Así es el plan de 45 días con el que la NASA intenta que los astronautas recuperen sus huesos al volver a la Tierra

Volver a caminar no es tan sencillo como parece tras meses flotando en microgravedad. La NASA revela el programa exacto con el que sus astronautas recuperan huesos y músculos, paso a paso y con fecha límite.

La NASA tiene un problema serio cada vez que uno de sus astronautas pisa de nuevo la Tierra: sus huesos han empezado a desaparecer, literalmente. No es una metáfora ni una exageración periodística. Los especialistas hablan de pérdidas de hasta un 1% de densidad ósea por cada mes que se pasa en órbita, una cifra que en personas mayores en la Tierra tardaría un año entero en producirse.

Por eso, cuando Suni Williams y Butch Wilmore regresaron tras nueve meses varados en la Estación Espacial Internacional, la agencia activó un protocolo muy concreto: 45 días de rehabilitación intensiva, diseñados para frenar un deterioro que, de no tratarse a tiempo, puede no revertirse jamás.

Por qué la NASA le teme tanto a la microgravedad

Youtube video

En la Tierra, la gravedad hace un trabajo silencioso pero fundamental: obliga a los huesos a soportar peso constantemente, lo que estimula a las células que fabrican tejido óseo. En el espacio, ese estímulo desaparece por completo, y el cuerpo empieza a desmontar una estructura que ya no necesita sostener nada.

Publicidad

El resultado es una descalcificación acelerada que se concentra sobre todo en piernas, caderas y columna vertebral. Para misiones de nueve meses como la del Starliner, la propia agencia calculó una pérdida ósea esperada de entre el 9% y el 10%, una cifra que en términos médicos equivale a décadas de envejecimiento natural comprimidas en unos pocos meses.

El protocolo de 45 días, explicado paso a paso

La agencia estadounidense —NASA para quienes siguen de cerca cada uno de sus programas— no improvisa esta fase. El plan de recuperación está dividido en tres etapas claramente diferenciadas y sigue un guion pensado para minimizar el riesgo de fracturas mientras el cuerpo se readapta a soportar su propio peso, un proceso que en medicina terrestre se relaciona directamente con la osteoporosis, la pérdida progresiva de masa ósea que afecta a millones de personas en el planeta.

La primera fase se centra en recuperar la deambulación y la flexibilidad básica, con ejercicios de fortalecimiento muscular suave. Solo después se avanza hacia el acondicionamiento cardiovascular más exigente, y en la última etapa se trabaja el desarrollo funcional completo del cuerpo, con el objetivo de que el astronauta recupere movimientos cotidianos que antes hacía sin pensar.

Lo que la ciencia todavía no puede garantizar

Youtube video

Aquí es donde el optimismo del programa choca con una realidad más incómoda: 45 días bastan para volver a caminar con normalidad, pero no para reconstruir el hueso perdido. Un estudio de 2022 publicado en Scientific Reports documentó que muchos astronautas nunca recuperan del todo su densidad ósea original, por muy disciplinados que sean con la rehabilitación.

De hecho, los propios expertos de la NASA reconocen que la recuperación completa de la masa ósea puede tardar hasta cuatro años. Los músculos, por su parte, necesitan entre dos y cuatro años para volver a su fuerza previa al vuelo, un plazo que contrasta con la rapidez con la que el cuerpo pierde esa misma capacidad en microgravedad.

Otros efectos que complican la vuelta a casa

El esqueleto no es la única víctima de un vuelo espacial prolongado. Durante los primeros días en tierra firme, el cuerpo del astronauta debe lidiar simultáneamente con varios frentes de readaptación, algunos tan llamativos como incómodos.

Entre los efectos más documentados por la propia agencia y por medios especializados destacan:

Publicidad
  • Redistribución de fluidos: al volver a la gravedad terrestre, la sangre acumulada en la cabeza y el torso vuelve a desplazarse hacia las piernas, provocando mareos.
  • Problemas de equilibrio: el sistema vestibular, adaptado a la ingravidez, necesita semanas para recalibrarse.
  • Cambios en la visión: más de la mitad de los astronautas de misiones largas sufren algún grado de afectación ocular.
  • Dolor de espalda: la columna se expande varios centímetros en el espacio y se comprime bruscamente al regresar.

Cómo se vive el día a día durante la rehabilitación

Para el astronauta, el plan de 45 días implica una rutina casi tan exigente como el propio entrenamiento previo al lanzamiento. Dos horas diarias de ejercicio supervisado son la base, combinadas con pruebas médicas constantes de corazón, presión arterial, visión y función neurológica.

Nutricionistas, entrenadores físicos y psicólogos forman parte del equipo que acompaña a cada tripulante. No es un detalle menor: el aislamiento prolongado y la readaptación física generan también un desgaste emocional que la NASA ha aprendido a tomarse tan en serio como el propio deterioro óseo.

Qué significa esto para el futuro de la exploración espacial

Con la mirada puesta en misiones a la Luna y, eventualmente, a Marte —donde los viajes durarán meses o incluso años—, este tipo de investigación se vuelve cada vez más estratégica para la NASA. Cada dato recopilado en misiones como la de Williams y Wilmore alimenta protocolos más precisos para el futuro.

Lo alentador es que la agencia no se limita a documentar el problema: ya está probando contramedidas más agresivas, desde nuevos regímenes de ejercicio hasta suplementos específicos para frenar la pérdida ósea antes de que ocurra. El objetivo final es claro y realista: que ir al espacio deje de significar, automáticamente, envejecer los huesos varias décadas de golpe.