El primer encuentro público entre Letizia y el entonces príncipe Felipe en 2003 sigue despertando interés más de dos décadas después. Aquel saludo, que en su momento podía parecer una escena protocolaria más, adquiere otra lectura al conocer que ambos mantenían una relación sentimental que todavía no se había hecho pública. La dirección de sus miradas, la posición de las manos y algunos movimientos del rostro son los detalles en los que se ha fijado Javier Torregrosa, experto en comunicación no verbal y CEO de Noverbal.es.
El análisis llega en la semana previa a los Premios Princesa de Asturias, una de las citas destacadas de la agenda de los Reyes, en la que la princesa Leonor tendrá un protagonismo especial. En esta edición también se reconocerá, entre otros, a Leo Messi. La cercanía de la ceremonia ha servido para recuperar aquellas imágenes de Letizia y Felipe VI y examinar qué podían transmitir sus gestos en un momento en el que su relación aún no era conocida por el público.
Letizia y Felipe VI protagonizaron un saludo lleno de matices

Para Javier Torregrosa, uno de los detalles más relevantes de aquel encuentro aparece incluso antes de que Felipe llegue a saludar directamente a Letizia. El entonces príncipe todavía estaba terminando de atender a otra persona de la fila, pero su atención ya parecía orientada hacia quien sería su futura esposa. El experto considera que ese movimiento merece atención porque permite observar cómo cambia la orientación corporal durante una interacción formal.
“Antes incluso de que se produzca el saludo con Letizia, y cuando Felipe todavía está terminando de saludar a la persona situada anteriormente en la fila, hay algo que llama especialmente la atención: su cabeza y su mirada ya se dirigen a ella”, nos empieza a decir el experto, CEO de Noverbal.es.
Torregrosa explica que la posición de la cabeza puede aportar información sobre el foco de atención de una persona. Aunque el resto del cuerpo continúe participando en un saludo, la orientación de la mirada puede dirigirse hacia alguien que despierta un interés particular. En este caso, el especialista destaca que Felipe parecía pendiente de Letizia antes de que llegara su turno de interacción directa.
“El cuerpo puede permanecer todavía vinculado formalmente a una interacción, pero la cabeza comienza ya a señalar dónde está realmente el foco de atención”, nos señala. El experto también repara en un movimiento menos evidente del entonces príncipe. Según su interpretación, Felipe retrae ligeramente los labios hacia dentro mientras termina el saludo anterior. Torregrosa considera que este gesto podría encajar con una reacción de contención emocional, aunque su lectura se apoya en el contexto que hoy conocemos sobre la relación entre ambos.
“Justo en ese instante, Felipe retrae ligeramente los labios hacia dentro. Este gesto puede interpretarse como una forma de inhibición o contención emocional: algo se piensa o se siente, pero no es el momento adecuado para expresarlo. Indudablemente ya se conocían”, nos explica.
El gesto de Letizia al percibir la mirada del entonces príncipe
La reacción de Letizia cuando advierte que Felipe la está mirando constituye otro de los puntos centrales del análisis. Javier Torregrosa observa que la periodista desvía la mirada hacia abajo y lleva la mano derecha al bolsillo. Para el especialista, estos movimientos pueden interpretarse como una forma de reducir la exposición personal durante un momento en el que ambos estaban rodeados de cámaras y compañeros de profesión.
“Consciente de la mirada directa del entonces Príncipe de Asturias, desvía hacia abajo la suya y, además, introduce la mano derecha en el bolsillo. Este gesto se denomina ‘microdisimulación’: una parte del cuerpo se oculta o se retira parcialmente de la interacción. Un gesto indicativo de pudor o cierta vergüenza social”, nos explica.
La interpretación de Torregrosa no implica que Letizia sea una persona tímida. El experto relaciona su reacción con las circunstancias concretas de aquel saludo, cuando su vínculo con Felipe todavía no era conocido públicamente. La presencia de cámaras y de compañeros de profesión añadía presión a una interacción que, en apariencia, debía desarrollarse con normalidad.
“Una posible lectura es que Letizia está saludando públicamente al hombre ‘que ya conoce’ y que ninguno de los presentes todavía sabe y, además, rodeada de cámaras y compañeros de profesión. La cautela era prácticamente obligatoria”, nos asegura. Desde esta perspectiva, el movimiento de la mano y la mirada descendente podrían entenderse como una manera de mantener la discreción. En aquel momento, Letizia y Felipe tenían que desenvolverse en un entorno formal sin hacer pública una relación que, según el análisis del especialista, ya existía. La escena adquiere así un significado diferente al observarla con la información que se conoció después.
Letizia mantuvo el mentón bajo y una mirada contenida

Otro de los aspectos que destaca Javier Torregrosa es la forma en que Letizia establece contacto visual con Felipe. Aunque en determinados momentos sí dirige los ojos hacia él, lo hace con el mentón bajo y una expresión que el experto describe como contenida. Para Torregrosa, esta combinación resulta relevante porque refleja una interacción en la que el contacto existe, pero no se desarrolla de manera abierta.
“Cuando Letizia sí establece contacto visual con Felipe, lo hace manteniendo todavía el mentón bajo y una mirada contenida; conecta, pero mantiene la prudencia que requiere el momento”, nos hace hincapié. El especialista vincula esa prudencia con el carácter público del encuentro. Letizia no estaba en un espacio privado con Felipe, sino en una situación protocolaria en la que cualquier gesto podía ser observado. Por eso, el análisis no se limita a determinar si ambos se miraban, sino que tiene en cuenta cómo lo hacían y qué otros movimientos acompañaban ese contacto visual.
“En estos movimientos podemos observar una gestualidad compatible con galanteo contenido, complicidad y necesidad de disimular públicamente una relación privada”, asevera el experto.
La interpretación cobra interés precisamente porque el contexto histórico permite conocer un dato que los presentes no podían confirmar en aquel momento: Letizia y Felipe eran pareja. A partir de esa información posterior, Torregrosa examina los movimientos que aparecen en las imágenes y plantea una lectura compatible con la existencia de complicidad y con la necesidad de mantener la discreción.
Conviene distinguir, en cualquier caso, entre los gestos que se observan en las imágenes y la interpretación que ofrece el especialista. La posición del mentón, el movimiento de la mirada y la mano en el bolsillo son los elementos en los que se basa su análisis; su significado se plantea a partir de las circunstancias del encuentro y no como una prueba independiente de lo que ambos sentían.



