El hallazgo de una escultura ibérica en Libisosa, en Albacete, acaba de abrir un nuevo horizonte para el arte prerromano. La pieza, una cabeza tallada en piedra, supera los dos mil años de antigüedad y ha aparecido en un contexto que los arqueólogos no dudan en calificar de excepcional.
El descubrimiento se ha producido en el yacimiento de Libisosa, en el término municipal de Lezuza, Albacete, durante los trabajos que dirige Héctor Uroz, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Murcia. Según el equipo, la cabeza debió formar parte de un monumento funerario íbero hace más de dos mil años. Después, en época romana, alguien la reutilizó como material de construcción en un gran horreum, es decir, un granero.
No es un detalle menor. La reutilización de una pieza escultórica en un edificio romano dice mucho sobre el cambio de época: lo que para una comunidad había tenido un valor simbólico o funerario pasó a ser, sencillamente, una piedra útil. Ese tránsito entre el mundo íbero y la colonia romana es una de las claves que hacen tan atractivo este yacimiento.
Una pieza excepcional en el Cerro del Castillo
Las excavaciones en el Cerro del Castillo comenzaron a finales de los años noventa. Desde entonces han ido apareciendo fragmentos arquitectónicos y una pieza zoomorfa vinculados a monumentos funerarios ibéricos. El equipo que lidera Héctor Uroz, de la Universidad de Murcia excava este cerro con la paciencia de quien sabe que cada campaña puede deparar una sorpresa.
'La arqueología bonita me persigue, allá donde voy', asegura Héctor Uroz al otro lado del teléfono tras anunciar el descubrimiento. Esa frase condensa una verdad del oficio: hay piezas que aparecen cuando el yacimiento parece haber contado ya su historia.
El hallazgo no busca el titular fácil. Responde a la escasez de esculturas íberas de esta entidad recuperadas en su contexto arqueológico. Muchas piezas conocidas llegaron a los museos sin información precisa. Esta, en cambio, aparece asociada a una fase constructiva documentada, con su propia biografía material: primero monumento y después granero.
Hay hallazgos que cambian una cronología y otros que cambian la mirada: esta cabeza de piedra pertenece al segundo grupo.
Qué nos cuenta esta cabeza de piedra
Para quien no esté familiarizado con el arte ibérico, conviene recordar que hablamos de una cultura desarrollada en el este y el sur de la península entre los siglos VI y I a.C. Su escultura en piedra bebe de influencias mediterráneas, pero produce un lenguaje propio, muy visible en damas, guerreros y animales.
La cabeza hallada en Libisosa remite a ese universo funerario. No se trata de una pieza aislada: en el propio yacimiento ya se conocían restos de monumentos que ornamentaban enterramientos de prestigio. La diferencia es que ahora la pieza aparece completa o casi completa, algo mucho más difícil de encontrar.
Conviene fijarse en lo que hace a una escultura íbera reconocible: la proporción del rostro, la forma de los ojos, y el tratamiento del cabello. Esos rasgos conectan las piezas con talleres y tradiciones concretas. Para un público general, la mejor manera de acercarse no es memorizar fechas, sino observar cómo se tallaba la piedra y qué se quería representar.
No conviene idealizar el hallazgo: la erosión y la reutilización han dejado sus huellas. Sin embargo, esas mismas cicatrices permiten reconstruir el trayecto de la pieza, desde el taller íbero hasta el granero romano.
Lo interesante no es solo la pieza en sí, sino lo que permite deducir. Cada fragmento escultórico ayuda a recomponer el mapa del poder, las creencias y los contactos culturales de la Hispania prerromana. Aquí la arqueología trabaja como un rompecabezas lento, en el que cada piedra cuenta dos veces: por su forma original y por el uso posterior que se le dio.

Por qué importa este hallazgo más allá de Albacete
El yacimiento de Libisosa es uno de los enclaves que mejor documenta el paso del mundo íbero al romano. El hecho de que esta cabeza se reutilizara en la construcción de un granero no resta valor a la pieza; al contrario, le añade una capa de lectura. Habla de reaprovechamiento, de cambio de mentalidad y de una colonia que transformaba el paisaje sobre las ruinas de un viejo centro indígena.
En el contexto del arte prerromano, una escultura de estas características siempre es una noticia mayor. La península no ha entregado un número enorme de esculturas ibéricas completas. La Dama de Elche y la Dama de Baza brillan en el imaginario colectivo, pero cada cabeza recuperada suma un eslabón más.
Conviene no perder de vista un matiz. El valor arqueológico no depende solo de la belleza. Aquí importa el contexto: un monumento funerario íbero desmontado y transformado en un granero romano ofrece a los investigadores una fotografía rara de la transición entre dos mundos.
Queda mucho por excavar y por publicar. Eso sí, este hallazgo ya cumple una función esencial: recordar que el arte ibérico no es un capítulo cerrado, sino una historia que se sigue escribiendo a pie de excavación.
Ficha técnica
- Título: Cabeza de piedra escultórica hallada en Libisosa.
- Autor o autora: Cultura ibérica; autoría desconocida.
- Qué puedes ver: Una pieza escultórica de piedra de más de dos mil años, reutilizada en un granero romano.
- Recinto y ciudad: Yacimiento arqueológico de Libisosa, Lezuza, Albacete.



