WAH: cinco horas para escapar de la realidad y vivir una experiencia única

Hay espectáculos a los que se va y experiencias de las que se sale. WAH pertenece, al menos sobre el papel, a la segunda categoría. Su propuesta no empieza cuando se apagan las luces ni termina cuando cae el telón. En realidad, la función comienza bastante antes de que aparezcan los primeros acordes y continúa después de que los artistas abandonen el escenario. Entre medias hay comida, tecnología, música, personajes, luces, celebración y una historia que convierte al público en parte de una resistencia imaginaria. 

El próximo 17 de septiembre, WAH regresa a Madrid con su sexta temporada. Lo hace en El Espacio WAH en IFEMA, en un espacio de más de 5.000 metros cuadrados concebido para que el espectador se mueva por diferentes ambientes y atraviese tres actos distintos. La experiencia completa alcanza las cinco horas, . La diferencia es importante porque explica mejor qué pretende ser WAH: una experiencia de entretenimiento diseñada para que el público permanezca dentro de su universo durante varias horas.  

WAH espectáculo
Fuente: WAH

La historia es sencilla y deliberadamente cinematográfica. En un futuro distópico, la Nación Omega ha conseguido silenciar el mundo y prohibir la música. Frente a ese poder se organiza la resistencia WAH, empeñada en recuperar las canciones que han desaparecido. El espectador no contempla la batalla desde fuera: está invitado a formar parte de ella. La música, en consecuencia, deja de ser únicamente una sucesión de canciones conocidas y se convierte en el elemento que articula la ficción. 

Publicidad

Es una manera inteligente de justificar el despliegue. Porque WAH no quiere limitarse a poner música en un escenario. Quiere construir alrededor de ella un mundo. 

Ese mundo empieza en el Food Hall, una suerte de espacio gastronómico dentro del propio espectáculo, con 14 estaciones de comida con propuestas procedentes de los cinco continentes: sushi, cocina mexicana, , tapas españolas y otras alternativas que convierten la comida en una parte más del recorrido. Aquí no existe todavía la separación tradicional entre gastronomía y espectáculo. Comer es parte de la dramaturgia. 

La idea responde también a una transformación evidente en la manera de consumir ocio. El espectador contemporáneo parece pedir cada vez menos compartimentos estancos. Quiere cenar mientras escucha música, fotografiar un espacio, participar en una fiesta y asistir después a un espectáculo. WAH reune  todas esas posibilidades en una sola entrada. 

WAH
Fuente: WAH

Después llega el WAH Theatre, el centro de gravedad de la experiencia. Más de 40 artistas participan en un espectáculo que combina música en directo, tecnología y puesta en escena. El repertorio atraviesa géneros y épocas: rock, pop, ópera, flamenco o electrónica aparecen integrados en un recorrido que busca que el público reconozca las canciones y, al mismo tiempo, las descubra transformadas por el formato. 

La tecnología desempeña aquí un papel fundamental. La producción utiliza sonido envolvente de 360 grados y una gran pantalla LED de 240 metros cuadrados. No son simplemente elementos decorativos: forman parte de una estrategia que pretende envolver al espectador y reducir la distancia entre la audiencia y el escenario. En un momento en que buena parte del entretenimiento compite por la atención del público mediante estímulos audiovisuales cada vez más sofisticados, WAH apuesta por convertir el espacio entero en pantalla, escenario y narración. 

Hay musical, concierto y espectáculo de variedades. Y precisamente esa mezcla constituye su principal singularidad. WAH no parece especialmente interesado en que el espectador pueda definirlo con una sola palabra. 

WAH estrena nueva temporada en septiembre
Fuente: WAH

El tercer acto conduce a La Catedral, donde la lógica del espectáculo se transforma en la de la celebración. La música continúa con DJs y performances y el público puede prolongar la noche entre cócteles y ambiente festivo. De esta forma, el final no funciona como un punto final convencional, sino como una prolongación del plan. 

Publicidad

Incluso la existencia de una WAH Store, con discos, libros, prendas utilizadas en el espectáculo y otros objetos relacionados con la producción, completa esa idea de universo propio. WAH no quiere quedarse en el escenario: pretende generar una identidad reconocible que el espectador pueda llevarse consigo. 

Es precisamente ahí donde WAH encaja con una tendencia más amplia de la cultura contemporánea: la transformación del espectáculo en experiencia. Frente a la lógica de consumir una obra durante dos horas, se impone otra en la que importa tanto lo que sucede antes y después como aquello que ocurre sobre el escenario. 

En ese sentido, la ubicación en IFEMA no es anecdótica. El espectáculo ocupa un recinto asociado tradicionalmente a ferias, congresos y grandes acontecimientos y lo transforma en un territorio de entretenimiento. La escala del espacio permite que la experiencia se parezca más a un pequeño mundo autónomo que a una sala de espectáculos convencional. 

Espectáculo de WAH.
Fuente: WAH

El éxito acumulado explica que WAH haya llegado a una sexta temporada. Según los datos facilitados por la organización, el proyecto ha superado las 1.200 funciones y los 550.000 espectadores. Y el reconocimiento Travellers' Choice de Tripadvisor, que lo sitúa entre el 10 % de las mejores experiencias del mundo según las opiniones de viajeros, confirma que su público ya no procede únicamente de Madrid. 

La apuesta tiene, además, una lectura interesante desde la perspectiva de la ciudad. Madrid lleva tiempo convirtiendo la combinación de gastronomía, cultura y ocio nocturno en una de sus principales herramientas de atracción. WAH participa de esa misma estrategia, pero la lleva a un terreno más próximo al entretenimiento global. 

Su discurso puede parecer grandilocuente —un régimen que pretende prohibir la música, una resistencia clandestina, la salvación de las canciones—, pero precisamente esa desmesura forma parte de su lenguaje. WAH no busca la intimidad ni el minimalismo. Busca volumen, impacto y espectáculo. 

Y quizá esa sea la mejor manera de entenderlo. 

No pretende sustituir a un concierto, a un musical o a un restaurante. Pretende que durante con una sola entrada, el público no tenga que elegir entre ninguno de ellos. 

Cuando la experiencia termine y vuelva el silencio, quedará la pregunta que atraviesa toda la ficción: ¿qué haríamos si alguien intentara prohibirnos la música? 

Publicidad

La respuesta de WAH es tan sencilla como teatral: resistir.