El mercado de las telecomunicaciones ha recuperado con fuerza una estrategia que parecía olvidada: los móviles gratis, a coste cero. Bajo la apariencia de un regalo por fidelidad, las compañías y operadoras han diseñado un sistema donde el dispositivo funciona como un cebo para el cliente. El beneficio verdadero que obtienen las compañías al entregar un teléfono supera con creces el margen que sacarían con una venta directa en cualquier establecimiento.
Al regalar tecnología, las empresas blindan sus carteras de usuarios frente a la agresividad de las tarifas de bajo coste que dominan el sector hoy en día. Ni más ni menos que una maniobra de distracción donde el usuario cree ahorrar, pero en realidad está comprando su propia libertad comercial a un precio muy alto.
La clave de todo este mecanismo reside en la valoración del objeto dentro del contrato. Cuando aceptamos un terminal, móviles gratis, tablets o cualquier otro dispositivo sin coste, firmamos un documento donde el dispositivo se tasa a un precio oficial fijado por la propia operadora. Esta cifra suele estar muy por encima del valor de mercado que el mismo teléfono tiene en tiendas online o grandes superficies.
LA PERMANENCIA VINCULADA AL MÓVIL GRATIS IMPIDE EL CAMBIO A TARIFAS MÁS ECONÓMICAS
Si el cliente decide romper el compromiso antes de los dos o tres años habituales, la penalización económica no se calcula sobre lo que cuesta el móvil en la calle, sino sobre esa cantidad inflada. Esta diferencia permite a la empresa recuperar el coste del aparato en apenas unos meses. A partir de ese momento, cada factura mensual que el usuario abona se convierte en ganancia neta para la operadora.

Este compromiso de permanencia limita la movilidad del cliente. Cuando las cuotas mensuales suben, el usuario con un terminal vinculado pierde su capacidad de cambio. No puede contratar una tarifa más económica para reducir el gasto de su factura porque la penalización por el dispositivo hace que el ahorro sea inexistente.
Así, las operadoras utilizan este método para aplicar subidas en los servicios de fibra y telefonía sin riesgo de pérdida de usuarios. El cliente acaba abonando el coste del terminal de forma fragmentada mediante los importes mensuales. Se trata de un cobro a plazos que no figura de manera independiente, pero que está integrado en una factura que el titular acepta para evitar el pago del precio total del teléfono al inicio de la contratación.
Las operadoras utilizan este método para reducir sus costes de captación. Resulta más rentable entregar un terminal de gama media que financiar campañas de publicidad o instalaciones de nuevos equipos de red. Al suministrar un teléfono, la empresa garantiza una facturación fija durante el periodo de permanencia.
Este sistema establece una vinculación temporal que coincide con la vida útil del dispositivo. Cuando el usuario finaliza su compromiso de dos años, el hardware presenta un rendimiento inferior y una menor capacidad de batería. En ese momento, la compañía ofrece una nueva promoción para iniciar un nuevo ciclo de contratación. De esta forma, la empresa obtiene ingresos por el margen de la tarifa mensual y bloquea el acceso de otros competidores al cliente.

Antes de aceptar una promoción de este tipo, el consumidor debe calcular el coste total del servicio. Si una tarifa similar sin terminal incluido cuesta diez euros menos al mes, en dos años el usuario habrá pagado 240 euros por un dispositivo con un precio de venta inferior. La aceptación del terminal solo resulta favorable si la tarifa contratada es la más reducida del sector y no hay previsión de cese del servicio. En el mercado de la telefonía, la rotación de las ofertas hace que una permanencia de 24 meses suponga un riesgo de desactualización de los precios. Las compañías entregan el hardware a cambio de mantener el control de la facturación mensual. No existen entregas gratuitas en este sector, sino cuotas prolongadas, contratos con cláusulas de salida elevadas y dispositivos con un coste final superior al de su adquisición directa.



