Desde niños siempre hemos estado coleccionando. Desde chapas, pegatinas con sus álbumes, colecciones de cromos… Pero pocas hemos terminado. Ya sea porque la cantidad de elementos era infinita o porque había algunos ejemplares imposibles de conseguir, al final nuestras colecciones se quedaban a medias. Siempre nos quedaba acudir a mercadillos como El Rastro en Madrid y en otras grandes ciudades en donde podías encontrar los cromos más complicados.
Eso sí, si querías terminar las complicadas colecciones, te tocaba rascarte el bolsillo. Si querías el cromo del último fichaje de La Liga, o tenías la mayor suerte del mundo o te tocaba ir al rastrillo a comprar o intercambiar el cromo. Si querías el tazo que te faltaba, igual. Lo de las chapas era más complicado, ya que no en todos los bares vendían la bebida que a ti te gustaba. Y, además, si el camarero no tenía mano, te doblaba la chapita y te hacía la puñeta porque tú las querías impolutas.
Colecciones de chapas

Una de las colecciones más sencillas de llevar era la de las chapas. La gracia era tener chapas de todas las bebidas del mercado. Desde la Coca-Cola, la Pepsi, las Fantas… Incluso algunas más difíciles como el Cacaolat o el Bitter Kas.
Pero tu necesitabas las chapas impolutas, si estaban dobladas, ya no servían. Así que, si podía ser, las chapas tenían que estar rectas. Otra de las variantes de la colección de chapas era la colección de abridores de botes.
También eran chapitas, pero de muchos colores. Hoy en día no hay ya tantos colores. Con las chapas tradicionales, además, podías hacerte tus chapas para jugar al fútbol o hacer tus carreras ciclistas. Diversión a muy bajo precio.
Pegatinas

Las chicas no coleccionaban chapas ni cromos de fútbol. A ellas le gustaban más los álbumes con pegatinas. Estas pegatinas podían ser de princesas Disney, de la película de estreno de aquel momento como El Rey León o Aladdin.
También se llevaban mucho las pegatinas de Barbie y de las muñecas de la época. Problema, que algunas veces había álbumes muy grandes y muy pocas pegatinas. Además, tenían tan poco tirón que no se encontraban los sobres.
Al final tenías varios álbumes y uno de ellos solo relleno de algunas pegatinas y con otra colección incompleta. Ya al final optabas por pegar estas pegatinas en cualquier otro sitio como libros o en el coche antes que en el álbum.
Colecciones de cromos de la Liga

Desde los años 80 está la fiebre por los cromos. Había dos colecciones diferentes. Colecciones Este o Panini. En cada colegio se imponía una sobre la otra. Normalmente Este tenía mejor calidad que Panini.
Los domingos eran los días especiales de los cromos. Tus padres te daban la paga, te ibas al quiosco y e invertías lo recibido en sobres. Los álbumes eran inmensos y poco a poco los ibas completando. Incluso ibas al colegio con la lista de los que te faltaban y los “repes”.
Cuando llegaba octubre empezaban a salir los últimos fichajes. Estos eran los cromos más complicados de conseguir y por los que todos los niños se pegaban. La opción era ir al rastrillo de las grandes ciudades y pagar entre 5 a 10 euros por un solo cromo.
Cromos de Dragon Ball

En los años 90 llegó el boom de Dragon Ball a España. A mediados de estos años, una empresa sacó una colección de cartas con los personajes de la serie de Goku. Los comprabas en sobres y los ibas coleccionando.
Esta colección no tenía álbum. Las cartas estaban numeradas y las ibas colocando por orden, desde el 1 hacia arriba. Además de Dragon Ball, también abarcaba Dragon Ball Z. Y venían los principales personajes de DB y de DBZ.
También venían muchos secundarios que aparecían de pasada en la serie. Cada carta además tenía una pequeña descripción de quién era quién. Una colección que nunca completamos pero que nos ayudó a conocer a todos los personajes de Toriyama.
Colecciones de tazos

Los tazos supusieron un punto y aparte en la historia de las colecciones. Se hicieron de muchísimas temáticas, desde Disney, Pokémon o cualquier dibujo animado y serie que le gustara a los niños.
Pero los primeros tazos que llegaron a España fueron los de los Looney Toons, la serie de Warner. Luego llegaron los súper tazos, megatazos e incluso los Chiquitazos, con la cara y los chistes de Chiquito de la Calzada.
Además de para coleccionar, los tazos servían para jugar. Un juego en el que, si le dabas la vuelta al tazo del otro niño, te llevabas el tuyo y el suyo. Además, cada tazo tenía un valor diferente. A día de hoy siguen existiendo.
Gogos

Tras los tazos llegaron los gogos. Los gogos eran unos muñecos de plástico duro que tomaban la figura de algún personaje o dibujo animado. Había bastantes colecciones de gogos y estos venían en las bolsas de patatas.
Los gogos tuvieron tanto éxito que se llegaron a hacer ferias y clubes de reuniones. Las grandes marcas como McDonals se aprovecharon de la fiebre por estas figuritas para incluirlas en sus menús para niños.
Aunque intentaras hacer la colección, nunca la hubieras acabado. Hay cuatro gogos llamados Whistlers, Metallic Gold, Metallic Bronze y Smiley Eggy que son prácticamente imposibles de conseguir.
Colección de bichos

Una de las colecciones semanales que se anunciaban en televisión y que a día de hoy puede seguir haciéndose es la de bichos. La colección consistía en que cada semana te comprabas un insecto disecado.
Este insecto estaba dentro de un plástico transparente y podías escudriñarlo de cerca sin peligro. Además, se añadía un librito que incorporaba información acerca de este invertebrado. Siempre daban al escorpión en la primera entrega y a un precio reducido.
También había varios tipos de arañas, escarabajos joya, mariposas, hormigas… Para los niños curiosos y con espíritu de biólogo, esta colección era indispensable. Lo que sucede es que era bastante cara. Y terminarla, al final, tenía un precio de más de 200 euros.
De todas formas, te añadían ellos unas bandejas para tener allí a los bichos. Bien ordenaditos. Luego los libretos tenías que encuadernarlos con sus tapas duras para poder hacer un libro en donde se viera toda la información. Así que al final del todo, dejabas a medias la colección de bichos que se extendía casi 1 año.









