Misma enfermedad, distinto diagnóstico: el sesgo de género en medicina que te puede pasar a ti

Los mismos síntomas no reciben el mismo trato según quién los tenga delante. Estos son los datos que explican por qué las mujeres tardan más en recibir un diagnóstico.

Si eres mujer, seguro que más de una vez has salido del médico con la sensación de que no te creían. No es una impresión tuya: tiene nombre, y se llama sesgo de género en medicina.

Lo ha contado estos días una autora de Trendencias desde un lugar incómodo, el de quien lo ha vivido en su propia piel. Ella y su padre comparten una enfermedad rara heredada: mismos síntomas, mismos antecedentes. Y, sin embargo, dos diagnósticos y dos tratos completamente distintos.

Mientras a él se le escuchaba con atención, a ella se le pedía calma. Mientras a él se le ajustaba el tratamiento, a ella se le sugería que no se preocupara tanto.

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Qué es el sesgo de género en medicina (y por qué no es una teoría)

Vamos al lío. El sesgo de género en medicina es la tendencia a interpretar los mismos síntomas de forma distinta según quién los tenga delante. Los dolores gastrointestinales de esta autora formaban parte de la enfermedad cuando los sufría su padre. En ella, eran estrés o nervios.

Un médico llegó a decirle que si tuviera hijos, no estaría tan pendiente de su salud. Una frase que dice más del sistema que de la paciente.

El sesgo de género no es un concepto académico: es la diferencia entre que te crean o tengas que justificar cada síntoma.

La guía de la menopausia que se escribió sin mujeres

Y no es un caso aislado. La Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) dio la voz de alarma con una guía de la AESAN sobre la menopausia. Según denunciaron, las pautas se basaban en estudios hechos solo con hombres, con muestras que mezclaban edades sin criterio.

Ante el revuelo, la AESAN admitió el patinazo, pidió perdón y retiró el documento. Ahora ha encargado un informe nuevo, esta vez con perspectiva de género. Bien, pero tardío.

Y aquí está el dato que duele: en España no fue obligatorio incluir mujeres en los estudios con fondos públicos hasta 2015. Hasta anteayer, vamos.

Se argumentaba que los ciclos hormonales complicaban los gráficos o que había que proteger al feto. La consecuencia: se daba por hecho que cualquier fármaco testeado en hombres funcionaría igual en nosotras. La Unión Europea no actualizó su normativa hasta el Reglamento (UE) nº 536/2014.

Cuando la falta de datos se convierte en riesgo sanitario

Esto no es abstracto. Una auditoría de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) de Estados Unidos desveló que, de diez medicamentos retirados por seguridad, ocho presentaban riesgos mucho mayores para las mujeres.

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El adelgazante fenfluramina dañó las válvulas cardíacas de miles de usuarias. El somnífero Ambien provocó accidentes porque su dosis se diseñó sobre el organismo masculino, obviando que la mujer elimina el principio activo más despacio.

Otro ejemplo de manual es el infarto de miocardio. Es la primera causa de muerte en mujeres, pero se ha tratado como cosa de hombres. Sus síntomas —náuseas, fatiga extrema, dolor en la boca del estómago— se confunden con ansiedad, y eso retrasa la atención.

El Consejo General de la Psicología de España lo recoge: el sistema tiende a achacar síntomas femeninos a la ansiedad. Menos pruebas, menos tratamiento, más muertes tras un primer infarto.

Por qué esto te afecta a ti (aunque no tengas una enfermedad rara)

Llevamos años hablando de la brecha salarial. Del sesgo de género en medicina, mucho menos. Y es igual de real.

La buena noticia es que algo se mueve: la presión ha forzado a la AESAN a rectificar y la ciencia empieza a corregir el rumbo. La mala es que ese vacío no se arregla en un año.

Así que la próxima vez que salgas de la consulta con la sensación de que te han quitado importancia, no lo dejes pasar. Pregunta, insiste, pide una segunda opinión. Tu síntoma no es carácter: es un dato clínico.

🧠 Para soltarlo en la cena

La medicina estudió al hombre y obvió a la mujer.