El 42% de los universitarios se saltan clases con regularidad, según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El fenómeno se ha consolidado en los campus españoles y condiciona la forma en que se imparte la docencia y el valor del título.
¿Qué dicen los datos sobre el absentismo universitario?
La investigación, elaborada por la Universidad Autónoma de Barcelona y difundida este año, describe el absentismo universitario como un patrón asentado y no como una excepción de última semana de curso. Los docentes calculan que la asistencia media real ronda el 60,7%.
El foco está en los grupos extremos. Un 16,7% del profesorado califica la situación de crítica, con aulas en las que más del 60% de los matriculados no aparece. Ocurre en todas las facultades.
Desde el otro lado, el 53,9% de los estudiantes asegura que asiste a más del 80% de sus clases. La letra pequeña de la misma encuesta matiza el dato: un 23% reconoce ir a menos del 60% y un 40% admite haber abandonado por completo el seguimiento presencial de alguna asignatura. Las versiones no coinciden.
¿A quién afecta y por qué se falta a clase?
En los grupos de trabajo con decanatos y direcciones de centro, el diagnóstico se repite: el material está a un clic y la clase solo atrae cuando aporta criterio, no información repetida. Varios centros reconocen que, cuando el alumnado falta porque ya tiene los apuntes, la docencia no está funcionando como debería.
Hay otro factor de fondo. El 78,9% del alumnado busca ante todo el título para trabajar, mientras que solo un 14,7% declara un interés intelectual. Juan Carlos Rodríguez, sociólogo e investigador en Funcas, vincula esa distancia con la masificación de los estudios superiores: al crecer el volumen de matriculados, sostiene, baja la media de interés, de vocación y de conocimientos previos.
La asistencia ya no garantiza el aprobado ni la ausencia lo impide: la pregunta de fondo es qué aporta hoy una clase presencial.
A eso se suma el desgaste del profesorado. El informe subraya que el absentismo desmotiva a los docentes y que la evaluación única actúa en muchos casos como incentivo indirecto para alejarse del aula, porque desliga el aprobado de la asistencia continuada. Faltar no tiene coste académico.
Las universidades a distancia no han dejado de crecer desde la pandemia. En el lado opuesto, los grados que obligan a firmar mantienen el aula llena, según recoge el propio estudio. El control funciona.
Cómo se llegó hasta aquí: del confinamiento a la inteligencia artificial
Medir la evolución histórica del absentismo resulta complejo por la falta de registros oficiales continuados. La percepción desde el aula es otra cosa: Rodríguez sostiene que la ausencia ha ido a más de forma progresiva a lo largo de sus tres décadas de docencia.
El punto de inflexión llegó con la pandemia. Para este investigador, la brecha no la abrió la crisis sanitaria en sí, sino la respuesta que dio el sistema: el mensaje de que no hacía falta ir a clase y bastaba con seguir la materia online. Además, aprobó casi todo el mundo, lo que, a su juicio, normalizó la idea de que valía cualquier cosa. No fue solo el virus.
A ese cóctel se han sumado la inteligencia artificial, que facilita el aprendizaje por libre, y el diseño del plan Bolonia, el marco europeo de titulaciones que prioriza la evaluación continua y los trabajos, no siempre bien planteados. Las facultades se preguntan ya si la universidad presencial ha quedado obsoleta.
Sobre la mesa quedan varios frentes: revisar el modelo de evaluación, aprovechar la clase para el criterio, y decidir qué papel juega la inteligencia artificial en el estudio. Sin cambios, advierten desde las direcciones de centro, el riesgo es que el título pierda prestigio y que la asistencia acabe dependiendo solo de la firma obligatoria.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: El 42% de los universitarios falta a clase con regularidad, según un estudio de la UAB.
- 👥 Quiénes son los afectados: Estudiantes y profesorado de las universidades presenciales españolas.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: Menos aprendizaje en el aula y un posible desprestigio del título si la asistencia deja de aportar valor.




