1Siete señales que diferencian la astenia otoñal del cansancio normal
Lo que separa la astenia otoñal del cansancio corriente no es su intensidad, sino su origen y su respuesta al descanso. Mientras el agotamiento normal aparece después de un esfuerzo intenso o prolongado y se disipa con una noche de sueño, la astenia se instala con esfuerzos mínimos —o directamente sin haber hecho nada— y apenas mejora por mucho que se duerma. A esa fatiga desproporcionada se suma la somnolencia diurna: con menos horas de luz, el organismo adelanta la secreción de melatonina y la produce antes de tiempo, de modo que a media tarde cuesta mantener los ojos abiertos. El tercer rasgo distintivo es la duración: la astenia otoñal se mueve entre unos días y dos o tres semanas, el tiempo que tarda el cuerpo en reajustarse al nuevo fotoperiodo, y suele ser leve y pasajera, ligada a septiembre y octubre.
Junto al cansancio, la astenia trae un cortejo de síntomas que el simple agotamiento no suele incluir: apatía, dificultad para concentrarse y fallos de memoria reciente, dolor de cabeza, tristeza o irritabilidad sin motivo aparente, más somnolencia y cambios en el apetito, con tendencia a comer de más. Puede acompañarse también de menor libido y de defensas más bajas. El perfil más frecuente en consulta son mujeres de 30 a 45 años con mucha carga de responsabilidad, y se calcula que en torno al 10% de la población nota algún síntoma, aunque solo entre el 1% y el 3% llega a desarrollar un trastorno afectivo estacional. Para no confundirla con algo de fondo: si el agotamiento se alarga más de tres o cuatro semanas, viene con pérdida de peso o se mantiene igual tras dormir bien, conviene descartar anemia, hipotiroidismo, fatiga crónica o depresión.
