Quién paga la Fiesta del Cine: el pacto entre salas y distribuidoras para no perder dinero

Salas y distribuidoras se reparten un margen menor por butaca a cambio de llenar sesiones vacías, relanzar películas estancadas y disparar la venta de palomitas, el negocio que de verdad sostiene a los cines.

Hoy arranca la XXVII Fiesta del Cine y, con ella, la pregunta que se repite cada vez que se forma cola en la taquilla: ¿cómo puede un multicine cobrar 3,50 euros por una sesión que el sábado anterior costaba el doble o el triple sin hundirse? Hasta el jueves 22 de octubre, 321 cines de toda España aplican ese precio, y en las proyecciones 3D o en las salas premium la tarifa puede ser algo mayor aunque también baja. La respuesta corta es que nadie regala nada. La larga tiene que ver con un reparto de ingresos que el espectador casi nunca ve y con un mostrador que huele a mantequilla.

La primera sospecha suele apuntar al dinero público, pero los papeles la desmienten. El convenio que el Instituto de la Cinematografía (ICAA) firmó con exhibidores y distribuidores para esta edición, publicado en el BOE el pasado agosto, reparte tareas antes que cheques. La Federación de Cines de España (FECE) se ocupa de centralizar la producción, la logística y los patrocinios, mientras que Fedicine asume la comunicación del evento, con partidas que rondan los 20.000 euros por entidad.

Son cantidades pensadas para organizar y promocionar la cita, no para compensar la rebaja de cada butaca. Una edición como la de junio movió alrededor de cinco millones de euros en taquilla, de modo que la diferencia de precio la absorben los propios actores privados.

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Lo que queda de los 3,50 euros

Antes de que salas y distribuidoras cobren un céntimo, la entrada pierde peso por el camino. El cine tributa al tipo reducido del 10 % desde 2018, cuando se revirtió la subida al general aprobada en 2012, así que de cada 3,50 euros unos 32 céntimos van a Hacienda y la base se queda en torno a 3,18. A eso se suman los derechos de autor y de intérpretes. La tarifa general que pactaron SGAE y DAMA con los exhibidores se fija en el 2 % de lo recaudado en taquilla una vez descontado el IVA, y el sector ha calculado históricamente que las entidades de gestión se llevan cerca de un 3 % del precio. En la práctica, apenas diez céntimos más.

Edificio del cine Cinesa Deluxe, ubicado en el Centro Comercial Xanadú, a 2 de agosto de 2022
Edificio del cine Cinesa Deluxe, ubicado en el Centro Comercial Xanadú, a 2 de agosto de 2022 | Fuente: Agencias

Quedan algo más de tres euros por entrada para repartir entre quien proyecta la película y quien la trae. En España, el porcentaje medio que reclama el distribuidor ronda el 45 %, y puede ser mayor en los títulos con éxito asegurado, aunque suele bajar a medida que la película acumula semanas en cartel. Con esa referencia, la distribuidora ingresa unos 1,40 euros por espectador y la sala, alrededor de 1,70. En una entrada ordinaria de siete euros (quedándonos cortos últimamente...), el cine se quedaría con cerca de 3,40. Durante estos cuatro días, por tanto, cada butaca rinde a ambos la mitad de lo habitual.

Por tanto, ninguna de las dos partes subvenciona a la otra, porque el porcentaje acordado se aplica sobre una base más pequeña y el sacrificio por entrada es proporcional para ambas. La apuesta es compensarlo con volumen, y los datos de la última edición le dan la razón. Según la FECE, la Fiesta de junio reunió a unos 1,35 millones de espectadores y recaudó la segunda mejor cifra desde la pandemia y la mejor de primavera desde 2019. La propia patronal de exhibidores ha advertido otras veces de que el comportamiento del público durante unos pocos días no puede trasladarse al año entero, una forma de recordar que la rebaja funciona precisamente porque es excepcional.

El hecho de que la cita se celebre de lunes a jueves, cuando muchas salas proyectan con más butacas vacías que ocupadas, evidentemente tampoco es casual. Alquiler, personal, electricidad y mantenimiento de los proyectores se pagan igual con diez espectadores que con doscientos. Cada persona adicional le cuesta casi nada a un cine que ya tenía la sesión programada, y cualquier ingreso por encima de cero mejora la cuenta de resultados de una jornada que, sin promoción, habría sido floja.

El negocio de la Fiesta del Cine está en las palomitas

Para las distribuidoras, la Fiesta del Cine funciona como un segundo estreno. Las grandes producciones de la semana no lo necesitan, pero sí los títulos de recorrido medio que llevan tres o cuatro semanas en cartel y han perdido tirón entre semana. Entre la oferta de esta edición figuran películas como 'Verity', 'Digger', 'El precio de la red', 'Street Fighter' o 'La isla olvidada', junto a 'La bola negra', que continúa en cartelera batiendo récords de taquilla y es el gran atractivo.

En la de Los Javis no se aplica, pero para el resto un empujón de cientos de miles de entradas reactiva el boca a boca y alarga la vida comercial de cintas que se encaminaban a desaparecer de las pantallas.

La primera edición primaveral, en abril de 2014, coincidió con el éxito de 'Ocho apellidos vascos' y atrajo a 1,9 millones de personas, y el cine español sigue sacando partido de estas jornadas. En junio, 'Backrooms' encabezó la taquilla de la Fiesta del Cine con tres títulos españoles colocados entre los diez más vistos. Para una distribuidora pequeña, esa visibilidad vale tanto como el ingreso directo, porque mejora la posición de la película ante las salas en las semanas siguientes.

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Un empleado de Yelmo Cines prepara un cubo de palomitas en la Fiesta del Cine
Un empleado de Yelmo Cines prepara un cubo de palomitas en la Fiesta del Cine | Fuente: Agencias

Los exhibidores, en cambio, miran hacia otro lado del vestíbulo. Todo lo que se cobra en el bar queda fuera del reparto con la distribuidora y de las tarifas de derechos de autor, y los márgenes son descomunales. Un estudio de la OCU sobre 47 muestras de palomitas de cine halló que 100 gramos costaban de media 3,29 euros en la sala frente a unos 0,32 euros en una tienda, una diferencia que supera con holgura el 800 % incluso antes de contar lo que pagan realmente las cadenas por el maíz al por mayor. Los refrescos siguen una lógica parecida.

Uno de cada tres euros que ingresa Yelmo Cines procede de la venta de palomitas

El peso de ese negocio no deja de crecer ya que, en el último ejercicio, uno de cada tres euros que ingresó Yelmo Cines en España procedió de la venta de palomitas y bebidas, y Cinesa ha informado de un aumento del 6,6% en sus ventas de palomitas, una línea que Yelmo y Kinépolis también han priorizado.

La entrada barata funciona como reclamo y la rentabilidad se cobra en el mostrador, donde una familia que pide un menú grande deja más dinero limpio a la sala que sus propias entradas. Así se explican episodios polémicos como el del mencionado Yelmo, que asumió una multa de 12.000 euros por impedir el acceso con comida y bebida del exterior.

La fórmula, eso sí, depende de que el público responda, y no siempre lo hace. La edición de noviembre de 2025 apenas congregó a 862.000 espectadores, la tercera peor cifra de su historia, muy lejos de los 2,5 millones de entradas vendidas en noviembre de 2016. Con la sala medio vacía, el pacto entre exhibidores y distribuidoras se queda en una rebaja sin contrapartida y el bar no tiene a quién vender. Por eso el sector mira esta semana la cartelera con tanta atención como el contador de espectadores.