Olvidos a partir de los 60: cuándo es normal y cuándo hay que preocuparse de verdad

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Lo que parece demencia y no lo es: causas reversibles que hay que descartar

Retrato en primer plano de un hombre anciano con las manos cubriendo su cara, mostrando emoción.

Antes de etiquetar un deterioro cognitivo como Alzheimer conviene descartar que no lo sea. Entre un 10% y un 15% de los cuadros que imitan una demencia responden a causas tratables, según las revisiones clínicas que manejan los neurólogos. La más frecuente es la depresión: en un análisis clásico sobre casi 2.900 pacientes, el 13,2% tenía una demencia potencialmente reversible y, dentro de ese grupo, la depresión explicaba el 26% de los casos. Suele reconocerse porque el paciente es muy consciente de sus fallos, se queja de ellos y rinde mejor en las pruebas cuando se esfuerza, algo que no ocurre igual en la enfermedad degenerativa. El término clásico para designarla, 'pseudodemencia', está en desuso, pero la advertencia sigue vigente: tratar el ánimo puede devolver buena parte de la memoria.

La lista de imitadores tratables es larga. Incluye déficit de vitamina B12 o B1 (frecuente en personas con consumo de alcohol), hipotiroidismo, sífilis o VIH no tratados, apnea obstructiva del sueño, hidrocefalia a presión normal, hematomas subdurales y tumores cerebrales. También los fármacos: la polimedicación de los mayores puede producir confusión y olvido, y hay casos documentados de deterioro reversible al retirar un medicamento. La clave está en el ritmo: una demencia degenerativa avanza durante años, mientras que estos cuadros se instalan en semanas o meses. Si el inicio es brusco, con fiebre, desorientación o alucinaciones, se trata de un delirium por infección, alteración metabólica o medicación. Ante la sospecha, la neurología recomienda análisis de sangre y una prueba de imagen cerebral.