6Patones de Arriba, la piedra negra y el sabor de la Sierra Norte
Patones de Arriba cuelga de un barranco del Valle del Jarama, a unos 60 kilómetros de Madrid, y su silueta de pizarra es el gran reclamo de la Sierra Norte. Declarado Bien de Interés Cultural en 1999 como Conjunto Histórico, es el mejor exponente madrileño de la arquitectura negra: casas de muros y tejados de lajas del mineral que aflora en la propia ladera, con escasas ventanas para resistir el frío. Ese aislamiento forjó la leyenda del 'Rey de Patones', figura hereditaria que gobernó la comunidad hasta el siglo XVIII y que, según la tradición local, mantuvo el pueblo invisible incluso para las tropas napoleónicas. En septiembre, con temperaturas suaves y menos bullicio que en pleno verano, sus callejones empedrados recobran el ritmo pausado y las eras, antiguas explanadas de trilla convertidas en miradores, regalan las primeras vistas doradas del embalse de El Atazar.
La gastronomía es el otro gran argumento para acercarse en esta época. Como el acceso rodado al casco está restringido, lo habitual es dejar el coche en Patones de Abajo y subir por la Senda del Barranco, unos veinte minutos de paseo que abren el apetito antes de sentarse en los restaurantes, muchos instalados en antiguas casas de pizarra. Allí manda la cocina castellana de montaña: cabrito lechal asado en horno de leña, migas de pastor, judiones, cordero y carnes a la brasa, acompañadas de vinos de la Comunidad de Madrid y servidas en terrazas con vistas a la sierra. El producto de proximidad —miel, quesos y verduras de la huerta del Jarama— refuerza el sabor serrano, y en septiembre los menús incorporan setas de temporada. Quien quiera alargar el plan tiene senderos hacia el Cancho de la Cabeza o el Pontón de la Oliva, y el autobús desde Plaza de Castilla permite volver a la capital sin necesidad de coche.
