Hacer una secuela 20 años después de 'El diablo viste de Prada' no es una tarea fácil. La cinta de 2006 ha sido releída con los años de muchas maneras, pero sin duda su personaje más popular es la Miranda Priestly de Meryl Streep, la jefa que nadie querría tener. Es que, revisando la cinta original, la figura de la directora de Runway, inspirada en la directora de Vogue, Anna Wintour, es mucho de lo que se critica del mundo corporativo hoy en día: una jefa que hace que todo el mundo se ponga firme al cruzar la puerta de la oficina, que llama a deshoras y que no tiene miedo de insultar a sus subordinados, tanto por su aspecto físico como por sus ideas. Que nadie pregunte a Miranda por el teletrabajo.
Pero la cinta, que vuelve a girar alrededor de la Andy Sachs de Anne Hathaway —ahora periodista consagrada que vuelve a Runway casi por accidente—, consigue algo peor que la peor Miranda. En 2026, frente a los milmillonarios tecnócratas obsesionados con los algoritmos, la inteligencia artificial y enemigos acérrimos del periodismo, el personaje de Streep se convierte en una guardiana de la vieja tradición: de la moda, del periodismo impreso y maquetado, e incluso de la creación artística.
Ayuda tener actrices centrales de este calibre. Aunque Hathaway es dueña de la cinta, lo cierto es que no podía competir con el carisma puro de Streep, pero aquí ambas deben compartir más tiempo en pantalla y más del peso dramático. La cinta está mucho más interesada en el mundo interior de Priestly, en sus objetivos y motivaciones, y cuando volvemos a ver una de sus jugadas maquiavélicas para mantenerse en la cima del mundo de la moda, acabamos de su lado.

Es un acto de equilibrismo complicado: no ceder ante el impulso de celebrar a Miranda como una "boss lady", pero tampoco destrozarla, ambas opciones válidas para una secuela algo peor. Que 'El Diablo Viste de Prada 2' se salga con la suya se debe no solo al guion de Aline Brosh McKenna —que vuelve en la secuela tras crear esa maravilla de televisión que se llama 'Crazy Ex-Girlfriend'—, sino a que los villanos del mundo corporativo en 2026 son mucho peores que la Miranda de 2006, y volver a ella sería toda una victoria.
EL ELENCO VUELVE A CUMPLIR SU LABOR
Pero no son solo Anne Hathaway y Meryl Streep. Stanley Tucci vuelve a dar vida a Nigel Kipling, la cara amable de las oficinas de Runway, y Emily Blunt levanta a su Emily Charlton, que ahora tiene un papel mucho más completo. Además, la cinta tiene la suerte de tener a grandes actores en papeles que en otras manos serían fáciles de olvidar, con Lucy Liu, Kenneth Branagh o Lady Gaga.
En particular, Justin Theroux y B. J. Novak brillan como los verdaderos villanos de la pieza. Personajes que recuerdan a versiones menos carismáticas y con un menor mundo interior que los de 'Succession'. Es medido; para la cinta, son figuras sin interés ni capacidad de pensar más allá de su dinero heredado, y los parecidos a Elon Musk, Jeff Bezos o Lex Luthor no parecen casuales.

El único miembro del elenco que parece sobrar es Patrick Brammall, quien está en el centro de una subtrama romántica que sobra en la estructura de la pieza. Si 'El Diablo viste de Prada 2' tiene un punto flaco, son sus escenas, que podrían recortarse sin demasiado esfuerzo y permitirían que la cinta se moviera con un mejor ritmo, precisamente el punto en el que flaquea en comparación con la primera parte, pues la historia de amor no suma demasiado ni a los personajes ni a los temas de la película.
'EL DIABLO VISTE DE PRADA 2' Y DAR AL PÚBLICO LO QUE QUIERE
Lo cierto es que, si algo ha entendido el director, David Frankel, es que, aunque la primera parte es también una crítica del mundo de la moda y su inevitable superficialidad, no hay duda de que el diseño del vestuario y la posibilidad de viajar a París a ver vestidos es también atractivo. Es un reto evidente al hacer una segunda parte, pero al igual que en la primera, la cinta se adapta fácilmente a lo que pide su público sin perder sus ideas.
A pesar de tener mucho que decir sobre periodismo, tecnología y ambición, es fácil solo verla para ver los diseños de vestuario y a Meryl Streep y Anne Hathaway luciendo increíbles. Irónicamente, por eso mismo puede ser que su mensaje llegue más lejos. Es cierto que en los últimos años hay obras más directas con su mensaje social como 'Parásitos' o 'El Triángulo de la Tristeza'; también es cierto que esta es mucho más digerible en primera instancia, aunque esté igual de dispuesta a incendiar Silicon Valley, un vestido de Prada a la vez.




