La NASA lanza un aviso urgente por una anomalía en el campo magnético de la Tierra que se extiende sobre el Atlántico

La NASA lleva 68 años estudiando un punto débil en el escudo magnético de la Tierra, y ahora se está dividiendo en dos. Descubre qué implica realmente para satélites, GPS y para ti.

La NASA sigue de cerca, desde hace décadas, una región donde el campo magnético terrestre pierde fuerza sobre el océano Atlántico. Si un satélite cruza esa zona, recibe una dosis de radiación mucho más alta de lo habitual, y eso puede traducirse en fallos electrónicos reales.

El fenómeno se llama Anomalía Magnética del Atlántico Sur, y no es ninguna novedad de laboratorio: fue detectado por primera vez en 1958. Lo que sí es nuevo es que los últimos datos muestran que se está expandiendo y dividiéndose en dos núcleos, algo que ha reactivado el interés científico en 2026.

Qué está vigilando la NASA en el Atlántico

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La región afectada se sitúa entre Sudamérica y el suroeste de África, sobre el Atlántico Sur, donde el campo magnético terrestre presenta valores muy por debajo de lo habitual. Es ahí donde los cinturones de radiación de Van Allen se acercan peligrosamente a la superficie, exponiendo a satélites y a la Estación Espacial Internacional a niveles de radiación mucho más altos que en cualquier otro punto de la órbita baja.

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No se trata de una amenaza para las personas que viven en tierra firme. El verdadero riesgo está 300 o 400 kilómetros por encima de nuestras cabezas, donde orbita buena parte de la infraestructura tecnológica de la que dependemos a diario, desde comunicaciones hasta observación terrestre.

Por qué se debilita el campo magnético justo ahí

La NASA y otras agencias como la ESA llevan años cruzando datos de satélites para entender el origen de esta Anomalía del Atlántico Sur. La explicación más aceptada apunta a una estructura densa situada a unos 3.000 kilómetros bajo África, conocida como Provincia Africana de Baja Velocidad de Cizallamiento, que distorsiona el flujo de hierro y níquel fundido en el núcleo externo terrestre, el motor que genera nuestro escudo magnético.

Un equipo de investigadores españoles, liderado por especialistas en geodesia espacial, ha logrado además fechar el origen de esta anomalía actual: comenzó a formarse poco después del año 1100, tras atravesar el continente africano. Es un dato que ayuda a entender que esto no es un evento repentino, sino un proceso geológico de siglos.

Qué zonas concretas se ven afectadas

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La franja principal cubre gran parte de Sudamérica —Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia— además de la zona del océano Atlántico Sur que le da nombre. No afecta a España ni al Atlántico Norte, aunque su crecimiento hacia el este ha despertado el interés de la comunidad científica global, incluida la europea.

Lo más llamativo de los últimos análisis es la bifurcación: desde 2020, los datos del satélite Swarm de la ESA confirmaron el nacimiento de un segundo núcleo de debilidad al este del original. Esa división complica los modelos de predicción y obliga a actualizar constantemente el Modelo Magnético Mundial que usan agencias de todo el planeta.

Qué consecuencias tiene ya para la tecnología

Los efectos más documentados se notan en el espacio, no en la superficie. Los satélites que atraviesan la anomalía suelen apagar o poner en modo seguro sus componentes más sensibles como medida de protección automática frente a la radiación. Es un procedimiento rutinario, pero cada vez más frecuente a medida que la zona se ensancha.

Los astronautas que han cruzado la región en órbita baja han reportado incluso destellos visuales al atravesarla, un efecto directo del impacto de partículas cargadas contra la retina. Entre los sistemas más vigilados están:

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  • Satélites de comunicaciones y de observación terrestre en órbita baja
  • La Estación Espacial Internacional, cuyos módulos sensibles se protegen al cruzar la zona
  • Sistemas GPS y de navegación que operan sobre Sudamérica
  • Redes eléctricas y de telecomunicaciones en los países más expuestos

Cómo monitoriza la NASA esta anomalía hoy

Para seguir su evolución, la NASA combina varias misiones y fuentes de datos que se retroalimentan constantemente. No es un único satélite vigilando, sino toda una red internacional coordinada entre agencias.

Entre las herramientas más citadas por los científicos están la constelación Swarm de la ESA, la misión ICON de la propia NASA y una red de observatorios terrestres que registran cambios en tiempo real. Estas son las principales líneas de trabajo:

Monitoreo satelital constante

Misiones como ICON y Swarm ofrecen mediciones directas del comportamiento magnético en distintas altitudes, permitiendo detectar cambios de forma casi inmediata.

Colaboración científica internacional

Instituciones como el NCEI en Estados Unidos y el British Geological Survey en Reino Unido actualizan de forma conjunta los modelos geomagnéticos globales que usa toda la industria espacial.

Qué cabe esperar de aquí en adelante

Los científicos son claros en un punto: no hay indicios de una inversión de los polos magnéticos inminente. Ese tipo de procesos, cuando ocurren, se desarrollan a lo largo de miles de años, y el comportamiento actual de la anomalía entra dentro de la variabilidad natural que ya se documentó en el pasado.

Lo razonable, según los expertos que siguen el fenómeno, es esperar que la vigilancia se intensifique sin que eso implique un riesgo directo para la vida cotidiana. La buena noticia es que cada nuevo dato mejora los modelos de predicción, lo que permite a las agencias espaciales proteger mejor sus satélites y anticiparse a fallos antes de que ocurran.