4Ni 22:00 ni 23:00: lo que el estudio de 88.000 personas realmente concluyó sobre el corazón
El dato que dio la vuelta al mundo nació en noviembre de 2021, cuando un equipo de la Universidad de Exeter publicó en European Heart Journal – Digital Health un análisis de la cohorte británica UK Biobank con 88.926 adultos de edad media 61 años. A diferencia de los cuestionarios habituales, los investigadores midieron el inicio del sueño con acelerómetros que los voluntarios llevaron en la muñeca durante siete días y después siguieron su salud cardiovascular durante una media de 5,7 años: en ese periodo, 3.172 personas (el 3,6 %) sufrieron un infarto, un ictus, una insuficiencia cardíaca u otra enfermedad cardiovascular. La conclusión no fue una hora mágica, sino una curva con forma de U: tomando como referencia dormirse entre las 22:00 y las 22:59, conciliar el sueño entre las 23:00 y la medianoche elevaba el riesgo un 12 %, después de medianoche un 25 % y antes de las 22:00, un 24 %. Dormirse tarde no era, ni mucho menos, el único extremo peligroso.
Lo que hace a este trabajo merecedor de estar en la lista es lo que sus propios autores se apresuraron a matizar y que los titulares posteriores acabaron enterrando. El estudio es observacional y no demuestra causalidad, como recordó David Plans, uno de los investigadores principales: acostarse a una hora concreta no provoca por sí solo una dolencia cardíaca, y el horario podría ir asociado a otros hábitos de vida. Además, la asociación fue más acusada en mujeres, mientras que en hombres solo resultó significativo el hecho de dormirse antes de las 22:00. La hipótesis de fondo apunta al ritmo circadiano: desviarse del momento en que el reloj interno espera dormir, o no recibir la luz de la mañana que lo resincroniza, altera la presión arterial y el metabolismo. Cuando en 2025 el hallazgo se viralizó en redes sociales, muchos lo redujeron a una "hora exacta"; la ciencia, en realidad, concluyó algo más matizado: el corazón tiene horario, pero de ventana, no de minuto.
