El Atlético y la Copa: un árbol genealógico de rebeldía y fe

Para el Atlético de Madrid, la Copa del Rey nunca ha sido un trofeo menor, sino un punto de giro. A través de sus diez conquistas, los rojiblancos no solo llenaron sus vitrinas, sino que sanaron heridas históricas, cortaron sequías de décadas y reclamaron el Santiago Bernabéu como un jardín propio donde desafiar al destino.

​“El Atlético siempre fue un equipo copero”, suele repetir Diego Pablo Simeone con esa mezcla de respeto y advertencia. No es una frase vacía. En la mitología del club, la Copa del Rey ha funcionado históricamente como el motor de arranque de sus épocas más gloriosas.

De las diez que brillan en el museo metropolitano, cuatro fueron arrancadas del corazón del Santiago Bernabéu ante el Real Madrid, convirtiendo el territorio del vecino en el escenario de sus mayores actos de fe.

​El fin del miedo y las remontadas ante Di Stéfano del Atlético en Copa

​La historia comenzó con un joven Adelardo Rodríguez, un niño de Badajoz que en 1960 temblaba ante la sola presencia de Di Stéfano.

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El Madrid venía de golear en Europa y el Atlético de una década de vacío. Sin embargo, bajo la disciplina de José Villalonga, los rojiblancos descubrieron que el miedo se cura corriendo. Aquel 3-1 fue el primer aviso: el Atlético había vuelto. Un año después, en 1961, repitieron la gesta en el mismo escenario, con Peiró y Mendonça silenciando el coliseo blanco y abriendo la puerta a la Recopa, el primer título continental del club.

​La Copa también ha servido para despedir a los mitos con la dignidad que merecen. En 1976, José Eulogio Gárate, el ingeniero del área, firmó su último gol con un cabezazo imponente ante el Zaragoza antes de que una lesión extraña le apartara del césped. Fue la última Copa del Generalísimo, entregada por el Rey Juan Carlos a un caballero del fútbol que se retiraba con la gloria en las manos.

​Nueve años más tarde, la competición sirvió de laboratorio para la mayor enseñanza de Luis Aragonés. En 1985, ante un Athletic de Bilbao que dominaba el fútbol español, el "Sabio de Hortaleza" acuñó su famoso "ganar, ganar y volver a ganar". Fue una final de contragolpe puro, de nervios templados y de despedidas agridulces, con Hugo Sánchez marcando sus últimos goles antes de cruzar la Castellana. Luis no jugaba las finales; las devoraba.

​Los éxitos de la era Gil y el impacto del Doblete

​La etapa de Jesús Gil encontró su primer gran alivio en 1991 con el gol de Alfredo Santaelena ante el Mallorca, pero fue un año después cuando la narrativa alcanzó su cénit emocional. Con Futre y Schuster desatados, el Atlético volvió a tomar el Bernabéu ante el Madrid de las estrellas. “Hay que ganar por esos 50.000 atléticos que están ahí fuera”, tronó Luis en el vestuario. Y ganaron 2-0 en una de las noches más recordadas por la parroquia del Manzanares.

El Atlético y la Copa: un árbol genealógico de rebeldía y fe
Paulo Futre con la Copa del Rey ganada al Real Madrid en 1992 Fuente: Agencias

​El Doblete de 1996 no se explica sin la final de La Romareda ante el Barcelona. El gol de Pantic no solo dio un título, sino que inyectó al equipo de Antic la creencia ciega necesaria para asaltar la Liga semanas después. Era un Atlético de autor, con Simeone mandando en el césped y una afición que empezaba a entender que lo imposible solo tarda un poco más en llegar.

​Miranda y la redención tras 14 años de sequía en los derbis

​La última estación de este viaje llegó en 2013. El Atlético llevaba catorce años sin ganar un derbi, una losa que pesaba más que cualquier trofeo.

Miranda, con un cabezazo en la prórroga, no solo levantó la décima Copa; devolvió la dignidad a una generación de niños que, como dijo el central brasileño, pudieron volver al colegio sin complejos. La Copa, una vez más, había cambiado el rumbo de la historia.

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