Astenia de otoño o fatiga crónica: los síntomas que indican que tu cuerpo necesita un descanso antes de que acabe el año

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Por qué el cambio de luz y de hora apaga el cuerpo en octubre

Calendario con cinta rosa, un reloj despertador y el texto 'Revisar senos' significa la Concienciación sobre el Cáncer de Mama.

El cuerpo no se rige por los relojes, sino por la luz. Por eso el arranque del otoño es un doble desajuste: los días se acortan de forma progresiva desde septiembre y, además, la madrugada del 25 al 26 de octubre los relojes se atrasan una hora —a las 3:00 vuelven a ser las 2:00 en toda España—, así que el sol se pone antes y a las siete de la tarde ya es de noche en buena parte del país. Esa pérdida de luz desajusta el ritmo circadiano, el reloj interno de 24 horas que gobierna el sueño, la temperatura corporal, la digestión o la secreción de hormonas. Con menos horas de sol, el cerebro produce más melatonina, la hormona que induce el sueño, y menos serotonina, ligada al estado de ánimo y a la energía: de ahí la somnolencia diurna, la apatía y un cansancio que no se corrige aunque se duerma más.

El problema no es solo ganar o perder una hora de sueño, sino que el reloj social y el solar dejan de coincidir. La luz de la mañana es la señal principal para sincronizar el organismo —adelanta el reloj biológico y ayuda a arrancar el día—, mientras que la luz de la tarde y la noche lo retrasa. En octubre, con amaneceres más oscuros y tardes que se apagan de golpe, esa señal se debilita justo cuando toca madrugar. La Sociedad Española del Sueño advierte de que basta una hora de cambio para desequilibrar el reloj interno y de que el organismo tarda varios días en reajustarse; lo habitual son entre tres y cinco, aunque en niños, mayores, adolescentes, trabajadores nocturnos y cronotipos tardíos puede estirarse hasta una semana. En esos días suben la somnolencia, los fallos de concentración y la irritabilidad, y se acumula la fatiga con la que arranca el resto del otoño.