Ansiedad septiembre: qué dice el psicólogo sobre la vuelta a la rutina y cómo gestionarla

El psicólogo Rubén Camacho recuerda que septiembre no recupera la rutina: la rompe. Los síntomas van desde el insomnio hasta la presión en el pecho, y la salida pasa por poner límites y dividir los problemas en pasos pequeños.

Septiembre no es solo volver a madrugar: para muchas personas, la ansiedad de septiembre se dispara al romper las rutinas que ya tenían.

Por qué septiembre no es solo volver a la rutina

El final de las vacaciones obliga a reorganizar el día a día en muy poco tiempo. Los horarios cambian, regresan las obligaciones y aparecen nuevos proyectos o responsabilidades, todo casi a la vez. Rubén Camacho lo resume en 'Psicología y Mente' con una frase que da en el clavo: "No representa una vuelta a la rutina, sino una ruptura con las rutinas que ya hemos construido".

La transición estacional añade otra capa. Menos luz, más tareas y la sensación de que todo sucede demasiado rápido pueden mantenernos en un estado de alerta que termina favoreciendo la ansiedad. La cuesta de septiembre no es solo económica.

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No es que estés exagerando. Es tu cuerpo pidiendo control.

Señales de que la ansiedad de septiembre ya está aquí

El psicólogo enumera señales que conviene no normalizar: pensamientos intrusivos, rumiaciones (darle vueltas una y otra vez a lo mismo) cansancio, dolores de cabeza, insomnio y una presión rara en el pecho o en el estómago. El cansancio, los dolores de cabeza y la sensación de ahogo no son solo nervios: son señales de que el cuerpo está en alerta. Si te reconoces en varias, no estás roto: estás saturado.

El cuerpo avisa antes de que la mente lo entienda.

Septiembre no exige que lo hagas todo perfecto; exige que te escuches antes de que el cuerpo grite.

vuelta a la rutina ansiedad

Tres pasos para recuperar el control sin añadir más presión

Camacho no vende fórmulas mágicas, sino tres movimientos concretos: establecer límites y comunicarlos de forma asertiva (decir lo que necesitas sin atacar ni callarte), priorizar tus necesidades y no asumir compromisos que te sobrepasen.

La gestión emocional también importa. No se trata de no sentir ansiedad, sino de evitar que sea demasiado intensa, recurrente o duradera. El truco que propone es recuperar la sensación de control poco a poco: dividir un problema grande en partes manejables y avanzar paso a paso.

Y aquí viene la letra pequeña: la ansiedad no se limita a septiembre. Puede aparecer en otros momentos o alargarse. Por eso el psicólogo insiste en trabajar su origen, no solo los síntomas, con un proceso adaptado a cada persona.

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En la redacción lo hemos visto otros años: septiembre concentra renuncias, bajas y búsquedas de terapia. No es casualidad. El problema no es volver, sino volver sin margen para adaptarte. Para los menores de 35, que ya cargan con la precariedad y el alquiler, la cuesta de septiembre añade una capa extra de presión que muchas empresas no tienen en cuenta.

La propuesta de Camacho es sensata, pero tiene un límite: si tu trabajo no te deja decir que no, la asertividad se queda corta. Por eso conviene mirar más allá del autocuidado y plantearse qué condiciones laborales estás dispuesto a aceptar. La ansiedad de septiembre no siempre se resuelve con respiraciones.

Si septiembre te desborda, no es debilidad: es una señal.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 🧠 ¿Qué dice el psicólogo? Septiembre rompe las rutinas y dispara la ansiedad por acumulación de cambios.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A cualquier persona que note insomnio, presión en el pecho o pensamientos repetitivos al volver.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Pon límites, divide los problemas en pasos pequeños y pide ayuda si la ansiedad se alarga.