Exposición de fotografía en Barcelona: Joaquín Tusquets de Cabirol, el retratista de la soledad

La Fundación Mapfre KBr recupera a un fotógrafo aficionado que retrató las sombras y los silencios de la Barcelona del franquismo. La muestra puede verse hasta el 6 de septiembre, con horarios y entradas en la web oficial.

Una exposición de fotografía en Barcelona ha rescatado del olvido a Joaquín Tusquets de Cabirol, el retratista de la soledad. El Centro Fotográfico KBr de la Fundación Mapfre redescubre a un fotógrafo aficionado que retrató las sombras de la ciudad durante el franquismo. La muestra se titula La forma elocuente y puede visitarse hasta el 6 de septiembre. No es una retrospectiva al uso: es el rescate de una mirada que estuvo a punto de perderse para siempre.

Un fotógrafo aficionado rescatado del olvido

Joaquín Tusquets de Cabirol nació en Barcelona en 1904 y murió en 1979. Fue químico y empresario, y la fotografía fue durante décadas una afición más íntima que pública. Apenas expuso sus imágenes en vida. Su familia, en un principio, tampoco apreció especialmente la calidad de las copias; solo más tarde se entendió su valor documental y poético. De hecho, buena parte de sus 4.000 negativos acabó en un contenedor de basura en Palma de Mallorca.

El hallazgo se produjo en 2004, pero no fue hasta 2020 cuando pudo confirmarse la autoría. La Fundación Photographic Social Vision y su hijo Enrique Tusquets fueron claves para conservar y poner en valor el archivo. Hoy, el KBr de Barcelona lo presenta como un autor por descubrir.

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Una joya rescatada. La historia del archivo ya justifica la visita, pero lo mejor está en las imágenes.

La forma elocuente: soledad, sombras y silencio

El título de la muestra alude a una paradoja. Tusquets dominaba el revelado, los encuadres y la luz, y su trabajo se asocia a menudo con el pictoralismo, una corriente que buscaba que la fotografía se pareciera a la pintura. También se acercó al neorrealismo italiano, con una atención especial a los trabajadores del puerto y a la Barcelona popular. Se nota que le gustaba estar a solas con su Rolleiflex, una cámara de medio formato que exigía calma y método.

La Agrupació Fotogràfica de Catalunya lo llevaba de excursión y organizaba salidas al puerto. Allí disparaba con su Rolleiflex de medio formato y, sin embargo, mantenía una cierta distancia. Lo que podía parecer una limitación se convirtió en su firma: un retrato de la ciudad en el que las figuras parecen flotar entre la presencia y la ausencia.

Hay una Barcelona que solo aparece cuando se fotografía con calma: la de las sombras alargadas y los silencios que no caben en una postal.

Es una fotografía de sombras largas y silencios que se pueden mirar con calma. El señor del paraguas en la plaza Catalunya, una escalera que desciende hacia el mar o una mujer apoyada en una barandilla con la mirada perdida muestran una Barcelona ensimismada, lejos de la postal turística. Son imágenes que no buscan la épica; buscan la atmósfera.

No es una mirada ruidosa.

Tampoco es amarga del todo. En sus imágenes hay quietud alrededor de los personajes y de las escenas vacías, una adaptación discreta a la moral pública de la dictadura. La emoción de no estar y dejar pasar se convierte en una forma de escapismo.

Para quienes no lo conozcan, Tusquets no era un fotógrafo profesional. Su mirada nace de una afición cultivada con rigor y con una sensibilidad solitaria. Le gustaba experimentar con los baños, los tiempos y el encuadre, pero sobre todo le interesaba no aparecer.

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Por qué merece la pena esta exposición

El trabajo de Tusquets dialoga con el de August Sander, Walker Evans o Robert Doisneau, pero su apuesta no es el instante decisivo de Cartier-Bresson. Es una fotografía de atmósferas y tiempos lentos. Durante el franquismo, su cámara se convirtió en un refugio personal: una manera de estar cerca de la calle sin invadirla.

Conviene fijarse en la distancia empática. Lo que hace especial esta muestra es cómo transforma la contención en sensibilidad. No grita ni denuncia de forma explícita, pero deja ver la fragilidad de una ciudad sometida a una moral rígida. Quizá por eso sus figuras parecen fantasmas educados.

La técnica, dominada por un buen químico, es impecable: encuadre, luz, revelado. Sin embargo, la forma no es aquí un fin vacío. Es un escudo y, a la vez, una puerta. Tusquets salía a caminar para no estar, para desaparecer un rato de la empresa y de la vida burguesa. Esa sensación de limbo se nota. Y también emociona. La Barcelona que aparece es gris, contenida, un poco fantasmal.

Merece la pena.

Cómo planificar la visita

La exposición La forma elocuente permanece abierta hasta el 6 de septiembre en el Centro Fotográfico KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona. La dirección artística es de Marina Balagué y Arola Valls. Para confirmar horarios y entradas, puedes consultar la web oficial del centro.

Si después de verla paseas por el puerto o por la plaza Catalunya, tal vez reconozcas esas sombras. La ciudad ya no es la del franquismo, pero la soledad sigue siendo un tema universal.

Ficha técnica

  • Título: La forma elocuente.
  • Autor o autora: Joaquín Tusquets de Cabirol.
  • Qué puedes ver: Fotografías en blanco y negro de la Barcelona del franquismo, con escenas de soledad, sombras y silencio.
  • Recinto y ciudad: Centro Fotográfico KBr, Fundación Mapfre, Barcelona.