3Qué hay de cierto en eso de 'desinflamar el vientre en 3 días'
Lo primero que conviene aclarar es que deshincharse no es adelgazar. La distensión abdominal afecta a entre el 20% y el 25% de la población y, en la mayoría de los casos, responde a gas acumulado, retención de líquidos o un tránsito intestinal lento, no a un aumento real de grasa. Cuando en pocos días la báscula baja uno o dos kilos, ese peso corresponde sobre todo a agua —asociada al exceso de sal y alcohol—, a glucógeno muscular y hepático que arrastra líquido, y al propio contenido intestinal. Por eso sí es posible notar la tripa menos abultada en tres días si se reduce el sodio, se evitan los ultraprocesados, las bebidas carbonatadas y el alcohol, se bebe suficiente agua y se toman preparaciones de fácil digestión. Un caldo de hortalizas encaja en esa lógica: aporta agua, fibra soluble y potasio, y suele ser bajo en calorías y en sal si no se abusa del cubito.
Ahora bien, la promesa de "desinflamar el vientre en 3 días" tiene truco cuando se vende como depuración. El hígado y los riñones ya eliminan los desechos por sí solos, y no hay evidencia sólida de que las dietas detox aporten nada extra. Lo que realmente ocurre con las pautas muy restrictivas es una pérdida de agua y de masa muscular, no de tejido adiposo, y un efecto rebote casi inmediato cuando se vuelve a comer con normalidad. Los especialistas insisten en que eliminar grupos enteros de alimentos dispara la ansiedad y el almacenamiento de grasa visceral, y en que los cambios que funcionan son los sostenibles: menos sal, más fibra, verduras, legumbres y alimentos ricos en potasio, junto con actividad física. Si la hinchazón es persistente, dolorosa o intensa, conviene descartar intolerancias, celiaquía, sobrecrecimiento bacteriano o colon irritable antes de culpar al menú.
