La Fiesta del Queso de Zuheros reparte 8.000 kilos de queso entre 15.000 visitantes del 17 al 20 de septiembre. Vale, lo reconozco: los planes de otoño me pierden cuando huelen a queso curado y a pueblo blanco.
Zuheros tiene menos de 600 habitantes, pero durante cuatro días se convierte en la capital informal del queso artesano. La 23ª edición junta a queserías de toda España, y el Patronato Provincial de Turismo de Córdoba, en datos recogidos por Trendencias, calcula que se despachan unos 8.000 kilos. No es una cifra inflada: entre degustaciones, compras y tablas que vuelan, hacer números da hambre.
Qué te vas a encontrar cuando llegues al pueblo
El plan es sencillo: paseas, pruebas, compras y repites. Hay quesos de cabra, de oveja y de vaca con distintas curaciones, y la gracia es hablar con los propios productores. Aquí no hay intermediarios ni postureo, y se nota. Además, Zuheros lleva todo el año viviendo del queso: la Sierra Subbética es zona de ganadería y de elaboración artesana.
Y si te pica la curiosidad más allá de los puestos, el pueblo tiene un casco urbano que parece hecho para Instagram: calles estrechas, fachadas encaladas y el castillo sobre la roca con la plaza de la Paz como escenario. La iglesia de Nuestra Señora de los Remedios y el Museo de Costumbres suman contexto sin esfuerzo.
Eso sí, no vengas solo por la foto. La Cueva de los Murciélagos está a unos cuatro kilómetros y es el plan estrella: 415 metros de recorrido, 65 metros de profundidad y unos 700 escalones. La visita es guiada, con plazas limitadas y sin fotos dentro. Reserva antes y lleva calzado con agarre; suena a exigencia, pero evitas un resbalón tonto.
Ocho mil kilos de queso en un pueblo de 600 habitantes: si haces las cuentas, tocan más de 13 kilos por vecino.
Dónde comer para no fallar con el queso
En un pueblo tan pequeño, la oferta justa se agradece. El Restaurante Zuhayra tira de cocina cordobesa clásica: salmorejo, flamenquín y queso local sin salir del guion. Si prefieres algo más informal, El Rincón del Paseo tiene terraza, vistas al castillo y precios económicos. El Bar Enreo es la tercera vía para tapear sin ceremonia. Vamos, que no te quedas sin mesa.
Y un detalle que pocos te cuentan: los alrededores alargan el plan. El sendero del río Bailón atraviesa roca caliza antes de llegar al pueblo, y la Vía Verde del Aceite conecta con Doña Mencía y Luque. Si te sobra tiempo, Cabra está a unos 20 kilómetros y merece la pena. Aunque, después de una jornada de cuevas y queso, lo normal es volver a por otra cuña.
¿Merece la pena una escapada solo para comer queso?
Yo no lo dudaría mucho. Otra feria gastronómica puede ser un mercadillo disfrazado, pero aquí el queso es serio por tradición, no por marketing. La edición 23 no se improvisa: si llevas más de dos décadas reuniendo a 15.000 personas, algo se está haciendo bien. El plan ideal es ir temprano, probar sin prisa, dormir cerca y dedicar el día siguiente a la cueva y al sendero.
Eso sí, si vas solo a comprar queso, quizá no amortices el viaje. La feria es la excusa perfecta para conocer el pueblo entero. Si solo quieres llenar la nevera, mejor busca productores online; pero te perderías el encanto de comerte una cuña mirando al castillo. Y eso, ya me contarás, no tiene precio.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 4 días de feria. Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: ve a primera hora del sábado, evitas aglomeraciones y pillas los quesos más curados antes de que vuelen.



