El Prado guarda lienzos que un día colgaron en conventos de Ávila, y un nuevo estudio afina su rastro.
Qué ha desvelado el estudio sobre Zabaleta y el Prado
Detrás de una parte de esos fondos está la labor de Zabaleta, el encargado de recoger e inventariar las pinturas de los conventos abulenses durante la desamortización, el proceso del siglo XIX que retiró buena parte de los bienes a la Iglesia. Un estudio de Mario Cuéllar rastrea el origen de decenas de lienzos del Prado y precisa su procedencia.
El Museo del Prado conserva hoy esas obras, y el nuevo estudio se apoya en los inventarios originales de Zabaleta para afinar su origen. La historia arranca, en realidad, con José Álvarez Lopera (1950-2008), el historiador que dejó inconcluso parte de su trabajo sobre el Museo de la Trinidad, la institución que precedió al Prado como gran depósito de arte desamortizado.
En sus papeles ya aparecían varios lienzos procedentes de la provincia de Ávila, algunos vinculados además al monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias. La coincidencia de las marcas Za y de las medidas permitía relacionar ciertas pinturas con las obras inventariadas en Ávila, pero la consulta de los inventarios originales de Zabaleta abre ahora posibilidades nuevas.
Las marcas Za son pequeñas señalizaciones que quedaron en los lienzos al ser inventariados. Cuando las marcas Za aparecen y las medidas encajan, la identificación gana enteros; cuando faltan, todo depende de la iconografía y del cotejo documental.
El método es casi de detective. Se parte de una pintura descrita por Zabaleta, con su título y sus medidas; se buscan posibles correspondencias en el inventario de las obras depositadas en el suelo de la iglesia del convento de la Trinidad; y, por último, se contrastan esos datos con el inventario general y con el catálogo actual del Prado.
Reconstruir el viaje de un cuadro desde un convento abulense hasta las salas del Prado es devolverle una parte de su historia.
Cómo se identifica un lienzo llegado de un convento de Ávila
Para valorar cada identificación se han establecido tres grados de probabilidad. La alta exige que coincidan el título o la iconografía, que las medidas presenten diferencias reducidas —como mucho, nueve centímetros en la altura o la anchura— y que aparezcan marcas Za que respalden la atribución.

La probabilidad media se queda en coincidencias relevantes, con diferencias métricas de entre nueve y catorce centímetros. La baja aparece cuando el desfase supera los catorce centímetros, equivalentes a medio pie castellano, aunque los títulos se parezcan. Más de sesenta posibles correspondencias localizadas, de las que cerca de una veintena presentan una probabilidad alta; en algunos casos, las diferencias apenas oscilan entre uno y cuatro centímetros.
Conviene no perder de vista el estado de conservación. Un lienzo recortado, con pérdidas del soporte, desgarros, pliegues o arrugas puede mostrar dimensiones muy distintas de las históricas. Las marcas de tiza o los restos de las marcas Za aportan indicios, pero no bastan por sí solos para fijar una procedencia. Tampoco ayuda que Zabaleta anotara las medidas abulenses con menos variedad de fracciones de pie que las de Valdeiglesias.
Hay casos que llaman la atención. Un San Jerónimo cuya procedencia conventual no puede fijarse con seguridad, porque Zabaleta inventarió dos pinturas con el mismo título y las mismas medidas, una en el convento de la Antigua y otra en el de San Francisco, ambos en el partido de Arévalo. El San Jerónimo es uno de los casos más llamativos, junto a una pintura catalogada como Una religiosa franciscana con una cruz en la mano izquierda, que podría representar a Santa Teresa y proceder del convento de San Jerónimo.
A esa lista se suman una Santa Faz vinculada al convento de la Santa, una pintura titulada La oración del huerto que se situaría en San Pedro Alcántara y otra conocida como La Virgen del Castillo, relacionada con el convento de la Santa. En todos estos casos, las diferencias entre las medidas registradas se mueven entre uno y cuatro centímetros, una horquilla mínima que invita al optimismo.
Por qué este trabajo importa para entender el Prado
Entender de dónde vienen las obras es entender también cómo se formó el Museo del Prado. El Museo de la Trinidad nació en el siglo XIX para acoger buena parte del arte que la desamortización retiró de conventos y monasterios, y de allí pasaron numerosos lienzos al Prado. Reconstruir ese recorrido, con nombres, medidas y procedencias, devuelve a cada cuadro su biografía completa.
El trabajo de Cuéllar se apoya en la senda abierta por Álvarez Lopera y demuestra algo valioso: que los inventarios históricos, leídos con paciencia y cruzados con otras fuentes, todavía guardan información por descubrir. Más de siglo y medio después, esas listas antiguas siguen sirviendo para identificar obras y comprender mejor a las instituciones que las custodiaron.
Queda camino. Los resultados son preliminares y será necesario revisar cada identificación, estudiar el estado de conservación de los lienzos y contrastar las coincidencias con nuevos indicios documentales e iconográficos. El objetivo final es ampliar el número de pinturas cuya procedencia conventual pueda establecerse y entender mejor el viaje desde los conventos abulenses hasta el Museo de la Trinidad y, después, hasta el Prado. El grueso de la investigación se reparte entre Ávila y Madrid.
Ficha técnica
- Título: Pinturas de los conventos de Ávila en el Museo del Prado.
- Autor o autora: Autoría diversa; estudio e identificación de Mario Cuéllar.
- Qué puedes ver: Lienzos vinculados a los inventarios de Zabaleta, entre ellos un San Jerónimo, una Santa Faz o La Virgen del Castillo.
- Recinto y ciudad: Museo Nacional del Prado, Madrid.



