El Thyssen y el Mauritshuis han intercambiado veinticinco obras maestras cada uno. Madrid es hoy la mejor puerta al Siglo de Oro holandés.
La operación, pionera por su simultaneidad, se titula Obras maestras de La Haya en Madrid y tiene su réplica en los Países Bajos. Ambos museos presentaron sus muestras con una semana de diferencia y un mismo relato: el de dos colecciones que llevan un siglo mirándose.
Veinticinco pinturas del Mauritshuis, con un arco cronológico que va de 1615 a 1705, se han instalado en las salas del museo madrileño. No es un préstamo cualquiera.
El Estado español concedió una garantía de 378,8 millones de euros para cubrir el envío, según consta en el Boletín Oficial del Estado del 13 de mayo de 2026. La cifra da la medida de lo que ha viajado hasta Madrid.
Qué vas a ver en 'Obras maestras de La Haya'
Tres salas ordenan el recorrido por géneros, no por autores. Esa decisión facilita mucho la lectura a quien nunca ha pisado una pinacoteca de pintura antigua.
La primera sala reúne bodegones y escenas de género, es decir, cuadros que retratan la vida cotidiana, con nombres como Ambrosius Bosschaert el Viejo, Gerard ter Borch, Gerrit Dou, Pieter de Hooch, Pieter Claesz, Nicolaes Maes, y Jan Steen.
Dos museos, veinticinco cuadros y una lección de historia contada sin prisa: así se entiende por qué la pintura holandesa no ha dejado de fascinar.
La segunda sala se abre al paisaje y a las composiciones con figuras. Ahí están Pieter Jansz. Saenredam, Jan Both, Rembrandt van Rijn, Frans Hals, Jacob van Ruisdael, Salomon van Ruysdael, Gerard van Honthorst y Hendrick Avercamp.
El tercer espacio justifica la visita por sí solo. Allí cuelga El jardín del Edén y la caída de Adán y Eva, la colaboración de 1615 entre Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens, y, en un lugar destacado, la 'Vista de Delft' de Vermeer.
Merece el viaje.
El trozo de muro amarillo que obsesionó a Proust
Hay una manera de mirar la Vista de Delft que llega con más de un siglo de retraso. En octubre de 1902, Marcel Proust visitó el Mauritshuis y se quedó ante el cuadro hasta describirlo, en una carta que aún se conserva, como el más bello del mundo.
Casi veinte años después, en 1921, la pintura viajó a París para una exposición de pintura holandesa en el Jeu de Paume. El escritor acudió con el crítico Jean-Louis Vaudoyer y tuvo que sentarse varias veces por su delicado estado de salud.

Aquella escena acabó convertida en literatura. En La prisionera, quinto volumen de En busca del tiempo perdido, el escritor ficticio Bergotte acude a contemplar el cuadro y muere poco después.
El detonante es mínimo: un trozo de muro amarillo que una crítica había señalado y que Bergotte descubre entonces con claridad absoluta. Le parece la prueba de que él nunca trabajó sus frases con la paciencia con la que Vermeer aplicaba capa sobre capa.
Vermeer no copió la ciudad: movió edificios, ajustó volúmenes y buscó una composición más armoniosa que la real. En su pintura, la luz siempre acaba siendo la protagonista, y ese es el descubrimiento que espera al visitante.
De La Haya a Madrid, una historia de familia
Lo que se presenta como intercambio es la continuación de un idilio antiguo. La relación de los Thyssen con los Países Bajos arranca a comienzos del siglo XX, cuando Heinrich Thyssen-Bornemisza se estableció en La Haya tras la revolución húngara de 1919.
Allí nació y pasó su infancia su hijo, Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002). A los lazos empresariales se sumó una pasión compartida por la pintura holandesa y su Siglo de Oro.
Las visitas del barón a las colecciones de La Haya fueron decisivas. Quiso adquirir obras de los mismos maestros y géneros que admiraba, sobre todo retratos y escenas de la vida cotidiana. Entre finales de los años veinte y comienzos de los treinta, con el asesoramiento del marchante Rudolf J. Heinemann, entraron en la colección Van Dyck, Jan Steen y Gerrit Dou, entre otros.
Ambos museos comparten raíz de coleccionismo: la Mauritshuis procede de las colecciones reales neerlandesas y el Thyssen-Bornemisza nació de la colección privada de una familia de industriales. Dos maneras de mirar el arte que terminaron pareciéndose.
El catálogo abunda en esa idea. Diez escritores españoles y diez neerlandeses han inventado un relato a partir de una pintura, con el amor como hilo conductor. Firmas como Laura Ferrero, Espido Freire, Sara Mesa, Lara Moreno, Antonio Muñoz Molina, Marta Sanz, Juan Tallón, Jesús Terrés, David Uclés y Gabriela Wiener se asoman a De Hooch, Ter Borch, Claesz, Dou, Vermeer, Rembrandt, Avercamp, Coorte, Steen, Brueghel y Rubens.
Habrá además una jornada literaria el próximo 21 de noviembre, con algunos de esos autores. La cita sirve para escuchar cómo una pintura del siglo XVII se convierte en relato de hoy.
La chispa saltó hace tres años, cuando Martine Gosselink, directora del Mauritshuis, buscó el teléfono de Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, y le lanzó una pregunta directa: por qué no hacían un intercambio. Solana aceptó en el acto.
En paralelo, el Museo del Prado refuerza su propio vínculo con los museos neerlandeses. Madrid se consolida así como parada obligada de la pintura holandesa.
Cómo y cuándo visitarla
La muestra puede visitarse en la sede madrileña del Thyssen. Las fechas exactas, los horarios y las entradas se consultan en la web oficial del museo, que también publica las actividades paralelas.
Al otro lado del eje, el Mauritshuis detalla su versión del intercambio en su propia web. La 'Joven de la perla' se ha quedado esta vez en La Haya, aunque haya viajado en otras ocasiones de forma excepcional.
Queda una cuenta pendiente que apunta a una segunda edición: Gosselink todavía espera dar cobijo a la Santa Casilda de Zurbarán que conserva el Thyssen. La historia, por lo visto, continúa.
Ficha técnica
- Título: Obras maestras de La Haya
- Autor o autora: Johannes Vermeer, Rembrandt van Rijn, Frans Hals, Jan Steen, Peter Paul Rubens y Jan Brueghel el Viejo, entre otros
- Qué puedes ver: Veinticinco pinturas del Mauritshuis (1615-1705) en tres salas, con la 'Vista de Delft' como obra destacada
- Recinto y ciudad: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid



