El Real Zaragoza ha decidido que este domingo no sea el único de gloria y ha resucitado antes de tiempo. Los de David Navarro han ganado tres de los últimos cuatro partidos y han vuelto a reducir distancias con la permanencia.
De ocho puntos a solo tres; el equipo se queda a un solo partido de salir del pozo, un escenario que ya se acarició hace unos meses con Rubén Sellés antes de que el grupo se desplomara en una crisis de resultados y de identidad.
El efecto David Navarro y el cambio de mentalidad en este Real Zaragoza
Con el técnico aragonés en el banquillo, todo ha vuelto a cambiar. El mérito es doble al haberlo logrado en el tramo más complicado del calendario, sumando victorias de peso frente al Almería y el Racing, los dos actuales dominadores de la categoría. Incluso en la derrota ajustada ante el Deportivo, otro de los "cocos" de la parte alta, el equipo dejó una imagen de competitividad que ha devuelto la fe a una plantilla que parecía hundida.
Navarro ha convertido el Ibercaja Estadio en el hogar seguro que se anhelaba desde hace meses. Son dos victorias consecutivas en casa, con el mismo marcador y, lo más importante, sin encajar ni un solo tanto ante rivales de máxima exigencia. Todavía queda mucho por remar, pero este Real Zaragoza está muy vivo.
El entrenador ha devuelto la energía al grupo con un mensaje claro de esfuerzo y sacrificio que se ejemplifica en la entrega de jugadores como Francho Serrano, que se multiplica en cada balón dividido.

Una Semana Santa clave para la salvación
El resurgir del equipo llega en el momento justo, justo cuando se adentra en una semana definitiva para sus aspiraciones de permanencia. El calendario sitúa al Real Zaragoza ante dos citas que marcarán su destino inmediato: el jueves visita al Leganés en un choque directo y el domingo recibe al Mirandés, penúltimo clasificado que llega sin margen de error.
La actitud es otra y el equipo se está dejando la vida en cada metro del campo. El mandato en el vestuario es no mirar más allá del siguiente balón, manteniendo el oficio y el rigor táctico que les ha permitido asomar la cabeza cuando pocos creían en la reacción. El Zaragoza ha vuelto a la vida en el momento crítico y su afición ya no se asusta ante el reto de la salvación. El objetivo es nítido: ganar y sobrevivir.



