Día triste para Aitana Sánchez-Gijón. Su madre, Fiorella De Angelis, ha fallecido este domingo en Madrid a los 87 años, según ha trascendido en las últimas horas. La actriz pierde así a una de las figuras más decisivas de su vida personal y profesional.
Fiorella, profesora italiana jubilada, llevaba años alejada del foco mediático, pero quienes han seguido la trayectoria de la intérprete saben que su madre era pieza clave en el rompecabezas. Ella fue la que le transmitió el italiano, la cultura, la sensibilidad europea que tanto se ha visto en pantalla. Su muerte llega 19 años después de la del padre de la actriz, lo que cierra un capítulo familiar especialmente largo.
Quién era Fiorella De Angelis y por qué importa más allá del titular
Italiana de origen, profesora de profesión, Fiorella se instaló en España y formó familia con el padre de Aitana. La actriz nació en Madrid en 1968 y siempre ha contado en entrevistas que el bilingüismo en casa, la doble cultura y el vínculo afectivo con su madre marcaron su forma de entender el oficio. No es casualidad que buena parte de su carrera haya transitado entre cine español, italiano y producciones internacionales.
Aitana ha hablado en numerosas ocasiones de su madre como su gran referente. En entrevistas a lo largo de los años, ha descrito a Fiorella como una mujer culta, exigente, cariñosa y con un sentido del humor muy particular. La intérprete suele recordar que fue ella quien le abrió la puerta a la lectura, al teatro y al cine de autor cuando todavía era una niña.
Una pérdida que conecta con un duelo anterior
El padre de la actriz murió hace casi dos décadas, y Aitana ha contado en alguna entrevista lo difícil que fue para ella aquel proceso. Ahora, con la marcha de su madre, se cierra el círculo familiar más cercano. Es de esos momentos vitales que sacuden incluso a quien tiene una agenda profesional intensa.
De momento, la familia ha optado por la discreción. No se han facilitado detalles sobre la capilla ardiente ni sobre el funeral, algo coherente con el perfil bajo que la actriz ha mantenido siempre en lo que toca a su vida íntima. Aitana es de las que separa con bisturí lo público y lo privado, y en un momento así esa frontera se vuelve sagrada.
Las muestras de cariño no han tardado en llegar. Compañeros de profesión, instituciones culturales y seguidores han enviado mensajes de condolencia a través de redes sociales en las últimas horas. La intérprete acumula décadas de respeto en el sector, y se nota.
El precedente: cuando los actores pierden a quien los empujó al oficio
El caso de Aitana entronca con una idea recurrente en la profesión actoral: detrás de muchos intérpretes hay una madre o un padre que no se dedicaron al cine pero que sembraron la semilla. Pasó con Penélope Cruz y la influencia familiar en su vocación, pasó con Antonio Banderas hablando de su madre en cada entrevista importante, y pasó también con Maribel Verdú. La trayectoria de Aitana Sánchez-Gijón es de las que se entienden mejor cuando se conoce el contexto familiar: una madre italiana profesora, un padre presente, y una niña que crecía entre dos idiomas y dos sensibilidades.
La pregunta inevitable es qué pasará ahora con sus próximos compromisos profesionales. La actriz tiene proyectos en marcha y festivales en agenda durante los próximos meses, pero nadie le va a reprochar que se tome el tiempo que necesite. El duelo, cuando llega, no entiende de promociones ni de estrenos. Lo razonable es esperar a que sea ella quien hable cuando lo considere, si es que decide hacerlo. En la profesión hay quien lo verbaliza y hay quien guarda silencio. Aitana, históricamente, ha sido más de lo segundo, y esta vez probablemente no sea distinto.



