Casi un 7% de las heces humanas analizadas esconden esta estructura desconocida hasta ahora

Científicos de Stanford, Canadá y el CSIC han encontrado en el 7% de las heces analizadas una estructura de ARN nunca vista, bautizada como "Obelisco". Descubre qué es, dónde vive y por qué obliga a reescribir los manuales de biología.

Las heces humanas llevan siglos siendo el terreno menos glamuroso de la ciencia médica, pero acaban de convertirse en el escenario de uno de los hallazgos más desconcertantes de la biología reciente. Un equipo internacional ha detectado, en el 7% de 440 muestras fecales analizadas, una estructura genética que no se parece a nada catalogado hasta ahora.

No se trata de una bacteria ni de un virus convencional. Es una entidad tan simple en apariencia y tan extraña en su comportamiento que los propios investigadores admiten que desafía la clasificación tradicional entre lo vivo y lo que no lo es del todo.

Heces humanas: la pista que nadie esperaba seguir

Todo empezó cuando un investigador de Stanford decidió rastrear bases de datos genéticas de heces procedentes de estudios previos sobre problemas intestinales. Buscaba patrones de ARN circular parecidos a los viroides, esos agentes infecciosos que solo se conocían en plantas.

Publicidad

Lo que encontró fue distinto: unas moléculas circulares de ARN de apenas mil "letras", muy simples en comparación con el ADN humano, que ronda los 3.000 millones. Pero su simplicidad no las hacía menos intrigantes, sino todo lo contrario.

Qué son los Obeliscos y por qué llevan ese nombre

Youtube video

El primer autor del estudio, al observar la forma que adoptaba esta molécula, pensó en las Agujas de Cleopatra, esos monumentos egipcios trasladados a Londres y Nueva York. De ahí nace el nombre de los Obeliscos, una estructura de ARN que se pliega sobre sí misma adoptando una forma de varilla estable y reconocible.

El bioquímico español Marcos de la Peña, del CSIC, participó en la caracterización de este material. Su equipo confirmó que estos círculos de ARN son altamente autocomplementarios, lo que explica esa arquitectura tan particular y tan distinta a cualquier otro agente infeccioso descrito antes.

Ni virus ni viroide: una categoría propia

Los científicos llevaban décadas conociendo los viroides, unos agentes infecciosos minúsculos que solo afectan a plantas. Lo que nadie esperaba era encontrar algo similar infectando bacterias del cuerpo humano, y menos aún con una característica que ningún viroide tiene.

A diferencia de estos, los Obeliscos sí son capaces de codificar proteínas, algo que los sitúa en un terreno intermedio entre los virus y los viroides clásicos. Carecen de la cubierta proteica típica de un virus, pero su genoma guarda instrucciones que ningún viroide conocido lleva consigo.

Dónde se han encontrado hasta ahora

El equipo, liderado por el premio Nobel Andrew Fire, no se detuvo en el intestino. Tras el hallazgo inicial en muestras fecales, ampliaron la búsqueda y localizaron estas estructuras en un lugar sorprendentemente cercano: la boca.

En torno a la mitad de las muestras de saliva analizadas contenían Obeliscos, especialmente asociados a una bacteria muy común llamada Streptococcus sanguinis. Este microorganismo puede, en determinadas circunstancias, entrar en el torrente sanguíneo, aunque no existe por ahora ninguna evidencia que vincule los Obeliscos con un mayor riesgo de infección.

Publicidad

Los focos donde se han detectado incluyen:

  • El microbioma intestinal humano, a través de muestras de heces
  • La cavidad bucal, ligados a bacterias comunes de la saliva
  • Aguas residuales y ecosistemas naturales de todo el planeta
  • Microbiomas animales analizados en estudios metagenómicos paralelos

Un hallazgo que reescribe los libros de biología

Los investigadores han identificado ya cerca de 30.000 especies distintas de Obeliscos, un número que sigue creciendo a medida que se rastrean nuevas bases de datos genéticas. Solo una de ellas ha podido vincularse con claridad a una bacteria concreta, lo que da una idea de cuánto queda por explorar.

Marcos de la Peña resume bien el momento: este descubrimiento demuestra que el mundo microbiano es mucho más complejo de lo que la ciencia había imaginado hasta ahora, incluso en un terreno tan estudiado como el intestino humano.

Qué viene ahora en la investigación de los Obeliscos

El siguiente paso de los científicos es entender cómo se replican y qué función cumplen dentro de sus huéspedes bacterianos, algo que hoy sigue siendo un misterio casi total. Saber si son inofensivos, beneficiosos o si en ciertos contextos pueden favorecer alguna disfunción llevará años de trabajo adicional.

Lo cierto es que estas estructuras probablemente llevan millones de años conviviendo con nosotros sin que nadie las hubiera detectado. El optimismo entre los investigadores es palpable: cada nuevo hallazgo en este campo abre una ventana a procesos biológicos que hasta hace muy poco eran completamente invisibles para la ciencia.