El nombre de Gerard Piqué siempre ha ido ligado al ruido, pero en el Andorra ese ruido empieza a traducirse en facturas que el club ya no sabe cómo justificar. La figura del excentral azulgrana en la entidad tricolor es un híbrido extraño: es el dueño, el alma del proyecto y, a ratos, un asistente improvisado, pero legalmente es un fantasma para los estamentos arbitrales.
Esa condición de máximo accionista, y no de presidente oficial, le permite moverse en un vacío legal que está desesperando tanto a la RFEF como al resto de clubes de LaLiga Hypermotion.
La situación ha cruzado la línea de lo anecdótico para convertirse en un problema de disciplina recurrente. Piqué no tiene un asiento en el banquillo ni se le espera en el palco junto a las autoridades. Prefiere una zona acotada en la grada de Tribuna del estadio de Encamp, un espacio que le permite una libertad de movimientos que choca frontalmente con el reglamento.
Multas de 30.000 euros al Andorra FC por los gritos de Piqué en el túnel de vestuarios
El problema no es dónde se sienta, sino dónde acaba: en el túnel de vestuarios. Desde su ubicación privilegiada, el acceso a la zona de casetas es rápido, una ruta que ha memorizado para bajar a pedir explicaciones a los colegiados en cuanto algo no sale según lo previsto.
El acta del reciente partido contra el Málaga es un retrato fiel de esta deriva. Según el colegiado, Piqué se dirigió al asistente con una actitud agresiva, gritando y señalando a pocos centímetros de su cara. Frases como "es un robo histórico" o la amenaza de "lo voy a subir a Twitter" ya forman parte del historial de agravios que el club tricolor tiene que pagar de su bolsillo. Porque esa es la clave: como Piqué no está sujeto a la disciplina federativa al no ostentar un cargo federativo oficial, las multas recaen sobre el FC Andorra.

Hasta la fecha, el club ha desembolsado más de 30.000 euros en sanciones por comportamientos de su dueño. Los encontronazos ante el Deportivo y el Leganés ya fueron avisos serios, pero la reiteración está agotando la paciencia del Comité de Disciplina.
En los despachos de la Federación ya no se habla solo de dinero. El hartazgo es palpable y el aviso de reincidencia ya está sobre la mesa de Ferran Vilaseca, el presidente real del club.
El peligro para el Andorra es que el siguiente paso no es una multa más alta, sino la aplicación estricta del artículo 93.1 del Código Disciplinario. Esto implicaría sanciones que van mucho más allá de lo económico: desde la clausura del estadio de Encamp hasta la pérdida de tres puntos en la clasificación final. Para un equipo que pelea cada jornada en una categoría tan igualada como Segunda, perder tres puntos por un arrebato en el túnel de vestuarios sería un golpe deportivo difícil de digerir para la plantilla y el cuerpo técnico de Carles Manso.
El acceso ilimitado de Piqué a la zona de árbitros agota la paciencia de LaLiga
Los clubes rivales, aunque prefieren no alimentar la polémica en público, reconocen en privado un cansancio evidente. No gusta el acceso ilimitado del que disfruta Piqué, quien entra y sale de zonas restringidas para el personal no autorizado al descanso y al final de los partidos. El artículo 150.3 del Reglamento de Competiciones es muy claro sobre quién puede pisar el área de vestuarios, y el nombre de Piqué no figura en esa lista.

Gerard Piqué sigue siendo el azote de los árbitros, pero el precio de sus quejas ya no lo paga él con su imagen, sino el Andorra con su patrimonio y, próximamente, con sus puntos. La pregunta que flota en el aire de la categoría es si el club será capaz de frenar a su propio dueño antes de que el Comité decida que la paciencia se ha terminado definitivamente. De momento, el contador de multas sigue subiendo y la sombra de la sanción deportiva es cada vez más alargada.
- Más información: El FC Andorra, un puente entre Andorra y el fútbol español.



