En 2022, la conservadora Cynthia Osiecki caminaba por los almacenes del Museo Nacional de Noruega en Oslo cuando se detuvo ante un bodegón sin firma. La obra, catalogada como de autor anónimo, llevaba décadas guardada sin mayor atención. Pero Osiecki, que estudiaba entonces la figura de Clara Peeters —una de las primeras maestras del bodegón flamenco—, supo que aquella tela merecía una segunda mirada. Dos años después, los análisis y la comparación con otras piezas han confirmado lo que su instinto le gritaba: la pintura es obra de Clara Peeters, una pionera injustamente silenciada del barroco europeo.
El hallazgo acaba de hacerse público y ya es noticia en los circuitos del arte. La obra, un ejemplo exquisito del género que dominó Peeters, saldrá próximamente del anonimato para integrar una gran exposición centrada en artistas mujeres que prepara la pinacoteca noruega. Y no es para menos: cada nueva pieza de esta pintora es un golpe de justicia histórica.
Un bodegón que llevaba siglos sin nombre
El cuadro descubierto en los depósitos del museo es un bodegón típico del siglo XVII: un ramillete de flores, frutas y algún objeto de metal trabajado con una precisión casi fotográfica. La factura recordaba inmediatamente a las obras que cuelgan en el Museo del Prado, el Ashmolean de Oxford o el Metropolitan de Nueva York. Fue precisamente esa familiaridad lo que alertó a Osiecki. La conservadora, que había analizado decenas de bodegones flamencos, identificó en este lienzo la mano de una artista que apenas pasaba de una treintena de obras documentadas en todo el mundo.
El proceso de atribución no fue inmediato. Los expertos del museo analizaron la técnica, los pigmentos y la composición, comparándolos con los trabajos seguros de Peeters. Finalmente, la autoría ha sido confirmada y el anónimo ha dejado paso a un nombre propio. "Anónimo fue a menudo una mujer", escribió Virginia Woolf; este bodegón es la enésima prueba.

La pintora que revolucionó el bodegón sin que nadie la mirase
Nacida probablemente en Amberes hacia 1594, Clara Peeters fue una de las pocas mujeres que logró abrirse camino en el competitivo mundo de la pintura barroca flamenca. Se especializó en bodegones —naturalezas muertas—, un género que entonces empezaba a despuntar y en el que ella introdujo una sensualidad y un detalle técnico que aún hoy deslumbran. Sus frutos, sus copas de vino, sus flores no son simples objetos: están vivos, respiran. Y algo más la distingue: a menudo se autorretrataba diminuta, reflejada en una copa o en un jarrón, como queriendo firmar dos veces su obra y su presencia.
A pesar de su maestría, Peeters no entró en los grandes relatos de la historia del arte hasta décadas recientes. Su nombre quedó eclipsado por el de colegas como Jan Brueghel el Viejo o Frans Snyders. Hoy, con apenas treinta pinturas conocidas —a las que ahora se suma esta—, cada obra suya que reaparece es una fiesta. El bodegón de Oslo amplía un catálogo escaso y refuerza el lugar de Peeters entre los grandes, no entre las grandes artistas mujeres, sino entre los grandes pintores, a secas.
A veces, los descubrimientos más importantes duermen en un almacén, esperando una mirada libre de prejuicios que los despierte.
Por qué este descubrimiento cuenta otra historia del barroco
El caso del bodegón olvidado de Oslo no es solo una anécdota de museo. Ilustra un patrón dolorosamente repetido: el trabajo de las artistas mujeres ha sido con frecuencia infravalorado, mal atribuido o directamente omitido. Baste recordar que durante años muchas obras de Artemisia Gentileschi fueron asignadas a su padre o a seguidores varones, y que la propia Peeters vio cómo algunos de sus cuadros pasaban décadas colgando bajo el nombre de "maestro anónimo flamenco".
Que un museo nacional nórdico —conocido por su rigor— revise su colección con ojos nuevos y dé luz verde a una exposición centrada exclusivamente en mujeres habla de un cambio de paradigma. La muestra, que reunirá otras piezas de creadoras del mismo periodo y de épocas posteriores, no solo saca de la sombra a Peeters: convierte el bodegón en un documento que obliga a reescribir la historia del arte, con ellas dentro. Vale la pena seguir la pista a esta exposición, porque exposiciones así no se organizan todos los días.
Una cita imprescindible en Oslo
El museo aún no ha desvelado la fecha exacta de apertura de la gran muestra de artistas mujeres, pero sí ha confirmado que el bodegón de Peeters será una de las piezas centrales. Si estás planeando un viaje a Oslo, conviene estar atento en en su web oficial para no perdértelo. Será una ocasión única para ver, junto a otros trabajos recién investigados, esta pequeña joya que llevaba siglos escondida a plena luz.
Mientras llega el momento, la historia de este hallazgo ya ha cumplido su primer propósito: devolverle a Clara Peeters un nombre que nunca debió perder.
Ficha técnica
- Título: Bodegón (siglo XVII)
- Autor o autora: Clara Peeters
- Qué puedes ver: Bodegón flamenco con flores, frutas y objetos de metal, representado con la minuciosidad y el juego de reflejos característicos de la artista.
- Recinto y ciudad: Museo Nacional de Noruega, Oslo (próxima exposición)



