Olvidos a partir de los 60: cuándo es normal y cuándo hay que preocuparse de verdad

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Los cinco olvidos que son normales a partir de los 60 (y por qué ocurren)

Hombre mayor soplando velas en un cupcake durante la celebración de su 65 cumpleaños en interiores.

Perder las llaves o las gafas, tener un nombre en la punta de la lengua, entrar en una habitación y no recordar a qué se iba, olvidar detalles de una conversación reciente o pasar por alto una tarea futura —tomar la pastilla, una cita marcada— son los cinco olvidos que los especialistas consideran normales a partir de los 60. Todos comparten un mismo mecanismo: entre los 50 y los 60 años arrancan cambios químicos y estructurales en las regiones dedicadas a la memoria, y los lóbulos frontales, que actúan como el fichero que ordena y recupera la información, se vuelven más lentos, mientras que el hipocampo, donde se archiva lo nuevo, se conserva relativamente mejor. El resultado no es que el recuerdo desaparezca, sino que tarda más en aparecer, y cuesta más hacer varias cosas a la vez.

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Lo que distingue estos olvidos de una demencia es que el recuerdo acaba llegando, sobre todo con una pista, y que la persona es la primera en darse cuenta y preocuparse. En el envejecimiento normal las lagunas no interfieren con la vida diaria: se sigue cocinando, gestionando las cuentas o conduciendo sin perderse. Cuando es un familiar quien detecta el problema y el afectado lo niega, o cuando la información se olvida incluso repitiéndola, la sospecha cambia. Conviene descartar factores que agravan estos despistes: falta de sueño, estrés, ansiedad o depresión, y algunos fármacos como benzodiacepinas, antihistamínicos o relajantes musculares. Más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo, pero la mayoría de las quejas de memoria a partir de los 60 no lo son.