que hay detrás merece conocerse más allá del calendario.

Hoy se celebra también a su amigo y compañero de celda San Juan Fisher, el único obispo inglés que se negó a avalar el cisma de Enrique VIII. Dos hombres, la misma convicción, el mismo destino. No es casualidad que la Iglesia los recuerde juntos.

Quién fue Santo Tomás Moro: canciller, humanista y mártir

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Santo Tomás Moro nació en Londres el 7 de febrero de 1478 en el seno de una familia de juristas. Estudió en Oxford, ingresó en el colegio de abogados en 1501 y construyó una carrera brillante que lo llevó al Parlamento inglés y, en 1529, al cargo más alto de la administración real: lord canciller de Enrique VIII. Era el primer laico en ocupar ese puesto en mucho tiempo.

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Lo que hacía singular a Santo Tomás Moro no era solo su talento —era poeta, teólogo, traductor, humanista— sino su coherencia. Cuando el rey le exigió que avalara su divorcio de Catalina de Aragón y se proclamara cabeza de la Iglesia de Inglaterra, Moro guardó silencio. Un silencio que en aquel contexto equivalía a una condena.

Santo Tomás Moro y la Utopía que lo hizo inmortal

Santo Tomás Moro escribió su obra más célebre en 1516, durante una misión diplomática en Flandes. En Utopía imaginó una isla donde las autoridades eran elegidas por votación popular, la jornada laboral no superaba las seis horas y la propiedad era común. Un libro que sonaba a fantasía renacentista y que cinco siglos después sigue describiendo aspiraciones que aún no hemos alcanzado.

La Utopía no era un ejercicio de ingenuidad: era una crítica feroz a la sociedad de su época, envuelta en la forma de un relato de viajes. Moro sabía perfectamente que el lector de 1516 entendería el mensaje entre líneas. Santo Tomás Moro era, ante todo, un escritor con oficio político, y ese oficio le costó la vida.

La traición del rey que fue su amigo

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Enrique VIII y Santo Tomás Moro compartieron durante años una amistad genuina, forjada en el amor a las humanidades. El rey llegó a pasear del brazo con él por el jardín de Chelsea. Pero cuando el poder se sintió amenazado por la conciencia de un hombre, la amistad desapareció. Moro fue encarcelado en la Torre de Londres en 1534, acusado de alta traición por negarse a prestar el juramento que reconocía al rey como jefe de la Iglesia.

Ni el papa ni el emperador Carlos V —que era sobrino de Catalina de Aragón— lograron que la condena a muerte fuera conmutada. Santo Tomás Moro fue ejecutado por decapitación en Tyburn el 6 de julio de 1535. Era el precio de no doblar la rodilla.

Por qué el 22 de junio y no otra fecha

La canonización que tardó cuatro siglos

Santo Tomás Moro fue beatificado en 1886 por León XIII, en un proceso conjunto con más de cincuenta mártires ingleses. Tuvo que esperar hasta 1935 —exactamente cuatro siglos después de su muerte— para ser canonizado por Pío XI. El retraso no habla de olvido, sino de la complejidad política de rehabilitar a alguien que murió enfrentado a la corona inglesa.

Patrono de gobernantes por Juan Pablo II

En el año 2000, San Juan Pablo II declaró a Santo Tomás Moro patrono de los gobernantes y los políticos. La fecha elegida para su festividad, el 22 de junio, coincide con el martirio de su amigo San Juan Fisher, que fue decapitado dos semanas antes que él. Compartir fecha en el santoral es una forma de que la historia no los separe.

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Lo que la Utopía de Moro dejó en herencia

Pocos libros han viajado tan lejos desde su época. La Utopía fue reivindicada por Karl Marx, elogiada por Fernando Savater en su prólogo a la edición española de Espasa, y colocada por Lenin en la Estela de la Libertad de Moscú junto a los pensadores que "promovieron la liberación de la humanidad". Una sátira cristiana del Renacimiento convertida en referencia del pensamiento político universal.

Santo Tomás Moro no habría reconocido muchas de esas lecturas, pero sí la pregunta que las atraviesa a todas: ¿puede una comunidad funcionar bien si quienes la gobiernan no rinden cuentas a ninguna ética? Esa pregunta, planteada en 1516, sigue sin tener respuesta definitiva.

Santo Tomás Moro en 2026: vigencia de un mártir incómodo

Santo Tomás Moro resulta más difícil de encasillar cuanto más se lo conoce. No es solo un mártir católico: es un intelectual que usó la ficción para decir verdades que no podía decir de frente, un funcionario que se negó a convertir la lealtad política en una religión sustituta. En una época en que la coherencia pública escasea, su historia tiene algo de espejo incómodo.

La Utopía lleva más de cinco siglos circulando en ediciones de todo el mundo porque toca algo que no envejece: el deseo humano de que las cosas puedan organizarse mejor. Que ese deseo lo formulara alguien que luego subió al cadalso antes que ceder le da una autoridad que ningún cargo puede conceder. Santo Tomás Moro no necesita actualización: basta con leerlo.