El partido que sostiene a Yolanda Díaz en el Gobierno arde por dentro. Dos bandos, una pelea descarnada y un nombre que surge como el tejido que puede evitar el descosido total: Rosa Martínez, la secretaria de Estado ecologista que ahora perfila el consenso. Así se ha llegado a este punto de ebullición en Movimiento Sumar, justo cuando más necesitan un frente unido.
Indignómetro
Nivel de impacto social: 9/10. La crisis no solo toca a unos miles de militantes: pone en jaque la estabilidad del socio minoritario del Gobierno a las puertas de unas negociaciones electorales que definirán el espacio a la izquierda del PSOE.
Qué ha volado por los aires en Sumar
La tormenta se desató con la dimisión de dos secretarios: Laura Moreno (Organización) y David Comas (Comunicación). La carta que Moreno envió a los órganos internos fue una bomba neutrónica que ventiló seis expedientes internos por presunto maltrato laboral contra la coordinadora general Lara Hernández. La acusaban de mentiras e ineptitudes, y los expedientes, según la misiva, afectan a dos secretarios y a cuatro empleados del partido. Hernández niega todo, tilda la maniobra de “caza de brujas” y asegura que el tiempo le dará la razón.
El foco de la disputa tiene otra figura clave: la portavoz parlamentaria Verónica Barbero. Ambas, Hernández y Barbero, fueron elegidas a dedo por Yolanda Díaz, pero ahora representan polos opuestos. Los defensores de Hernández admiten que los malos tratos pueden haber existido, pero creen que se sobreactúa para usarla como chivo expiatorio y quedarse con la marca electoral. “Tiene las formas y el trato típicos de la Juventud Comunista”, ironizaba un miembro del partido, mientras los diputados afines esquivaban a la prensa en el Congreso.
Quién cose y quién desgarra
El mediador natural ha sido otro exerrejonista: el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Pacientemente ha ido hilando un nombre que ya sonó en febrero: Rosa Martínez. La solución de consenso no solo calma aguas: a Urtasun le conviene que Sumar sobreviva porque, sin un partido con implantación en Madrid, su posible candidatura a la presidencia se diluye. Y Martínez reúne los equilibrios: ecologista, exmilitante de Equo, secretaria de Estado de Derechos Sociales y recuperada por el ministro Pablo Bustinduy.
Martínez es de Bilbao y arrastra un historial de tensión con Podemos desde que Juantxo López de Uralde abandonara Equo. Pero hoy es la pieza que encaja entre los dos bandos. Los estatutos obligan a tener dos coordinadores, y la fórmula que se trabaja es que ella lidere junto a Barbero, defensora de desplegar el partido por el territorio —frente a la postura más centralista atribuida a Hernández—.
La batalla territorial que explica el ruido
El choque territorial no es menor: mientras Barbero quiere implantar el partido fuera de Madrid —inspirándose en su experiencia en Galicia—, los críticos de Hernández denuncian que se ha frenado adrede la expansión. “Comparten la postura errejonista de que no hace falta trabajo en el territorio; solo un líder, medios y redes”, critica un dirigente intermedio. Esa pugna se resolverá en las primarias del 11 de julio, que votarán los afiliados de cuota. Y sobrevuela un dato incómodo: formar parte de la ejecutiva sin escaño reporta 50.000 euros al año, y el sector contrario a Hernández considera un despropósito garantizar ese ingreso a una dirigente con seis expedientes de maltrato abiertos.
Barbero, por su parte, quiere coliderar y ya ha decidido que no será candidata por Madrid: si compite, lo hará por A Coruña. Este movimiento es relevante porque en la negociación de la coalición “Un Paso al Frente” los puestos de salida en Madrid obligan a tres mujeres: Más Madrid solo ha propuesto a una.
La solución Martínez-Barbero pretende restañar una brecha que, si se agranda, debilitaría a Sumar justo cuando necesita fuerza para negociar la unidad electoral.
Mientras, el partido intenta volver a la normalidad. El jueves pasado, el Grupo Coordinador votó convocar primarias y pidió disculpas públicas “por no haber tenido serenidad y cuidado en los últimos días”. Varios dirigentes reclamaron explicaciones a Hernández, pero ella no respondió. Todos temen un desprestigio mayor en vísperas de un ciclo político que exigirá mucha cintura.
Un partido fundido a la sombra de Díaz
El pequeño Movimiento Sumar, con pocos concejales y diputados autonómicos, sobrevive gracias a ser socio minoritario del Gobierno y al nombre de su vicepresidenta. Pero tiene dos problemas enormes: carece de una candidatura fuerte —Martínez no es un cheque en blanco de Bustinduy, y ni Unai Sordo ni Gabriel Rufián se han lanzado— y arrastra la hipoteca de una líder fundadora que “ya pasa de todo lo orgánico hace tiempo”. Fuentes del partido consultadas coinciden en que Yolanda Díaz lleva dos años sin involucrarse en Movimiento Sumar, aunque con gestos le ha retirado el apoyo a Hernández. Respetan a la ministra de Trabajo y su legado, pero lamentan con decepción su abandono.
Para entender el terreno embarrado, conviene recordar que Sumar nació en 2023 como un intento de aglutinar a la izquierda del PSOE, pero arrastra una tensión irresuelta entre quienes apuestan por la unidad de líderes y los que reclaman estructuras territoriales sólidas. La fractura entre errejonistas centralistas y barberistas descentralizadores refleja la misma lucha que desangró a Podemos en 2019. Si Martínez logra el consenso, podría abrir un ciclo de estabilidad orgánica; si no, el riesgo de implosión es real, justo cuando arranca la negociación de una coalición electoral con Más Madrid, Compromís y los comuns. La pregunta es si coser ahora es suficiente o si el desgaste interno ya ha calado hasta los huesos.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: Movimiento Sumar vive una guerra abierta entre la coordinadora Lara Hernández y la portavoz Verónica Barbero, con acusaciones de maltrato laboral de por medio.
- Por qué te importa: La crisis del socio minoritario del Gobierno amenaza la estabilidad del espacio a la izquierda del PSOE y condiciona las futuras alianzas electorales.
- A quién afecta: A los casi 3.000 afiliados de cuota del partido, a los diputados del grupo parlamentario y, en última instancia, a la gobernabilidad progresista.
- Hacia dónde vamos: Las primarias del 11 de julio decidirán la nueva ejecutiva con Rosa Martínez como posible cocoordinadora de consenso.




