National Geographic revela el hallazgo de una estructura prehistórica oculta bajo el suelo de España

Un equipo de arqueólogos ha hallado en una cueva valenciana más de un centenar de estructuras hechas con estalagmitas modificadas por manos humanas hace miles de años. National Geographic explica por qué este hallazgo reescribe lo que sabíamos del pensamiento simbólico prehistórico.

National Geographic acaba de confirmar uno de los hallazgos más reveladores de los últimos años sobre la prehistoria europea. En el interior de una cueva valenciana, un equipo de arqueólogos ha documentado más de cien estructuras creadas deliberadamente por manos humanas hace miles de años, a partir de estalagmitas rotas, desplazadas y reagrupadas.

El descubrimiento sitúa a España en el mapa mundial de un tipo de vestigio muy poco frecuente. Solo existe un yacimiento con más ejemplos de este fenómeno en todo el planeta, y está en Francia. La noticia ha corrido rápido entre la comunidad científica porque plantea preguntas incómodas sobre cuánto sabíamos, en realidad, del mundo simbólico de nuestros antepasados.

National Geographic y el secreto bajo Millares

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La protagonista de esta historia es la Cova de les Dones, en el municipio valenciano de Millares, un cauce fósil de casi 500 metros excavado por un antiguo río subterráneo. Ya era célebre por conservar una de las mayores concentraciones de arte rupestre paleolítico de toda la costa mediterránea ibérica, con más de un centenar de pinturas y grabados de caballos, uros y ciervas.

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Pero lo que ha encontrado ahora el equipo interdisciplinar liderado por las universidades de Alicante y Zaragoza va un paso más allá. No hablamos de pinturas, sino de arquitectura primitiva: formaciones minerales que los primeros habitantes de la península manipularon con sus propias manos, mucho antes de que existiera la escritura.

National Geographic detalla cómo se formaron estas piezas

En términos técnicos, estas estructuras se llaman espeleofactos, y nacen de la fractura, el desplazamiento o el reagrupamiento intencionado de estalagmitas, esas formaciones minerales que crecen lentamente desde el suelo de las cuevas por la acumulación de carbonato cálcico. En circunstancias normales, ninguna fuerza natural las mueve de sitio: solo la mano humana explica su nueva disposición.

Los recrecimientos calcíticos hallados sobre algunas de las fracturas han sido claves para fechar estas alteraciones dentro de la propia Prehistoria, aunque el equipo científico advierte que la cronología exacta se seguirá afinando con nuevos análisis. Cova Dones se convierte así en el segundo yacimiento del mundo con mayor densidad de este tipo de intervención humana sobre el karst, solo por detrás de la cueva francesa de Saint-Marcel.

National Geographic y el paralelismo con Francia

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El precedente más citado por los investigadores es la cueva de Bruniquel, en el sur de Francia, donde hace unos años se confirmó que los neandertales habían construido dos grandes círculos con cientos de fragmentos de estalagmitas, a más de 300 metros de la entrada. Aquel hallazgo cambió la forma en que la ciencia entiende la relación de las especies humanas antiguas con la oscuridad subterránea.

La comparación no es casual. Ambos yacimientos comparten un patrón que empieza a repetirse: comunidades prehistóricas que no solo habitaban las cuevas por refugio, sino que se adentraban en sus tramos más profundos y oscuros para modificar el espacio con un propósito que todavía no comprendemos del todo.

Qué implica este hallazgo para la ciencia

El equipo, integrado por especialistas en geomorfología, tafonomía, epigrafía romana y arte prehistórico, no descarta que estas estructuras respondieran a rituales o expresiones simbólicas ligadas al uso sagrado de la cueva, que también fue empleada como santuario ibérico y, siglos después, como templo romano. Esa continuidad de miles de años convierte a Cova Dones en un raro documento vivo de cómo distintas culturas reinterpretaron el mismo lugar.

Entre los investigadores destaca el papel de Iñaki Intxaurbe Alberdi, experto en la transformación del karst, cuya incorporación ha permitido clasificar con rigor cada una de las piezas identificadas. Actualmente solo se ha explorado a fondo una parte del recorrido total de la cueva, lo que anticipa que el catálogo de espeleofactos podría seguir creciendo en las próximas campañas.

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Un yacimiento que no deja de sorprender

Desde que se identificó el arte rupestre en 2021, Cova Dones ha ido revelando capas de historia una detrás de otra: primero las pinturas paleolíticas, después el santuario ibérico, más tarde inscripciones romanas y una moneda del emperador Claudio, y ahora estas estructuras de piedra. Pocos yacimientos españoles concentran una secuencia tan larga y tan bien conservada.

Por qué España vuelve a estar en el centro del debate

La eastern Iberia, la costa mediterránea peninsular, había quedado tradicionalmente eclipsada por la región franco-cantábrica en los estudios sobre arte y simbolismo prehistórico. Este hallazgo obliga a revisar ese mapa: la simbología subterránea no fue un fenómeno exclusivo del norte de la península.

Lo que viene ahora en Cova Dones

Los próximos meses estarán marcados por campañas de datación por series de uranio y análisis geomorfológicos que buscan precisar cuándo, exactamente, se manipularon estas estalagmitas. También se ampliará la exploración a zonas de la cueva todavía sin estudiar en profundidad, un trabajo lento porque cada intervención debe preservar el yacimiento intacto para su conservación futura.

El tono entre los arqueólogos es de cauteloso optimismo. Nadie se atreve todavía a cerrar una interpretación definitiva sobre el propósito de estas estructuras, pero sí coinciden en algo: cuanto más se excava en Cova Dones, más motivos hay para pensar que la relación de los primeros humanos con el mundo subterráneo español fue mucho más rica y deliberada de lo que se había imaginado hasta ahora.