4Qué dice la evidencia: relación con mortalidad y dependencia, pero no una bola de cristal individual
Los estudios que han seguido durante décadas a miles de adultos de mediana edad coinciden en la dirección: quien rinde peor en pruebas sencillas de fuerza, equilibrio y movilidad tiende a morir antes y a perder autonomía antes. En el sitting-rising test (sentarse y levantarse del suelo, de 0 a 10 puntos), un seguimiento de 4.282 personas de 46 a 75 años durante una media de 12,3 años encontró una mortalidad del 42,1% entre quienes puntuaban 0-4, frente al 3,7% de los que lograban un 10; tras ajustar por edad, sexo, índice de masa corporal y enfermedad previa, el riesgo de muerte natural era 3,8 veces mayor y el cardiovascular, unas seis veces mayor. La fuerza de prensión medida entre los 45 y los 68 años también predijo limitaciones funcionales y discapacidad 25 años después, y añadir pruebas de equilibrio y de levantarse de la silla a los 53 años mejoró la predicción de discapacidad a los 69.
Ahora bien, esa evidencia describe trayectorias de grupo, no sentencias individuales. En el trabajo británico que sumó tres pruebas físicas a los factores clínicos clásicos, la capacidad de discriminación del modelo subió solo de 0,708 a 0,740, una mejora real pero modesta, y el propio creador del test, Claudio Gil Araújo, ha advertido de que una puntuación baja no significa que alguien vaya a morir en diez años, sino que es una señal de mala salud. La cohorte brasileña procedía además en su mayoría de una clínica privada y de nivel socioeconómico alto, lo que limita generalizar los resultados. Los riesgos publicados son relativos: no traducen un porcentaje personal de dependencia, sino la posición frente a la media. Su valor está en detectar a tiempo un declive modificable con ejercicio de fuerza y equilibrio, no en etiquetar a nadie.
