7San Lorenzo de El Escorial: monumento, montaña y claridad de septiembre
San Lorenzo de El Escorial se desmarca en septiembre por una combinación difícil de igualar, y todo arranca a apenas 45 minutos del centro de Madrid, en Cercanías o en el histórico Tren de Felipe II. Su eje es el Real Monasterio, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984 y bautizado en su época como la octava maravilla del mundo: mandado construir por Felipe II entre 1563 y 1584 para conmemorar la batalla de San Quintín, el conjunto herreriano despliega una fachada de 207 metros orientada al monte Abantos, más de 4.000 estancias y una biblioteca con decenas de miles de volúmenes. Con la canícula ya superada, la visita recupera su tempo: menos colas en la Lonja, menos calor en patios y salas y una luz de septiembre que acaricia el granito y recorta la sobria silueta del edificio contra un cielo cada vez más limpio.
Pero el plan se completa fuera de los muros, donde el municipio se asoma a la sierra. El monte Abantos corona a 1.753 metros y a sus pies se extiende el bosque de La Herrería, espacio protegido de casi 500 hectáreas con castaños, robles y senderos que ascienden hasta la Silla de Felipe II, el mirador desde el que, según la tradición, el rey vigilaba las obras del monasterio. En septiembre el Arboreto Luis Ceballos reanuda su programa gratuito de fines de semana con talleres y sendas guiadas por los tesoros de Abantos, y las temperaturas, con máximas medias en torno a 22 grados, invitan a caminar sin prisas. Con los primeros tonos ocres asomando en el pequeño hayedo escondido y el aire más seco, las panorámicas ganan nitidez: el monasterio a los pies y, en los días despejados, la silueta de Madrid recortándose al fondo.
