2El umbral de los seis meses: cuándo la fatiga deja de ser estacional
La astenia de otoño tiene, en teoría, fecha de caducidad. Los cuadros de tristeza y falta de energía asociados al trastorno afectivo estacional suelen remitir con la llegada de la primavera, tras tres a cinco meses, y ni siquiera se diagnostican sin comprobar un patrón repetido en la misma época durante al menos dos años consecutivos. Ese calendario funciona como un termómetro clínico: si la fatiga se va con la luz, hablamos de algo estacional. Pero cuando no se va, el dato deja de ser anecdótico y se convierte en criterio. La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) y los criterios del Instituto de Medicina de 2015 exigen que los síntomas se mantengan más de seis meses para hablar de encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica (EM/SFC). Por debajo de ese umbral, la medicina prefiere hablar de fatiga prolongada o posinfecciosa.
El medio año no es una cifra administrativa: señala el punto en el que la fatiga deja de comportarse como una estación. Lo que caracteriza a la EM/SFC no es solo su duración, sino su naturaleza. Aparece sin guardar proporción con el esfuerzo previo, no mejora con el descanso y viene acompañada de malestar posesfuerzo —un empeoramiento tras tareas mínimas, físicas o mentales—, sueño no reparador, dificultades de concentración o intolerancia ortostática. La Sociedad Española de Medicina General y de Familia estima que hasta el 90% de las personas afectadas está sin diagnosticar, con una prevalencia global en torno al 1%, concentrada entre los 30 y los 50 años y con el doble de casos en mujeres. Las guías NICE de 2021 retiraron el ejercicio gradual como terapia; el abordaje recomendado hoy es el pacing, dosificar la energía disponible.
