En Argüelles hay una tienda donde la gente hace cola por cartas de Pokémon a la 1:00 de la madrugada. Nadie va a abrir los sobres.
La cola que dio la vuelta a la manzana
El pasado viernes 18 de septiembre, la fila para entrar en Metrópolis Center rodeaba la manzana. Sacos de dormir, latas de bebida energética y gente esperando una puerta que no se abría hasta las 11:00. Nadie pensaba abrir los sobres: el plan era revenderlos por internet al triple de su precio. 'Aquí especula todo el mundo', resumía uno de los primeros de la cola.
El detonante fue la edición del 30 aniversario, con más de 150 cartas holográficas y el primer lanzamiento mundial simultáneo de la saga, a la venta desde el 16 de septiembre. Metrópolis limitó la compra a una unidad por cliente. No sirvió de nada.
La tienda abre desde 1996, el mismo año en que nació Pokémon. Marco Casero lleva once años allí al frente de las compras de producto, viaja tres veces al año a Japón —a tiendas de Tokio, Osaka, y Kioto— y vuelve con la maleta llena de sobres que no se ven por aquí. También despacha Magic, Yu-Gi-Oh! y One Piece.
Cuando habla de Pokémon, el vocabulario se le vuelve bursátil: datos, gráficas y predicciones a corto y medio plazo. Habla de diversificar la cartera para controlar el riesgo y sostiene que la fiebre despegó con la pandemia, cuando empezó a llegar gente sin interés genuino por la saga. En seis años, la tienda pasó de 5 a 30 empleados.
El día que un sobre cerrado pasó a valer más que las cartas de dentro, el coleccionismo dejó de ser un hobby.
De álbum de cromos a producto financiero
Fuera de las tiendas hay circuito propio. Cada domingo, de 9:00 a 14:00, el Rastro de Puerta de Toledo se llena de comerciantes que abren sus álbumes, y cualquiera puede sumarse con su colección. Hay otro punto, más pequeño, en la Plaza de Quintana, centrado en combates.
La escasez de producto oficial empuja a los jugadores hacia este mercado paralelo, donde el riesgo se llama falsificación: cartas más gruesas, con un tacto distinto. Ahí está el negocio.
El sector tiene su termómetro: el PV100, un índice con cien cartas en inglés sin graduar, todas con el mismo peso y actualizado a diario. Desde comienzos de 2024 sube un 168,5%, frente al 62,2% del S&P 500 en el mismo periodo. Entre las piezas más caras hay una Latias & Latios GX tasada en 3.910 dólares y una Umbreon VMAX en 2.282. No es nostalgia, es rentabilidad comparada.
Miquel, Akkerman en redes, lleva diez años comprando y calcula su cartera en más de medio millón de euros. Su estrategia es doble: acumular cajas sin abrir, que se revalorizan como el oro, y cazar piezas únicas. Su tesoro es un Rayquaza de una tirada de nueve ejemplares, comprado por 50.000 euros y valorado hoy en 700.000. El resto es matemática.
Para certificar el estado de una carta están empresas como PSA (Professional Sports Authenticator), que por unos 50 euros revisan color, rugosidad y bordes, la sellan al vacío y le ponen una nota del 1 al 10. Esa nota decide si la pieza vale 50 euros o 6.000, y en Metrópolis ya hay varias que pasan de esa cifra.
El siguiente escalón son las apps. CollectR, con más de once millones de usuarios y 800.000 nuevos cada mes, parece un neobanco: te muestra la cartera y te deja comprar y vender. Desde 2023 sus ventas se han multiplicado por cinco. En eBay, las búsquedas de cartas japonesas subieron más de un 150% este año.
Esto ya lo vimos con las zapatillas y con los NFTs
El caso que disparó el mercado no fue una compra, sino una venta. El 16 de febrero de 2026, Logan Paul subastó su Pikachu Illustrator de 1998, la única con calificación perfecta PSA 10, y la vendió por 16,49 millones de dólares al inversor AJ Scaramucci. La había comprado en 2021 por 5,3 millones. Es la carta coleccionable más cara jamás subastada.
La mecánica tampoco es nueva. Las zapatillas de edición limitada vivieron lo mismo: colas, reventa, apps de precios y una burbuja que se desinfló cuando el mercado se llenó de pares. Los NFTs hicieron su versión digital. La diferencia es que aquí debajo hay algo físico y escaso con tres décadas de nostalgia, así que el suelo parece más sólido. Mi lectura: no es un espejismo, pero quien compre sin distinguir una falsificación va a pagar la fiesta.
Ayuda a dimensionarlo que la auditoría de PwC en Tokio, de marzo de 2026, eleve el negocio acumulado de la franquicia por encima de los 150.700 millones de dólares, muy por encima de los 90.000 que se le atribuían. Con ese suelo, el juego de cartas coleccionables no necesita más hype: le basta con quien ya está dentro.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Cientos de personas hicieron cola desde la 1:00 en una tienda de Argüelles para comprar y revender.
- 🔥 ¿Por qué importa? El índice PV100 sube un 168,5% desde 2024, más del doble que el S&P 500.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es un mercado con reglas de bolsa, y el que no distinga falsificaciones paga el pato.




