Villaricos: la playa tranquila en Almería donde encuentras mesa frente al mar sin reservar

Esta pedanía de Cuevas del Almanzora esconde un legado fenicio bajo la arena oscura y chiringuitos donde aún se come de maravilla sin reservar. A un paso de Mojácar y Cabo de Gata, pero con la calma de un secreto bien guardado.

Reconócelo, a ti también te da pereza pensar en agosto y en las playas llenas de toallas. Yo he descubierto un sitio donde el Mediterráneo aún suena como antes y puedes sentarte a comer con los pies en la arena sin haber llamado con un mes de antelación. Se llama Villaricos y está en Almería, a un paso de Mojácar pero a años luz del bullicio.

Es una pedanía de Cuevas del Almanzora, con un puñado de vecinos que se conocen de toda la vida y un ritmo que invita a olvidarse del reloj. Aquí no hay hoteles enormes ni paseos marítimos kilométricos: lo que manda es el runrún de los barcos pesqueros, un castillo del siglo XVIII que vigila la costa y un legado fenicio que te deja con la boca abierta.

Lo que hace especial a Villaricos (y no tiene nada que ver con las modas)

Lo primero que notas al llegar es la luz sobre el agua turbia de historia. Dos pequeños puertos, uno pesquero y otro deportivo, abrazan un paseo cortito desde el que ves las barcas faenar como si el tiempo se hubiera congelado. El Castillo de Villaricos, una fortificación de Carlos III restaurada en los noventa, es hoy oficina de turismo y mirador privilegiado. Pero el verdadero tesoro está bajo tierra.

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Aquí mismo, hace más de 2.500 años, se alzó Baria, una de las ciudades fenicias más importantes del sur peninsular. Su necrópolis, con galerías excavadas en la roca, es uno de los conjuntos arqueológicos más relevantes para entender la presencia fenicia en el Mediterráneo. Y a eso se suman restos romanos de factorías de salazón y las huellas de un siglo XIX minero que tiñó la costa de una arena oscura y gravas volcánicas únicas en la zona.

La playa donde el agua parece un cristal (y no hay que pelear por un hueco)

Si buscas arena dorada típica de postal, quizá Villaricos no sea tu destino. Aquí mandan los tonos oscuros, herencia de las minas de plomo y hierro de Sierra Almagrera. Pero a cambio tienes la playa de los Dolores, junto al castillo, o la Cala Verde, una franja de grava donde el agua es tan transparente que ves el fondo sin esfuerzo. Y para paseos largos, el Playazo de Villaricos te regala amplitud incluso en pleno agosto.

La sensación de espacio es real: no hay aglomeraciones ni colas para entrar al agua. Es uno de esos sitios donde todavía puedes elegir la toalla a tu gusto, algo que en la costa almeriense parece cada vez más un milagro.

Un lugar donde el Mediterráneo conserva su pulso antiguo y la arena oscura cuenta milenios de historia.

Comer de maravilla sin reservar (y sin dejarte el sueldo)

Otro puntazo de Villaricos es su oferta gastronómica. Frente al puerto, La Balsica sirve pescados, arroces y mariscos frescos que te recuerdan por qué la cocina almeriense es tan querida. Don Tadeo, un clásico con el sello de la Guía Repsol, es famoso por sus arroces y platos de la lonja. Y para algo más informal, el Chiringuito Cala Siret te pone tapas y raciones con vistas al mar. Si prefieres tapeo de barra de toda la vida, Bar Galeón es una parada obligatoria.

La clave está en que ninguno de estos sitios te pide llamar con semanas de antelación. Llegas, pides mesa y te sientas a disfrutar sin prisas. Eso, en pleno Levante almeriense, es un chollo.

Aquí todavía es posible llegar al chiringuito en agosto y sentarte frente al mar sin haber planeado nada.

Un rincón con encanto propio que no necesita filtros

Lo que hace grande a Villaricos es precisamente lo que le falta: colas, influencers, exceso de cemento. Alrededor, Sierra Almagrera ofrece senderos mineros con vistas brutales al Mediterráneo, y hacia el sur tienes las playas de Palomares y Vera si te apetece alternar la calma con algo más animado. Y si coincide en domingo, el mercadillo local sigue reuniendo a vecinos y visitantes con ese aire genuino de pueblo costero que en otros lugares hace años que desapareció.

Quizá Villaricos no salga en las listas de los pueblos más bonitos ni en los feeds de Instagram. Pero no le hace falta. Tiene la honestidad de un sitio que guarda milenios de historia bajo el suelo y te permite escapar del ruido con muy poco.

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🧠 Para soltarlo en la cena

En Villaricos, bajo la arena oscura, duerme una ciudad fenicia de 2.500 años.