Olvidos a partir de los 60: cuándo es normal y cuándo hay que preocuparse de verdad

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Señales que justifican pedir cita esta semana, no en la próxima revisión

Manos sosteniendo un calendario con fechas de septiembre rodeadas, rodeado de documentos en una alfombra.

Que un olvido sea normal o motivo de consulta no depende del número de despistes, sino de si interfieren en la vida diaria y en la seguridad. Pedir cita esta semana está justificado cuando se olvidan cosas que acaban de suceder, cuando se repite la misma pregunta una y otra vez o cuando aparecen fallos al tomar la medicación, al pagar facturas o al manejar el dinero. También importa quién detecta el problema: si la persona no es consciente de sus lagunas y son los familiares quienes insisten en consultar, los neurólogos lo interpretan como un primer motivo de preocupación, porque la falta de percepción del déficit sugiere un origen orgánico y no un simple despiste por estrés o falta de atención. A partir de los 60 años es cuando aparecen con más frecuencia los olvidos patológicos; si surgen antes, la consulta se recomienda igualmente para descartar otras enfermedades.

Hay señales que no pueden esperar a la revisión anual. Perderse en un lugar conocido, no recordar la fecha ni dónde se está, colocar objetos en sitios absurdos —una zapatilla en la nevera— o sufrir un accidente doméstico o de tráfico por un despiste apuntan a un problema neurológico y exigen valoración médica sin demora. El motivo para no aplazarlo es que buena parte de las causas de pérdida de memoria son reversibles si se detectan a tiempo: depresión, apnea del sueño, hipotiroidismo, déficit de vitamina B12, consumo de alcohol o efectos de fármacos como los anticolinérgicos y los opioides. Y hay situaciones que obligan a acudir directamente a urgencias: confusión brusca con incapacidad para prestar atención, síntomas neurológicos como dolor de cabeza, dificultades con el lenguaje, problemas de visión o mareos, o pensamientos de hacerse daño.