Para los migrantes, la idea de que todo el tiempo pasado fue mejor es complicada de digerir. Si fuese cierta no habríamos migrado, pero a la distancia empieza a saber a realidad y, en ocasiones, la música es una de las mejores opciones para viajar a otro tiempo.
Esta fue el arma principal de Caifanes; el mítico grupo mexicano ha sido una de las piezas clave del rock en su país y en todo el continente latinoamericano. Con más de 40 años de carrera interrumpidos por una separación temporal, el grupo tiene una trayectoria llena de éxitos en Latinoamérica que le permite llenar arenas de su lado del océano, aunque en Madrid debían conformarse con la Sala BUT.
Pero lo cierto es que su poder de convocatoria es indiscutible. La banda ha llenado el espacio con comunidades de migrantes, en particular de México, que parecían interesadas en buscar un pequeño espacio de su hogar. En un momento en que las campañas políticas de ambos lados del espectro han decidido señalar a los migrantes de las Américas —desde la derecha por un supuesto daño a la identidad nacional y desde la izquierda por no siempre votar por el partido al que supuestamente le debemos nuestra residencia—.
En ese panorama, que Caifanes pudiera crear una isla segura en la sala es un pequeño milagro. Desde que abrieron el concierto con 'Aquí no es así', el quinteto supo mantener las emociones a flor de piel, y aunque el público tardó en terminar de conectarse al concierto, después de los primeros 20 minutos se vio empujado por la avalancha de canciones míticas que han hecho su propio hueco en el olimpo del rock latinoamericano.
'Para que no digas que no pienso en ti', 'Mátame porque me muero' o 'Nubes' recibieron los aplausos y el cariño de un público entregado que cada vez estaba más dispuesto a saltar y bailar, y la banda cada vez más dispuesta a darles lo que pedían. Bajo el liderazgo de Saúl Hernández, el grupo fue adelantando las canciones; poco a poco fueron subiendo el volumen y las revoluciones, pasando de sus temas más lentos y experimentales a las piezas más aceleradas de su repertorio.
CAIFANES Y MÉXICO
Pero el grupo no solo estaba celebrando su repertorio. La banda, desde el principio de su concierto, usó símbolos de México, desde la bandera hasta el himno, pasando por una versión de la mítica 'Te lo pido por favor' de Juan Gabriel. Es una parte clave de su espectáculo, y una que sirve para explicar el ambiente del concierto, que parecía más un garito de la Ciudad de México en lugar de uno en Madrid.
La bandera de fondo, y después sobre el micrófono gracias al regalo de un fanático; los recordatorios de los procesos migratorios que llevaron a millones de españoles a América Latina en tiempos de la posguerra durante la interpretación de 'Antes de que nos olviden' y el cierre con su ya icónica versión de 'La negra Tomasa' sirvieron para dibujar un mapa cultural de todo el continente, desde México hasta la Patagonia.
EL ROCK DE LATINOAMÉRICA Y LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD
La realidad es que el rock latino siempre ha sido visto de reojo en España, o al menos hasta hace muy poco. Con algunas excepciones claras, como las diferentes facetas de Andrés Calamaro, Fito Páez o Maná, muchos grupos gigantes del otro lado del océano nunca han conseguido un espacio entre el público masivo en España. Allí están los casos de Aterciopelados, Soda Stereo, Molotov o La Maldita Vecindad: equipo de grupos gigantes en sus tierras de origen, pero que en España solo son escuchados por las diásporas o por algunos interesados en el género.
En los últimos años se ha dado espacio a la música bailable de las Américas en las radios de todo el mundo, pero la música alternativa también es parte de la cultura de estos países. Ahora estos grupos han conseguido su espacio en España por la migración, pero casos como el de Caifanes recuerdan que esto es también una oportunidad para descubrirlos.





