El lobizón de Allariz: la oscura historia del único asesino en serie español que alegó sufrir una maldición licántropa

En los bosques de Allariz a mediados del siglo XIX desaparecían mujeres y niños sin dejar rastro, y el único responsable era un buhonero bajito, de cara tierna y con un calendario lunar en el bolsillo. La historia de Manuel Blanco Romasanta es el crimen real más extraño de España, con un juicio que llegó hasta la mismísima reina Isabel II.

En los juzgados de Allariz existe un expediente de más de 2.000 páginas manuscritas encabezado por una frase que todavía hiela la sangre: "Va de oficio la causa contra el hombre lobo Manuel Blanco, por varios asesinatos. Allariz, Abril de 1853". No es una novela gótica ni el guion de una serie de terror: es el sumario judicial real del primer asesino en serie documentado en la historia de España. Un hombre que confesó trece muertes y que, lejos de negarlo, afirmó ante el tribunal que una meiga le había maldecido para convertirse en lobo las noches de luna llena.

Lo más perturbador no es la maldición sino el asesino. Manuel Blanco Romasanta no era ningún gigante aterrador: medía apenas 1,37 metros, tenía cara de niño y trabajaba como vendedor ambulante. Esa apariencia inofensiva fue su mejor arma durante casi una década de crímenes que sembraron el pánico en la Galicia rural y que acabarían desafiando los límites de la ciencia y la justicia del siglo XIX.

El buhonero de Allariz que nadie sospechaba

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Nacido en 1809 en la aldea de Regueiro, Esgos, Romasanta comenzó su vida como Manuela: fue considerado niña hasta los ocho años, dato que los criminólogos modernos han conectado con su posterior construcción de una identidad ambigua y cambiante. De adulto trabajó como sastre y buhonero, recorriendo los caminos entre Allariz, Galicia, Portugal y Castilla, y ganándose la confianza de familias enteras con su trato amable y sus buenas maneras. Nadie veía en él al depredador que luego describirían los testigos.

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Sus primeras víctimas datan de 1844, cuando fue acusado del asesinato del alguacil Vicente Fernández en León, del que logró huir. Durante los años siguientes, Romasanta convenció a mujeres y familias completas de que las guiaría sanas y salvas a través de las montañas hacia Castilla o Portugal. Nunca llegaban. Cuando los rumores empezaron a circular —se decía que vendía jabón y sebo de origen desconocido en los mercados portugueses— los aldeanos pusieron nombre al monstruo: el sacamantecas, el home de unto, el lobizón de Allariz.

Allariz: el juicio que paralizó España

En septiembre de 1852, lo detuvieron en Nombela (Toledo), con el bolsillo lleno de pertenencias de sus víctimas y un calendario lunar encima. Trasladado a Allariz para ser juzgado, el proceso contra Romasanta se convirtió en el primer gran juicio criminal mediático de la historia española. El acusado no negó los crímenes: los confesó todos, y añadió que él no era el responsable porque una bruja le había lanzado una maldición que lo transformaba en lobo durante días enteros.

Cuando el fiscal le pidió que demostrara la transformación en plena sala, Romasanta respondió con una calma pasmosa que la maldición tenía fecha de caducidad y él ya la había superado. El tribunal de Allariz lo declaró en plena posesión de sus facultades mentales y lo condenó a muerte por garrote vil. Sin embargo, el caso llegó al Tribunal Supremo y después a los oídos de un médico francés de renombre, Mr. Philips, que rogó personalmente a la reina Isabel II que lo perdonara para poder estudiarlo como caso de licantropía clínica.

La maldición en el estrado: ciencia contra folclore

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La reina cedió. La pena de muerte se conmutó por cadena perpetua, y Romasanta se convirtió así en el único condenado en España a quien la posibilidad de ser un hombre lobo le salvó la vida. El debate que agitó a médicos, juristas y periodistas de la época era tan simple como imposible de resolver: ¿puede una persona matar sin responsabilidad si cree genuinamente que es un animal? La licantropía clínica —el trastorno psiquiátrico por el que un paciente cree transformarse en bestia— no existía como diagnóstico formal en 1853, pero el caso de Allariz lo convirtió en el primer antecedente judicial registrado en la historia.

Romasanta murió en la prisión de Ceuta en 1863, a los 54 años, sin que los médicos pudieran concluir nada definitivo sobre su estado mental. El expediente de Allariz quedó cerrado, pero la pregunta que planteó sigue abierta: ¿era un asesino frío que usó el folclore gallego como escudo, o un hombre que genuinamente no distinguía la realidad del delirio?

Lo que el caso Romasanta reveló sobre la psiquiatría forense

El primer diagnóstico de licantropía clínica de la historia

El juicio de Allariz es el primer proceso judicial del que se tiene constancia donde se debatió formalmente si un acusado podía ser inimputable por creer que se convertía en animal. La intervención de Mr. Philips —y la decisión de Isabel II de permitir su estudio— estableció un precedente inesperado: el sistema judicial español reconoció, aunque fuera implícitamente, que el estado mental de Romasanta merecía investigación científica antes que ejecución.

El sacamantecas como mito y como realidad

La figura del sacamantecas —ese monstruo que roba la grasa de los niños— existía en el folclore gallego mucho antes de Romasanta, pero su caso la ancló para siempre en un nombre real. Los investigadores modernos señalan que Romasanta probablemente fabricaba jabón con grasa de sus víctimas, lo que convirtió una leyenda abstracta en algo tan concreto y aterrador que los padres lo usaron durante generaciones para asustar a sus hijos en toda la Península.

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Lo que hizo de Allariz un caso único en la criminología española

  • Primer juicio oficial contra un asesino en serie documentado en España, con más de 2.000 páginas de sumario.
  • Única causa española donde se debatió legalmente la licantropía como eximente de responsabilidad penal.
  • Intervención real: Isabel II conmutó la pena de muerte, un hecho sin precedentes en la crónica criminal del siglo XIX.
  • Legado cultural: Romasanta inspiró novelas, películas, una miniserie de Netflix con Luis Tosar en 2026 y rutas turísticas en Galicia.

Allariz hoy: de escenario del crimen a referente del turismo oscuro

El nombre de Allariz ya no evoca solo los crímenes de Romasanta: la localidad orensana, declarada uno de los pueblos más bonitos de España, ha sabido integrar su historia más oscura sin convertirla en espectáculo barato. Los investigadores del caso siguen activos —el antropólogo forense Fernando Serrulla lleva años buscando los restos de Romasanta en Ceuta— y en 2026 la miniserie de Netflix con Luis Tosar en el papel del buhonero ha relanzado el interés internacional por el expediente más extraño de la justicia española.

Lo que hace que el caso de Allariz siga siendo relevante no es la sangre ni la leyenda, sino la pregunta que plantea: en 1853, un tribunal tuvo que decidir dónde termina la maldad y dónde empieza la enfermedad. Siglo y medio después, la psiquiatría forense todavía no tiene una respuesta definitiva. Y eso, más que cualquier transformación nocturna, es lo que convierte a Romasanta en un caso que no envejece.