Otoño astronómico vs. meteorológico: por qué los meteorólogos ya llevan 20 días en otoño

El otoño meteorológico arrancó el 1 de septiembre, pero el astronómico no llega hasta el 23. Te explicamos por qué España vive dos otoños distintos cada año.

El otoño ya está aquí, aunque según a quién le preguntes te dirá una fecha distinta. Si has escuchado a un meteorólogo hablar de "este otoño" durante las últimas tres semanas y te ha sonado raro, no te has perdido nada: no se ha adelantado al calendario, simplemente usa otro calendario.

La clave está en que existen dos maneras oficiales de marcar el cambio de estación, y ambas son correctas. Mientras el otoño meteorológico comenzó el pasado 1 de septiembre, el astronómico —el que aprendimos en el colegio— no llega hasta la madrugada del 23 de septiembre. Ahí es donde surge la confusión.

Otoño: dos calendarios para una misma estación

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Para los meteorólogos, dividir el año en estaciones de tres meses exactos —diciembre-enero-febrero, marzo-abril-mayo, y así sucesivamente— facilita enormemente el análisis estadístico. Comparar la temperatura media de "el otoño de 2020" con la de "el otoño de 2026" solo tiene sentido si ambos periodos abarcan exactamente los mismos días del año.

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Por eso, para ellos, septiembre, octubre y noviembre son otoño de principio a fin, sin excepciones. Es una convención práctica, no un error ni una moda pasajera. Lleva décadas usándose en todos los servicios meteorológicos del mundo, incluida la AEMET.

El otoño que marca el Sol

El otoño astronómico, en cambio, no depende de ningún convenio humano: lo marca la posición exacta de la Tierra respecto al Sol. Se rige por el equinoccio, el instante en que el centro del Sol cruza el ecuador celeste y el día y la noche tienen prácticamente la misma duración en todo el planeta.

Este año, ese instante llegará el miércoles 23 de septiembre a las 02:05 horas en la Península y Baleares, y a la 01:05 en Canarias, según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. A partir de ahí, la estación durará unos 89 días y 21 horas, hasta que el 21 de diciembre dé paso al invierno.

Por qué el calendario del cole no siempre acierta

A muchos nos enseñaron que el otoño "siempre" empieza el 21 de septiembre. La realidad es más caprichosa: el inicio astronómico puede caer entre el 21 y el 24 de septiembre, dependiendo del año. No es un fallo del sistema, sino consecuencia de que el año trópico —el tiempo real que tarda la Tierra en completar su órbita— no encaja de forma perfecta con los 365 días del calendario gregoriano.

Durante todo este siglo XXI, en España el equinoccio de otoño solo caerá en dos fechas posibles: el 22 o el 23 de septiembre. Este año le toca al 23, y no volverá a adelantarse hasta dentro de varios años, así que conviene ir acostumbrándose a esta fecha por un tiempo.

Lo que cambia (y lo que no) con cada otoño

El verano que se despide este año ha durado aproximadamente 93 días y 16 horas desde el solsticio del 21 de junio. Con el equinoccio, el proceso se invierte: los días empiezan a acortarse de forma notable y las noches ganan terreno de manera progresiva hasta el solsticio de invierno.

Septiembre trae además su propia agenda astronómica, casi como si la naturaleza quisiera celebrar el cambio de estación por todo lo alto:

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  • Dracónidas: lluvia de meteoros con máximo hacia el 8 de octubre.
  • Oriónidas: su punto álgido llega sobre el 21 de octubre.
  • Leónidas: visibles con mayor intensidad hacia el 17 de noviembre.
  • Gemínidas: cierran la temporada con su máximo el 14 de diciembre.

Ninguno de estos fenómenos depende de qué calendario uses para hablar de otoño: ocurren igual, los llames como los llames.

Qué esperar de aquí a diciembre

Con dos otoños conviviendo en el mismo calendario, lo más sensato es quedarse con la idea de fondo: ambos describen la misma realidad desde ángulos distintos. Uno mira al Sol, el otro mira los datos. Ninguno está "equivocado", y saber distinguirlos evita más de una discusión de sobremesa en las próximas semanas.

Lo que sí es seguro es que, miremos el calendario que miremos, las tardes ya se acortan y las mañanas empiezan a pedir manga larga. El cambio real, el que se nota en la piel, no entiende de convenciones ni de equinoccios: simplemente llega, poco a poco, mientras discutimos sobre qué fecha es la correcta.