La caída de los influencers ya es oficial: estas son las cifras que lo demuestran

Más de la mitad de los españoles sigue a creadores de contenido, pero el 69,8% detecta publicidad encubierta. El cansancio ya es un dato.

La caída de los influencers ya no es un runrún: el 45,7% de los españoles cree que su credibilidad se desploma. Solo hace falta echar un ojo a las cifras para pillar el desencanto. Y no es una impresión de Twitter, es el dato de un estudio serio.

Qué dicen las cifras exactamente

La 28ª edición del estudio Navegantes en la Red, elaborado por AIMC, deja una radiografía clara: el 56,4% de los españoles sigue a algún influencer, youtuber o streamer. O sea, la era de los creadores de contenido no está muriendo. Está virando. Y el viraje tiene un motivo evidente: el 69,8% cree que hay un abuso de publicidad encubierta.

El dato que más escuece es el de la credibilidad. Solo el 38,2% se deja influir a la hora de comprar. Es decir, dos de cada tres no tragan con las promos disfrazadas. Medio internet lleva meses hablando del fin de la era dorada. Y esta vez, las cifras acompañan al debate.

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Por qué la gente está cansada

En TikTok, la dinámica ha cambiado. Ante polémicas cada vez más demenciales, la audiencia está usando su poder para derrocar a determinados creadores. La palabra influencer, como explica la periodista Carmen Burné, ya no describe a alguien que opina o inspira: describe a un escaparate ambulante. La teletienda de toda la vida, pero sin el encanto retro.

El creador Brioche se ha comido el hype él solito. Conocido como @BrioEnfurecida, él lo deja caer con saña: 'Los influencers no son más que el reflejo de nosotros mismos. No puedes estar todos los días diciendo que uno es tonto y seguirlo: entonces, ¿qué eres tú?'. Pues eso, la pregunta que le va a doler a más de uno.

El influencer dejó de ser alguien que contaba su vida y pasó a ser un canal de ventas con filtros y buenos encuadres.

Mención especial para la desconexión de clases. Adriana Hest lo explica con dureza: la diferencia entre la vida aspiracional que venden y la jornada partida de quienes los siguen es abismal. Cuando alguien que cobra miles por un publirreportaje se queja de trabajar en vacaciones, el sueño se rompe. No, peor: se vuelve contra él.

Marc Biarnés, otro creador que ha entrado al trapo, asegura que la caída solo afecta a los mediocres que sirven 'única y exclusivamente para decirte qué crema llevarte a la tocha'. Y remata acusando a quienes acumulan casas mientras sus seguidores no tienen dónde caerse muertos. Ahí hay poca broma.

El informe IAB Spain y Primetag apunta a que la comunidad de creadores se está estabilizando tras años de crecimiento. Pero el futuro de las redes pasa por la autenticidad y por los llamados genoinfluencers: los que crean contenido didáctico, humor político o se ríen de sí mismos. La cultura no se acaba, se resetea.

El plot twist: la era no se acaba, muta

El problema no es que dejen de existir influencers. Es que han mutado tanto que la etiqueta ya no cuela. Como dicen desde On Brand, ver a alguien promocionar lujo cuando no llegas a fin de mes ya no inspira: estresa. Las marcas lo saben y empiezan a apostar por gente con conocimiento real en temas concretos.

La clave está en no mezclar a todos. El periodista Javier de Hoyos lo recuerda: hay que diferenciar tipologías y no caer en en oleadas de hate. Pero también exige a los creadores que se informen antes de opinar de política o de cualquier tema serio. La crítica constructiva no es cancelación.

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Este hundimiento de la credibilidad no llega de la nada. Antes de la pandemia, la cercanía parecía el valor supremo. Luego vino la sobreexplotación de los dramas, las polémicas prefabricadas y el publirreportaje sin marcar. Cada vez que un creador hace una estupidez se activa el mismo bucle: indignación, hilo de X, oleada de unfollows. El fenómeno ya se vio con la fatiga del contenido perfecto en YouTube, y ahora se repite en TikTok con el hartazgo hacia la publicidad encubierta. La diferencia es que ahora las plataformas ya no premian tanto al que grita más, sino al que conecta de verdad. Hasta el estudio de AIMC lo refleja: la gente no deja de consumir, deja de creer.

Queda una pregunta abierta: ¿qué pasa con los que viven de la pose? Pues que si no giran hacia la autenticidad, van a ver caer no solo su credibilidad, también sus patrocinios. Las marcas ya no quieren escaparates andantes, quieren argumento. Y eso no se soluciona con un cambio de filtro.

El Salseómetro

Nivel de salseo: 6,5/10. No hay una bronca concreta que reventara la red, pero el debate está servido en todos los lados. El 45,7% de desconfianza es un síntoma y los creadores que han salido a opinar alimentan la conversación. Esto no apaga la vela, la cambia de pastel.

📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)

  • 👤 De quién hablamos: Los influencers en general, con menciones a Brioche, Marc Biarnés y Adriana Hest.
  • 📲 En qué red social ha pasado: TikTok e Instagram, principalmente.
  • 🔥 Por qué es viral: Porque las cifras confirman el hartazgo ciudadano hacia la publicidad encubierta y la desconexión de los creadores.