Luz y gas: así puedes renegociar tu tarifa fija antes de que lleguen las primeras facturas altas del otoño

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Luz y gas son dos contratos distintos: se negocian por separado

the word gas painted on the side of a blue wall

La primera cosa que conviene tener clara antes de sentarse a negociar es que la luz y el gas son dos suministros independientes, con dos contratos distintos que pueden estar en manos de la misma comercializadora o de dos empresas diferentes. Cada punto de suministro tiene su propio CUPS (Código Universal de Punto de Suministro) y su propio titular, de modo que un cambio en uno no obliga a mover el otro. Las tarifas duales, que unifican ambos servicios en una sola factura, se venden por comodidad, pero no siempre salen a cuenta: las mejores ofertas de luz no suelen estar en las comercializadoras que lideran los precios más bajos del gas. Comparativas recientes sitúan el ahorro de separar ambos contratos entre 40 y 90 euros al año según el perfil de consumo del hogar.

Separar los contratos tiene consecuencias que van más allá del precio. El bono social eléctrico exige estar acogido al PVPC, en el mercado regulado, con una comercializadora de referencia, algo incompatible con las tarifas duales, que operan siempre en mercado libre. En el gas, la alternativa pública es la tarifa de último recurso (TUR), regulada por el Gobierno, que se revisa cada tres meses, no tiene permanencia y solo la pueden ofrecer las comercializadoras de referencia. Los expertos recomiendan plantearse la separación cuando los consumos de luz y gas son muy dispares —por ejemplo, calefacción eléctrica con poco gas para cocina y agua caliente— y mantener la tarifa única cuando priman la sencillez administrativa y los descuentos por combinar ambos servicios son de verdad sustanciales.