He encontrado el recetario de recetas veganas airfryer que simplifica tu día a día sin carne

Aida Lídice Lueje firma un libro con 80 ideas para la freidora de aire, del picoteo al postre, editado por Libros Cúpula. Incluye trucos para lograr un rebozado crujiente sin huevo.

Reconócelo: la airfryer te ha salvado más de una cena, pero llevas semanas repitiendo las mismas tres recetas veganas de siempre.

Yo también he pasado por ahí. Y justo cuando estaba a punto de volver al táper de garbanzos, me topé con el recetario que firma Aida Lídice Lueje, la moscona que lleva más de dieciséis años cocinando sin carne en el blog Begin Vegan Begun. Su nombre suena desde hace tiempo en la comunidad vegana de España e Hispanoamérica y ahora da el salto al papel con un libro enteramente dedicado a la freidora de aire.

Qué hay dentro del libro (y por qué no es un recetario más)

Ochenta propuestas repartidas en entrantes y picoteo, platos principales, dulces y postres, más un bloque de cocina internacional con guiños americanos, italianos y orientales. El volumen lo edita Libros Cúpula y es el tercero de su autora, que lo ha dedicado a sus dos hijas, Olivia y Telma.

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Lo interesante no es el número, es el enfoque: recetas pensadas para llegar del trabajo y no pensar demasiado. Ahí está la clave de que el invento funcione. 'En una sartén no puedes dejar la comida con aceite sola, pero en la airfryer sí', explica la autora. Ese ratito libre mientras la cena se hace sola vale oro un martes.

También hay hueco para las adaptaciones: su versión del cachopo, sin carne, y un bollicao vegano que demuestra que se puede comer lo de siempre sin cambiar de costumbres. 'No nací vegana y hay un peso cultural muy grande en la alimentación', cuenta; de ahí que prefiera versionar los clásicos antes que inventar platos imposibles de encontrar en el súper de tu barrio.

Para quien aún no controle el aparato, un apunte: la freidora de aire funciona como un horno pequeño con un ventilador potente y no se comporta igual que un horno convencional. Puedes ver el detalle técnico en la entrada de Wikipedia sobre la freidora de aire si quieres entender por qué unas recetas salen perfectas y otras se quedan crudas.

Ochenta recetas no valen nada si el aparato sigue dando miedo: el verdadero acierto del libro es enseñar a domar la freidora.

Los trucos que marcan la diferencia (y que casi nadie te cuenta)

Aquí empieza lo bueno. El libro no es solo una lista de platos: lleva un bloque de consejos que se agradece. Qué moldes de silicona valen y cuáles se deforman a la tercera puesta, si hace falta aceite en todas las elaboraciones o cómo conseguir un rebozado crujiente sin huevo, que es uno de los grandes quebraderos de cabeza de quien empieza.

Y un aviso que casi nadie da: las freidoras de aire no son todas iguales. 'Es un poco cuestión de práctica, tienes que cogerle el truquillo al aparato', admite Lueje, que reconoce bastante ensayo y error detrás de cada receta. Los alimentos ligeros, tipo verduras en láminas finas o rebozados, tienden a quemarse o a salir volando si no se sujetan bien.

Mi opinión: por qué este recetario llega en el momento justo

Vivimos un empacho de libros de airfryer. Los hay a montones desde que el electrodoméstico se hizo con media cocina española. Lo que no había, según la propia autora, era uno específicamente vegano, y ese hueco es el que ocupa este.

El mérito está en el doble trabajo: adaptar primero el plato tradicional a versión sin ingredientes animales y después conseguir que funcione con aire caliente. Eso significa probar, repetir y descartar. Muchas ideas se quedan por el camino y no llegan al índice.

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Mi conclusión: si ya usas la freidora a diario, el recetario te va a cundir; si la tienes cogiendo polvo en el armario, es la excusa perfecta para sacarla. No es un libro de cocina de domingo, es de martes a las nueve. Y eso, con lo que cuesta hoy improvisar una cena decente sin recurrir al delivery, vale muchísimo la pena.

💡 El truco del almendruco

Tiempo total: entre 12 y 20 minutos por receta. Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: no llenes la cesta hasta el borde, el aire tiene que circular o la mitad se queda cruda.