Luz y gas: así puedes renegociar tu tarifa fija antes de que lleguen las primeras facturas altas del otoño

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El dato que necesitas antes de llamar: tu €/kWh y tu potencia contratada

Antes de marcar el número de tu comercializadora, saca la última factura y localiza dos casillas. La primera es el término de energía: lo que pagas por cada kilovatio hora (€/kWh). Si tu contrato es de precio fijo y único, verás una sola cifra; si tiene discriminación horaria, aparecerán los precios de punta, llano y valle, y lo que negocies tendrás que compararlo con tu consumo real en cada tramo. La segunda es la potencia contratada, en kilovatios (kW): en la tarifa doméstica 2.0TD viene desdoblada en punta y valle. Apunta además el consumo de los últimos doce meses en kWh y el tipo de contrato (precio fijo, indexado o PVPC). Con esos cuatro datos se negocia sin que te vendan humo, y la propia factura incluye un código QR que abre el comparador de ofertas de la CNMC ya precargado con tu potencia y tu consumo.

La potencia es el dato que más pesa en la parte fija y el que casi nadie revisa: se paga todos los días del año aunque no enciendas nada, y cada kW contratado cuesta en torno a 28 euros anuales antes de impuestos, unos 35 con impuestos. Por eso conviene mirar la «potencia máxima demandada» que figura en la factura: si en el último año no te has acercado al límite, probablemente pagas capacidad de más. Bajarla es casi gratis, se tramita en remoto y desde 2024 puede ajustarse en tramos de 0,1 kW, pero solo se admite un cambio cada doce meses y recuperar después ese kilovatio cuesta alrededor de 45 euros más IVA. En el gas, donde no existe potencia contratada, las cifras equivalentes son el consumo anual en kWh y los términos fijo (€/mes) y variable (céntimos/kWh) del contrato. Y si al llamar te anuncian una subida en una tarifa fija, ten presente el criterio que la CNMC fijó en junio de 2025: la comercializadora no puede trasladarte antes del vencimiento el alza de los costes de los servicios de ajuste del sistema.